EL PEOR AÑO DEL PROYECTO INTERNACIONAL CHAVISTA

María Teresa Romero

MARÍA TERESA ROMERO
matero1955@hotmail.com 

 

Al Gobierno se le percibe débil y vulnerable, política y económicamente

 

Pese a la atención mediática obtenida durante todo 2011, ya no solo por la acostumbrada actitud díscola del presidente Hugo Chávez, sino también a causa de su sorpresiva enfermedad de cáncer, que a la vez le produjo lógicas manifestaciones de solidaridad diplomática, no creo exagerado afirmar que fue el peor año para el proyecto internacional del socialismo del siglo XXI, con muchos reveses y fracasos en la política exterior que lo sustenta.

 

Poca presencia internacional

 Como primer revés, destaca la disminución de la presencia internacional del gran adalid del proyecto, y por tanto de la agenda exterior venezolana que recae casi enteramente en él. Su estado de salud (aún incierto) lo forzó a permanecer entre Caracas y La Habana. De tal forma, a pesar de que en el Presupuesto Nacional de este año se destinó la suma de 9 millones 500 mil dólares para los viajes del jefe de Estado, en 2011 Hugo Chávez apenas salió de gira oficial en dos oportunidades y solo a Suramérica. Entre marzo y abril viajó a Argentina, Uruguay, Bolivia y Colombia. Luego, en junio, a Brasil, Ecuador y Cuba.

 

Podría argumentarse que, a pesar de los pocos viajes presidenciales, en el transcurso del año el Gobierno no dejó de cumplir sus tradicionales objetivos de política exterior: profundizar los lazos con los gobiernos considerados “aliados estratégicos”; mejorar las relaciones con los percibidos como más o menos “amigos” (según las circunstancias), y mantener la confrontación (más verbal que real) y el congelamiento diplomático con los considerados “enemigos” (Estados Unidos e Israel en particular).

 

Acuerdos

 

En efecto, fueron numerosos los acuerdos de diversa índole suscritos por el gobierno chavista. La mayoría se dieron con los denominados “aliados” regionales o extracontinentales, en particular con Cuba, Irán, Rusia y China. La gran cantidad de acuerdos firmados con China, para solo dar un ejemplo, llevaron a que el nivel de comercio bilateral alcanzara los US$10.000 millones en el primer trimestre de 2011, según el ministerio del Poder Popular de Planificación y Finanzas; monto que representa un incremento de 900% en comparación con los US$200 millones de 1999.

 

Entre los firmados con nuevos y viejos “amigos”, destacan los acuerdos con Brasil, Argentina y Colombia. Con este último país se firmaron más de una veintena en diversas áreas, siendo el más importante el acuerdo que regula las nuevas relaciones comerciales entre Colombia y Venezuela tras hacerse efectiva la salida de nuestro país de la Comunidad Andina de Naciones. El entendimiento diplomático alcanzado entre los presidentes Santos y Chávez produjo, entre otras, la decisión del venezolano de extraditar a Colombia al líder de las FARC Joaquín Pérez Becerra y la del colombiano de entregar a Venezuela al narcotraficante Walid Makled.

 

Incluso con el archienemigo chavista, Estados Unidos, el Gobierno consolidó acuerdos y negocios. Según Venamcham, la balanza comercial entre ambos cerró en septiembre en US$2,016 millardos y acumula durante 2011 un saldo positivo de US$24,64 millardos, cifra 42,41% mayor en comparación con los primeros 9 meses de 2010.

 

No obstante, la mayoría de los acuerdos firmados tanto con aliados como con amigos y enemigos no han sido para la venta de productos venezolanos (con excepción de los petroleros que en su mayoría son a precios preferenciales), sino para la compra de alimentos, medicinas y otros insumos que no se producen en el país. Según la firma Ecoanalítica, el Gobierno ha importado este año US$44.000 millones en esos rubros. Además, están los acuerdos financieros (préstamos y líneas de crédito) y de compras de armas. En el lapso de los últimos 16 meses, el Ejecutivo Nacional ha pactado deuda con China, Rusia y Brasil por US$34 millardos, cuyo pago se contempla mediante envíos de petróleo.

 

Imagen

 

La reducción de la presencia internacional del caudillo y el tipo de acuerdos internacionales que viene suscribiendo, ha ido horadando la imagen gubernamental (y nacional, lamentablemente) en el mundo.

 

Al Gobierno se le percibe débil y vulnerable, política y económicamente. Venezuela ha pasado a ser un país endeudado y más dependiente que nunca del capital internacional. Por esta y otras razones, un reciente estudio publicado en la revista Forbes indica que Venezuela es uno de los peores países del mundo para hacer negocios.

 

Iniciativas fracasadas

 

El proyecto y la imagen internacional del régimen también se han debilitado este año a causa de algunos evidentes fracasos diplomáticos y por las numerosas críticas recibidas de parte de diversos actores de la comunidad democrática mundial.

 

Así, en la principal área de acción gubernamental, América Latina, el Gobierno tuvo que encarar -entre otros fracasos- la permanente negativa del Senado de Paraguay de aprobar el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur; el rechazo de su propuesta de convertir al venezolano Alí Rodríguez Araque en el secretario general de la Unasur, teniendo que aceptar la fórmula de rotación ante la falta de consenso para decantarse por un solo candidato; y, a finales de año, la no aceptación de crear una Celac al estilo “alternativo” o “bolivariano”. La mayoría de los mandatarios latinoamericanos rechazaron que la nueva organización regional se convirtiera, como querían los miembros del ALBA, en un bloque de integración con estructura sólida, que sirviera para sustituir a la Organización de Estados Americanos y crear una unión latinoamericana en contra de Estados Unidos.

 

Incumplimiento

 

A lo anterior se suman las críticas y señalamientos que a lo largo de 2011 tuvo que recibir por su evidente incumplimiento del derecho nacional e internacional en varios casos y temas, así como por sus reiterados enfrentamientos con el mundo democrático. El Gobierno fue especialmente cuestionado por desacatar numerosas decisiones emanadas de la Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y por hacer caso omiso a las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la OEA y de varios gobiernos por su dudosa conducta en materia de democracia, derechos humanos, libertad de expresión, corrupción, y lucha contra el narcotráfico y terrorismo. También por su apoyo incondicional a la conducta represiva, dictatorial y al margen de la ley internacional de gobiernos como los actuales de Irán y Siria y la Libia de Gadafi, entre otros.

 

El Ejecutivo y los poderes públicos dominados por el chavismo, también fueron criticados -hasta por el benevolente Secretario General de la OEA- por decretos y leyes violatorias de la Carta Interamericana Democrática, empezando por la Ley Habilitante que la Asamblea Nacional le otorgó al presidente Chávez, a menos de tres semanas de concluir sus funciones, para que pudiese gobernar por decreto hasta mediados del 2012, sin control del Legislativo.

 

También por declaraciones del Alto Mando militar venezolano orientadas a no aceptar un posible triunfo opositor en las venideras elecciones presidenciales.

 

 

 

 

 
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