Encuestas, intrigas y “calle”

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
Argelia.rios@gmail.com
Twitter @argeliarios

Golpeadas por la desconfianza que ellas suelen sembrar entre quienes desearían vivir una atmósfera cercana a sus deseos particulares, las empresas encuestadoras experimentan un mal momento

No es ésta, por cierto, una defensa que pretenda reivindicar a las encuestadoras. A cada cual le corresponde hacer lo que le parezca. De cualquier modo, sabemos que las hay para todos los gustos y que no abundan grandes secretos alrededor de lo que son. Estamos en tiempos exigentes y debe decirse que el asunto no sólo afecta gravemente su credibilidad. Tan importante como eso, es el hecho de que sus sentencias -por así llamarlas- impactan las necesarias definiciones de los elencos políticos, e incluso, a veces, de las del ciudadano común.

La querella que muchos han entablado con estas compañías tiene mucho de justicia y, también, de injusticia. El tema, sin embargo, no atañe en exclusivo a los acusados. Es innegable que, cuando escasea la probidad, el resultado de un estudio manipulado corresponsabiliza a sus directivos en las secuelas que se provocan… No obstante, si se trata de desentrañar con equilibrio el origen de tantas quejas, nos encontraremos una importante escasez de santidades. Es cierto que hay errores de todo tipo en el negocio de los guarismos, pero nadie faltaría a la verdad si afirmara que los “consumidores” de encuestas tampoco se encuentran exentos de mañas y culpabilidades.

La lluvia ácida que hoy presenciamos en contra de las empresas de investigación de la opinión pública las empapa a ellas y a quienes las apuntan sin ser arcángeles insospechables. Tan verídico es que algunas encuestadoras pueden apelar a “sutilezas” logarítmicas para modificar “climas”, como verídicas son a veces las motivaciones de sus críticos… De cara a febrero y a octubre de 2012, todos procurarán algo.

Algunos buscarán negar la débil posición de sus aspirantes en las primarias, poniendo en duda la superioridad de los contendientes mejor aprestados; otros, intentarán hacer creíble desde ya la posible victoria de un competidor rezagado. No faltará, desde luego, el que, desde su sitial de ganador, necesitará reforzarse para evitar ser superado, ni mucho menos la gigante tropa de venezolanos negados a aceptar el envidiable posicionamiento de un presidente cuyo legado es una pésima gestión y una espinosa ristra de atropellos.

Como vemos, hay de todo en esta guerra contra las encuestas, en la cual comparten carteles los renuentes a creer que “el no al pasado” es todavía un dato de la realidad, con la muchedumbre de opositores convencidos de que donde mejor se conoce al país no es en las estadísticas, sino en las panaderías, donde “la gente dice… “, con certeza y sin la menor duda, que las Navidades de 2012, finalmente, serán sin Chávez.

 

 

 
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