“No es lo que se dice, es lo que la gente escucha”

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza

acostnelson@gmail.com

Desde diversos ángulos puede ser abordado el tema de las autonomías políticas. Por ejemplo, los procesos administrativos que implica la transferencia de competencias a estados y municipios. O prestar atención a las  garantías constitucionales que protegen el poder federal  y municipal. Ambas líneas de reflexión conforman un espacio dentro del cual se construyen argumentos en defensa de las autonomías y la descentralización.

Otra arista sería asumir este concepto como punto de partida para la construcción de un relato que proporcione una nueva legitimidad y credibilidad al discurso democrático. Aquí nos movemos en un ámbito distinto: la producción de nuevos significados que puedan sustituir  aquellos que se encuentran agotados. Desde luego, en este caso, habría que arrogarse que es discursivo el carácter de la crisis que confrontamos. Y uno de sus  componentes sería la circunstancia que ambos, oposición y gobierno, se desplazan al interior de este agotado dispositivo. Es por ello que la oposición tiende, en su actividad práctica, a reforzar los marcos cognitivos dentro de los cuales se han construidos las ideas y percepciones que caracterizan al oficialismo. Este sector democrático aún no ha podido generar una alternativa que rompa con el marco cognitivo que ha prevalecido en la cultura de la política del país y al carecer de este cuadro, sus palabras tienden a reforzar las viejas percepciones políticas que aún son dominantes en el escenario público y que, sin lugar a dudas, el chavismo expresa en forma paradigmática.

Ahora bien ¿por qué sostener que el tema autonómico es el punto de partida para la construcción de un nuevo discurso político? Veamos. Primero, porque permite “federalizar” este discurso y procesar diversos juegos de lenguaje; segundo,  ofrece la oportunidad de dotar al discurso político  de contenidos que expresen la diversidad cultural que conforma lo “venezolano” y, tercero, orienta las abstracciones electoralistas hacia una demanda concreta: distribuir el poder. Solo en el marco de esta nueva “aritmética federal del poder” sería posible construir  nuevas respuestas a los viejos problemas  que confrontan los venezolanos.

Como hemos señalado el relato autonómico proporciona legitimidad y credibilidad al discurso democrático federalista. Esta “habilidad”, de  transformar a su destinatario en interlocutor, es el resultado de prestar atención a la percepción final del elector. Tradicionalmente la comunicación política prevaleciente en los partidos que conforman la MUD ha estado concentrada en programas, propuestas y han descuidado el conocimiento de la percepción ciudadana y, esta última dimensión, es tan importante como el contenido de las propuestas. Desafortunadamente en la oposición ha prevalecido una aproximación “racionalista” que distancia a la política de la dimensión emocional y de sus particularidades culturales.

El autonómico, por el contrario,  es un relato que permite generar identidades y sentimientos que facilitarían la comunicación del mensaje político; dicho en otros términos, convierte en comunicación la oferta política. Por ejemplo, emociones ligadas a la identidad regional (la valencianidad, la zulianidad); palabras claves” (“devuélvannos los recursos”) pudieran  generar emociones que permitirían trasmitir –de manera que se perciba- este relato político.

En fin, distribuir el poder podría constituirse en la llave emocional que permita a la oposición comunicarse con los venezolanos. Después de todo,  “no es lo que se dice, es lo que la gente escucha”

 

 

 

 
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