¿Temor a los textos escolares?

HUMBERTO JAIMES QUERO
humjaro@yahoo.com  

Otras fuentes de información ofrecen nuevas y mejores alternativas para la enseñanza

En los últimos días ha estallado una polémica en torno a la presunta orientación “tendenciosa” de algunos textos escolares que están en circulación desde octubre pasado. Es una polémica que tal vez no debería encender alarmas con tanta intensidad en los padres y representantes, porque estos manuales dejaron de ser la estrella en el proceso de enseñanza, y su alcance es limitado.

En efecto, el liceísta de hoy cuenta con múltiples fuentes de información para su educación y no simplemente con un texto oficial. Con la eclosión de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), proceso que viene gestándose desde varios lustros, ha surgido una inmensa plataforma de acceso al conocimiento que ha desplazado la hegemonía que venía ejerciendo el texto escolar, particularmente en el aula de clase.

Unas décadas atrás el texto escolar incluso fue considerado un instrumento casi sagrado, porque se supone que era poseedor del conocimiento oficial, único e incuestionable que los educando debían aprender y recitar de memoria, según el modelo pedagógico establecido por el enciclopedismo europeo del siglo XVIII. Pero en la medida que surgieron nuevas fuentes de información de fácil acceso y cambió la concepción de la educación, el legendario manual perdió parte de su poder omnímodo.

Hoy día no se busca fomentar la memorización del conocimiento (el célebre caletre), sino que el estudiante utilice la información y el conocimiento disponibles en actividades que impliquen razonamiento y le permita desarrollar diversas habilidades. Y ello se logra en gran medida gracias con las tecnologías de nuevo cuño.

En Venezuela, el Estado Docente puede establecer orientaciones básicas sobre el hecho educativo porque así lo establece la Constitución, que le confiere la condición de ser el ente rector de ese campo, pero difícilmente puede imponer las fuentes de información y los contenidos, debido a la naturaleza del mundo actual; un mundo donde la fluidez de información y los modos de socializar y aprender son tan variados y poderosos que escapan a cualquier intento de control institucional.

El texto escolar es solo una opción más frente a la información que abunda en otros espacios, desde Internet hasta los recursos digitales, electrónicos e impresos de diverso formato.

Es cierto que el manual puede tener cierta supremacía en el aula de clase, pero no en la calle, en la casa, en el ciberespacio o en cualquier otro rincón donde los seres humanos se reúnen, socializan y procesan información. Es más, algunos expertos advierten que probablemente el texto escolar desaparecerá y será sustituido por otras opciones más vinculadas con las nuevas tecnologías.

 

 

 

 

 

 

 

 
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