La encuesta de la calle

LUIS GARRIDO
luirgarr@hotmail.com       

Con algunas excepciones, hablar de encuestas en Venezuela es entrar en el ejercicio de las matemáticas y la comercialización,  en la competencia entre quienes dibujan gráficamente el contenido de una lectura atribuida a la opinión de un conglomerado. 

Pocas veces opinamos sobre este tema por no emitir conceptos que, a riesgo de nuestra  incredulidad y poca confianza, termine introduciendo a todos en el mismo saco;   pero “de que los hay, los hay”.   Y para  esta apreciación, basamos nuestro razonamiento en esa similitud tan común entre empresas de este ramo y sectores del gobierno,  que si no apuestan a una misma causa tampoco desvirtúan el parecido entre el nueve y el seis, con la diferencia de que lo colocan en la  posición de su conveniencia.     

¿Quién pudiera desmentir que el malestar está en la calle y cada día se adueña de mayores espacios? Decir que el Comandante Presidente tiene un número altamente elevado en las encuestas, dada la consideración afectiva que a su favor ha despertado su estado de salud crítica, es como olvidar cuánto representa para una madre la impotencia frente a un hijo enfermo que no encuentra asistencia hospitalaria, porque precisamente en este gobierno de Hugo Chávez es donde la gente de menores recursos sufre el  mayor abandono. 

 El desempleo no pareciera significar nada para esos encuestadores que razonan con bondad manifiesta a favor del gobierno.  Salir en la mañana y regresar en la noche con la misma desesperanza de cada día  pareciera ser culpa del propio desempleado;   no cuenta el derrumbe de las cientos de empresas que han ido a la quiebra tras la arremetida de la revolución chavista que ha golpeado ferozmente al empresario, con la única y perversa intención de llevarlo a la ruina. 

Nos imaginamos que ya los números referentes a la Ley de Arrendamiento son parte del cálculo y las motivaciones de estos esforzados buscadores de respuestas a pleno sol e incesante lluvia.  Algo hay que decir, pero nunca la verdad;  si cierto es que esa relación inquilino-propietario vino a implantar una modalidad desconocida en términos legales, no se puede responsabilizar al Comandante y menos lesionar la brillante posibilidad de obtener el triunfo en las próximas elecciones, ya que él, ignorando todo lo que sucede en el país y desconociendo el impacto y las consecuencias en contra de uno y otro, no tendrá que pagar ningún costo político.

No hace falta extendernos para poner el énfasis en la protesta, porque de por sí en cada hogar hay un temor, un sentimiento y hasta en muchos un dolor directo  por esa encuesta de la inseguridad que está en la calle, sin que la puedan ocultar los mercaderes que le venden sus favores al gobierno.  Los venezolanos sufren en su interior el desnivel entre lo que invierten y lo que adquieren en  el  mercado;  el silencio no es de conformidad,  es de conciencia y de convencimiento pleno.  El  7 de octubre no está muy lejos y el resultado de las encuestas vibra en la calle y en cada hogar donde se llora un familiar caído por las balas asesinas del crimen desbordado.    

     

Versión editada

 

 
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