Horóscopo en chino

Carolina Gómez-Ávila

CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA
@cgomezavila

 

En 1970, a los 62 años, murió Abraham Maslow, fundador de la psicología humanista. Nos legó la llamada “Pirámide de Maslow” cuyo contenido no aplica para individuos con problemas mentales orgánicos pero es óptimo para entender lo que nos motiva como sociedad. Aseguró que todo lo hacemos en respuesta a cinco niveles de necesidades humanas y advirtió que ninguna se satisface por completo, pero que las parcialmente satisfechas ya no nos motivan; que los individuos no suelen estar conscientes de estas necesidades; y que motivar (yo añado que, en tanto inconscientes, también manipularlos) es posible si se sabe el nivel en el que están y se les ofrece satisfacción exclusivamente en él o en el inmediatamente superior.

Desde la base del esquema y en orden ascendente, estas necesidades son: fisiológicas, de seguridad, de aceptación, de reconocimiento y de autorrealización.

Obvias, las fisiológicas, por básicas: respirar, alimentarse, abrigarse, descansar y tener sexo. Todas individuales, pero cuando son imposibles de satisfacer por un grupo numeroso, provocadoras de una tragedia social.

Ascendiendo, las de seguridad: física, de estabilidad, de ausencia de dolor. Se trata de la conservación de la vida, abarca mecanismos concretos y abstractos para garantizarla: vivienda, atención médica, legislación. Este nivel requiere satisfacción continua, a él se regresa con fuerza y facilidad a través del miedo.

Ambos grupos conforman la zona de supervivencia. Mientras los individuos estén en esta zona postergarán cualesquiera otras necesidades. Y con el tiempo, quizás hasta las olvidarán…

Tercera, la necesidad de aceptación: comunicarnos con otras personas, tener amigos, dar y recibir afecto e intimidad, vivir en comunidad, pertenecer a un grupo y sentirnos aceptados dentro de él. Desde este nivel y hasta la cúspide, se define la zona de crecimiento del individuo, única zona posible de acciones conscientes para la organización de ciudadanos en ejercicio.

Sigue la necesidad reconocimiento: sentirnos apreciados, tener prestigio y destacar dentro del grupo van junto con la propia valoración y el respeto por nosotros mismos. Lejos de superflua, el individuo que no recibe reconocimiento se frustra, pierde la confianza en sí mismo y su señal de fracaso puede terminar por degradar la moral del grupo entero.

En la cúspide, la autorrealización: casa donde mora el espíritu elevado, los ideales. Aquí, el individuo pretende realizar su propia obra, desarrollar su talento, superarse a sí mismo una y otra vez, llegar a ser lo que planeó ser, trascender, dejar huella. Aquí se juega el éxito o el fracaso, y tales conceptos dependen de si ha mirado dentro de sí mismo y cultivado su mundo interior o ha permitido que otros decidan por él lo que esos significan.

 

Dicho esto, queda claro que el dragón de agua es un curioso animalito mitológico y el ser humano un hermoso animal superior cuyo futuro se devela exclusivamente mirándose en el espejo de sus ojos cerrados y abriendo los de los demás.

 

@ELUNIVERSAL

 
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