Lo lascivo y lo brutal hacen de ‘Spartacus’ un placer culpable

 Álvaro P. Ruiz de Elvira

En 1960, los guionistas del Espartaco de Stanley Kubrick tiraron de ingenio para evitar a la censura e incluir una escena en la que Laurence Olivier intentaba seducir a un esclavo (Tony Curtis). El personaje de Olivier preguntaba al de Curtis por sus preferencias sexuales en el famoso diálogo de las ostras y los caracoles. Pese a todo, la escena no pasó el corte censor y no se pudo ver hasta la restauración de la película en 1991. Dificultades por las que la serie de gladiadores Spartacus (de la cadena estadounidense Starz), que está por comenzar una tercera temporada,  no pasa con su sangre, sexo, sudor y sandalias sin contemplaciones.

Debido a la enfermedad -un linfoma- del actor principal, Andy Whitfield, que falleció el 11 de septiembre a los 39 años, la serie tuvo que ser parada en 2010 antes del rodaje de la segunda temporada. Para no perder el ritmo, se hizo una precuela sin el personaje de Espartaco en forma de miniserie de seis episodios (Spartacus: Dioses de la arena), que se emitió el pasado verano. Fox sacó en España el DVD y Blu-ray de la primera temporada, motivo por el cual el reparto de la serie y su creador atendieron a la prensa en Los Ángeles. Un encuentro en el que también adelantaron aspectos de la segunda temporada, que se estrenará en EE UU el 27 de enero de 2012.

“Pensamos en hacer algo como la película 300, un show sexy y deseable”, dice el guionista y productor Steven S. DeKnight (Buffy, la cazavampiros, Smalville), encargado de montar el proyecto. “Empecé a escribir la historia y me sorprendió mucho descubrir lo poco que se sabe sobre Espartaco, el personaje histórico”. Pero no es la precisión histórica o la falta de ella lo que ha hecho a esta serie tan popular entre el público, y DeKnight lo admite: “Sexo y violencia son dos cosas que se supone que no te gusta ver, por eso lo sexy, lo lascivo y la brusquedad que hay en la serie hace que verla sea un placer culpable. Eso sí, en Spartacus el sexo tiene que estar siempre justificado y ser un punto dinámico en la historia que se cuenta”.

Le toca turno al actor neozelandés Manu Bennett, Crixus en la serie, el campeón de campeones de la arena. Vestido de cuero, entra en la habitación con una cámara de fotos y hace que los periodistas se sientan por un momento como los entrevistados. Como el resto del reparto, Bennett admite que todavía está aprendiendo a ser una estrella y que no esperaban tal éxito con la serie. “No siento que estemos rodando pornografía”, dice el actor Bennett, continuando con el tema que defendía DeKnight.

“Mis habilidades en los movimientos de las luchas las adquirí cuando bailaba. De niño hacía breakdance. Participé en uno de los grupos de breakdance más importantes de Australia cuando tenía 15 años. Incluso aprendí ballet y estuve en la Compañía de Ballet de Australia”. Bennett recuerda su infancia, cuando perdió a su madre y a su hermano en dos accidentes de coche diferentes: “Aquello me expulsó de la normalidad. Me hizo más fuerte. Me cambió la vida. Empecé a tocar el piano y a expresarme a través de diferentes tipos de arte que me ayudaron a llevar esa angustia.  El corazón, la pasión y la pena y la ira que tiene Crixus están acentuadas por mi vida. Fue duro”. Para Dustin Clare, (el gladiador Gannicus de la precuela que reaparecerá como un hombre libre en el capítulo cinco de la nueva temporada), en la serie “hay lucha y violencia, pero es la historia y las relaciones entre personajes lo que hace que te enganches”.

 “En la serie se apela a una parte primaria nuestra. Es atractivo porque hoy en día son cosas que no se pueden hacer”. Habla la actriz estadounidense Katrina Law, que interpreta a la esclava que tiene que seducir al protagonista. “La lucha de gladiadores es asqueroso. Pero es fascinante pensar que la gente lo veía, iba, lo disfrutaba, de la misma forma que nosotros vemos el fútbol por ejemplo”. Law, que se dio a conocer en los círculos de agentes de Hollywood con la serie underground online The Resistance, habla sobre la evolución de su personaje para la próxima temporada: “Cuando Espartaco le pide que le ayude a  levantar una rebelión tiene que tomar una decisión de seguir con su vida de esclava o aspirar a cosas que nunca había soñado conseguir. Vamos a ver lo valiente que es, y lo dispuesta que está para conseguir su libertad. Está enamorada por primera vez en toda su vida. Si es un amor correspondido o no o si está al mismo nivel, es algo que ella trata de averiguar…”.

En la próxima temporada de Spartacus el papel principal lo retoma el actor australiano Liam McIntyre. “El parecido entre Andy y Liam es inintencionado. Escribimos el papel pensando en cómo era el personaje en la primera temporada y esperamos que el actor nuevo aportara algo distinto al personaje en su interpretación”, dice DeKnight. Para la actric Lucy Lawless (Xena, la princesa guerrera), “era muy duro pillar el papel de Espartaco en ese momento [por la enfermedad de Whitfield]. Liam se lo ha tomado muy en serio. Creo que los espectadores le van a acoger tan bien como hicimos nosotros”.

La malvada Lucrecia -el personaje de Lawless-, vuelve tras ser dada por muerta en el último capítulo [ninguna sorpresa, ya se anunció el pasado verano y aparece en el tráiler y en los carteles de la nueva temporada], “totalmente enfurecida tras perderlo todo”. “No se permite el lujo de derrumbarse. En principio el personaje iba a morir al acabar la primera temporada. Se rodaron dos posibles finales, para despistar a los seguidores, aunque teníamos bastante claro que viviría…”.

El productor y los actores hablan de lo mucho que les gustan series como The wire, Los Soprano o Deadwood, pero también defienden el puro entretenimiento. Habla DeKnight: “Ha llegado un punto en que en la televisión por cable se intenta hacer todo de un nivel intelectual muy alto.  Pero no es lo único. Allan Ball ahora lo hace muy bien con True Blood y lo estamos haciendo con Spartacus, conseguir productos que no son 100% certeros con la historia, pero que ante todo es entretenimiento”. Y eso es sexo y violencia (sin llegar a lo grosero, pero rozándolo) a ritmo de guitarras eléctricas.

 
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