Felisa Micelli en Miraflores

Víctor Salmerón


VICTOR SALMERON
@vsalmeron

 

La mayor inflación de América Latina tras ocho años de controles, productos regulados que aumentan más que los no regulados, escasez, ahorristas que mes a mes pierden poder de compra. ¿Ante las señales rojas el Gobierno evalúa un cambio de políticas para contener el constante incremento de los precios? No: prefiere copiar recetas que fracasaron en Argentina.

El 19 de diciembre de 2006 Felisa Micelli, para ese entonces ministra de Economía de Néstor Kirchner, afirmó que “las compañías tienen márgenes de rentabilidad de entre el 28 y el 30 por ciento, tres veces más que en los países del hemisferio norte”.

Inmediatamente explicó que por esta razón “lo que está congelado en la Argentina no son los precios sino la tasa de rentabilidad de las empresas”.

Argentina no logró superar la fiebre inflacionaria con esta medida y junto a Venezuela tiene un alza de precios anual de dos dígitos, a diferencia de Colombia, Brasil, Chile, Uruguay, Perú que, a través de acuerdos con los empresarios, prudencia fiscal y medidas para atraer inversiones, han logrado mantener el crecimiento de la economía con estabilidad de precios.

Analistas argentinos advirtieron que no podía compararse la rentabilidad entre países con alto riesgo y otros donde la política económica fomenta el ingreso de competidores y tienen un marco institucional sólido, pero no fueron escuchados.

En América Latina existen dos tipos de gobiernos de izquierda. En primer lugar se encuentran los que gracias al boom de altos precios de las materias primas superaron problemas heredados por el radicalismo neoliberal de la década de los 90 y, como afirma Joseph Stiglitz, ahora entienden “los mercados y el papel que pueden y deberían desempeñar en la economía”.

Luego están aquellos como Venezuela y Argentina donde se pretende obtener resultados diferentes con controles que han fracasado donde han sido aplicados.

 

 

 
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