COSAS DE INVIERNO Y DE TEMPESTAD

JESÚS HERAS – 

Como el árbol que ante la proximidad del invierno cierra sus tejidos y deja caer sus hojas o el barco que al entrarle aguas en medio de la tempestad, para mantenerse a flote, arroja su lastre al mar, el Régimen viene cerrando filas y desprendiéndose de lo que no le es esencial. De allí los nuevos nombramientos y la salida de figuras como Jaua, Maduro y El Aissami que, separadas del tronco del cual brotaron, servirán en adelante de abono, de simple abono, para lo que ha de nacer después.

La primera amenaza que siente el Régimen proviene de la salud del Presidente. Como el atleta que, ayudado por esteroides, logra metas antes inalcanzables, Hugo Chávez guapea para aparecer saludable cuando no lo está. ¿Recuerdan Uds. a Mark McGwire y a Sammy Sosa cuando rompieron el record de jonrones en el mismo año? ¿Los han visto después? McGwire se retiró del beisbol el año siguiente, y Sosa, antes “papeado” ya no es ni la sombra de lo que había sido. Los esteroides los llevaron a una gloria pasajera pero hoy nadie apostaría medio real a sus chances de llegar al Hall de la Fama. Con esteroides y un terrible cáncer avanzando en sus entrañas, ¿llegará Hugo Chávez a Cooperstown?

La segunda amenaza que confronta el Régimen tiene que ver con la unidad de sus opositores, algo cuyo valor cualitativo se traduce en una ganancia numérica que las encuestadoras jamás podrán medir.  Cada vez que el mundo opositor se ha unido afectivamente, la batalla ha sido suya por amplio margen. Recordemos el referéndum revocatorio de 2004 que Chávez perdió 40 a 60, aunque después la avaricia de algunos invirtiera los resultados. Recordemos además el referéndum constitucional de 2007, cuyos números, para tranquilizar al Jefe, jamás fueron dados a conocer.

Ese tipo de unidad, de unidad verdadera porque moviliza a todos tras una causa común, es la que servirá de soporte y pedestal al candidato que resulte electo en las primarias del 12 de febrero.

La tercera amenaza que confronta el Régimen tiene que ver con las profundas inquietudes que han aflorado a lo interior del proceso, y de cuya existencia dan fe los cambios para privilegiar a una casta que por su origen militar es obediente.

Cuando, como ocurrió en la costa italiana esta semana, el capitán abandona el barco antes de que todos los pasajeros estén a salvo, se le tilda de cobarde y le cae el peso de la Ley. Pero cuando una nave en alta mar queda sin Capitán, como bien puede ocurrir este año en Venezuela, son muchísimos los que, sin ser cobardes, buscan ponerse a salvo.

De allí el llamamiento a cerrar filas… y la lista de los que han sido desechados o que pronto lo serán.  De allí también el larguísimo discurso del Presidente, fingiendo estar totalmente restablecido.

Son síntomas inequívocos del invierno que acecha y de la tempestad que se aproxima.

 
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