SIN LIDERAZGO

Fernando Ochoa Antich


FERNANDO OCHOA ANTICH
fochoaantich@gmail.com 

 

El nuevo fracaso de Hugo Chávez en Montevideo al no lograr, ni siquiera con su presencia, el ingreso de Venezuela al Mercosur indica claramente un indetenible proceso de debilitamiento de su liderazgo internacional que ya se mostró durante la reunión de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe. No hay exageración en lo que digo. Un verdadero jefe de Estado protege el nombre de su país y su prestigio personal evitando un fiasco de tal magnitud. No es posible que el canciller Maduro no haya percibido los riesgos que existían de un nuevo rechazo a la aspiración de Venezuela en la reunión preparatoria para la cumbre presidencial. El canciller de Paraguay tuvo que haber mantenido, en dicha reunión, la misma posición que sostuvo el presidente Fernando Lugo, con gran firmeza, durante la cumbre presidencial.

 

No es fácil de explicar la declaración totalmente fuera de la realidad que dio Hugo Chávez al llegar a Montevideo: “Ya somos miembros de Mercosur, la incorporación de Venezuela se ha dado a través de los hechos y las decisiones políticas”. Esta declaración no es posible darla si se conocía de antemano que el Congreso paraguayo sostenía su tradicional posición de rechazar el ingreso de Venezuela por considerar que en nuestro país no existen las condiciones mínimas de democracia y de defensa de los derechos humanos que exige dicho acuerdo. Esta declaración no tiene ninguna relación con la que tuvo que dar después del fracaso estruendoso que significó el nuevo rechazo a Venezuela. Mantener “que un pequeño grupo en el Congreso paraguayo se ha planteado, con intereses inconfesables, evitar la entrada de Venezuela a Mercosur”.

 

¿No se pudo prever este desenlace para evitar que el propio presidente de la República estuviese presente en medio de la previsible derrota de Venezuela? Sin duda que sí. Había suficientes indicios sobre el seguro rechazo que el presidente Lugo haría a la absurda propuesta del presidente Mujica. No hacerlo lo hubiera colocado en una compleja situación política en su país que, al violar la constitución, podría ser enjuiciado por el Congreso del Paraguay, colocando a su gobierno en una situación de inestabilidad política absolutamente inaceptable. Lo más doloroso fue el final de la declaración de Hugo Chávez: “los congresistas del Paraguay deben reflexionar sobre el beneficio económico que Venezuela, al ser parte de la OPEP, puede ofrecer a la organización”. Después, sin consideración alguna, despotricó de la oposición paraguaya.

 

El Congreso paraguayo contestó, como era de esperarse, con firmeza a estos ataques. Dolorosamente, también señaló que la presión por cambiar la actual mayoría que se opone al ingreso de Venezuela había llegado al extremo de tratar de sobornar a algunos diputados para lograr una votación favorable. Yo espero que esta grave acusación no sea verdad. Ya son muchos los escándalos que rodean nuestra política exterior que, en verdad, avergüenzan nuestro gentilicio. El aventurerismo que se observa en todas las acciones que se toman en ese campo, producen angustia y preocupación. Pareciera ser que el centro de toda la acción internacional de Venezuela, sólo busca fortalecer la imagen personal de Hugo Chávez y exportar su proyecto político sin considerar los intereses vitales de Venezuela. Eso ocurre con nuestro ingreso al Mercosur.

 

En realidad, siempre he considerado perjudicial para Venezuela ingresar, de manera individual, a ese mercado común. En verdad, abrir totalmente nuestra economía al inmenso aparato productivo de Brasil y Argentina es un riesgo impredecible. Ni siquiera deberíamos hacerlo con Uruguay y Paraguay. Su capacidad agrícola y pecuaria es inmensa. Venezuela requiere de un proceso de recuperación de su capacidad productiva para lograr reducir sustancialmente nuestra tendencia importadora. El creciente desempleo existente en Venezuela, ampliado a más de 50% con el trabajo informal, sólo puede combatirse mediante la realización de importantes obras públicas y el inicio, de nuevo, de un proceso de industrialización nacional y del incremento de la producción en nuestro campo. Esto exige de una prudente política arancelaria.

 

No estoy planteando regresar a la política de sustitución de importaciones. Eso sería un grave error. Venezuela es parte de la Organización Mundial del Comercio y su ingreso obligó a un importante y doloroso ajuste económico. Lo que sí creo, es que el nuevo gobierno debe solicitar un período de tiempo a dicha organización para revisar nuestra catastrófica situación económica, a objeto de fortalecer aquellas industrias y productos del campo que tengan suficientes ventajas comparativas para lograr satisfacer nuestro consumo nacional e iniciar un prudente pero sólido proceso exportador. Otro paso imprescindible, es iniciar negociaciones con la Comunidad Andina de Naciones para nuestro reingreso, pero exigiendo el tiempo necesario para adaptar nuestra capacidad productiva a las exigencias estatutarias de dicha organización.

 

 

 

 

 
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