CONTRASTES

Alfredo Fermín

ALFREDO FERMÍN
afermin@el-carabobeno.com

 

Los animadores culturales están desencantados por la falta de respuesta del público a los espectáculos que organizan. Ni va gente, ni venden sus entradas ni reciben el debido tratamiento en los medios informativos.

El asunto es general, hasta en el beisbol, con excepción de los juegos Caracas-Magallanes, cuando el equipo local no está como la hallaca (de diciembre no pasa). En las corridas de la Feria de Valencia, en la inmensa Monumental, la que más llevó gente registró un poquito más de un cuarto de esta plaza que tiene capacidad para 18 mil personas. No se puede decir que fue por falta de atractivos porque hubo buenos toros y destacados toreros de España, México y Venezuela que ofrecieron espectáculos muy dignos. Las pérdidas han debido ser cuantiosas. No hay dudas de que nuestra preciosa Plaza está condenada a la degradación. No hay dólares para la fiesta brava y ningún empresario continuará arriesgando capitales a pérdida. Y lo peor es que tomamos como normales estas situaciones que en otras partes serían una tragedia. No imaginamos lo que sucedería en Madrid, Sevilla, México, Aguascalientes, Lima, Manizales si a las fiestas que celebran en sus plazas no respondiera la gente.

 

La otra cara de la moneda

Lo que sí parece un negocio redondo son las presentaciones de conjuntos y cantantes de música popular promocionados por televisión que contribuye al lleno completo. Los precios son absurdos, abusivos, especulativos, más caros que las localidades de la Opera de París, del Albert Hall, de Londres; el Met de Nueva York y hasta la mismísima Scala de Milán donde, hace poco más de un mes vimos El Barbero de Sevilla, con un elenco y orquesta estelares, por 50 dólares, menos de 500 bolívares, al dólar libre, con visibilidad excelente y traducción simultánea y un ambiente de extrema elegancia. Aquí, para ver a cualquier pega gritos, hay que pagar más de mil bolívares en localidad “media gallina”.

 Y asimismo sucede con la comida. Aseguramos que por 15 euros (no los de Cadivi), un poco más de 150  bolívares se come en un buen restaurante de París, de Lyon, de Barcelona, Roma, un menú que incluye ensaladas, plato principal de buena carne, pescado o ave, quesos, pan, mantequilla, postre, una copa de buen vino y café. En cambio, aquí en Valencia cualquier almuerzo o cena, sin incluir bebida, no baja de 250  bolívares sin la categoría gastronómica que existe en aquellas ciudades donde la calidad, la atención y la presentación son obligatorias para la sobrevivencia del negocio, ante tanta competencia.

 

Marramucias

En nuestro país, donde hay represión a la libertad de expresión, no la hay para combatir la especulación, cuando los beneficiarios son del gobierno. Hemos importado las marramucias de los cubanos, a quienes la situación de miseria en que los mantiene Fidel Castro, los ha obligado a sobrevivir en un sistema paralelo. En La Habana y otras ciudades de Cuba se consiguen en la calle productos a menos de la mitad de los del mercado convencional desde el ron Matusalén a los exclusivos tabacos Montecristo y Cohiba. Aquí es al revés. En los abastos no hay leche, ni café, ni azúcar, ni aceite, pero los buhoneros los tienen al doble mientras el régimen, que mantiene azotado al comercio formal, permite la transgresión a una fantástica ley que acaba de entrar en vigencia, porque detrás de ese negocio están los que han aprendido con los cubanos.

En estos días, en un popular automercado escuchamos a dos supervisores identificados con el proceso diciéndole a un dirigente del sindicato que, de acuerdo con la convención colectiva, a cada trabajador de la empresa le corresponde comprar mensualmente cuatro latas de leche, cuatro litros de aceite y no sé cuántos de café. “Si ustedes, en vez de comerse esos productos, los venden a una cooperativa de vendedores informales se van a ganar una pelota de real”. Esta fue la recomendación de los encargados de hacer cumplir la ley. Posiblemente esta es la razón por la cual los buhoneros venden los productos desaparecidos.

 Y ¿por qué el gobierno no actúa en contra de ellos?

 

 

 
Top