LO QUE VIENE

 

Karl Krispin

KARL KRISPIN
kkrispin@hotmail.com 

 

Los recientes años de disolución destruyeron el país, lo desinstitucionalizaron, lo ahogaron en un socialismo chimbo, acabaron la industria y anularon nuestra soberanía para regalársela a los cubanos. De las cosas positivas están el renacimiento político y la concientización ciudadana. Pero lo último ha sido por reacción a lo primero.

El país ha solicitado claves que logren darle una explicación integral de por qué caímos tan bajo. El chavismo no ha sido ni siquiera eficiente para articular un partido político independiente a su conductor que lo pueda suceder. Ni eso. Esfuerzos perdidos, lanzados al hueco mudo de la historia.

Después de estos años hablamos peor, nos expresamos con insultos: la utilización de groserías se ha erigido como la forma natural de comunicación. Los hombres se tratan de homosexuales y las mujeres de lesbianas y además no se dan cuenta. Hay un número mayor de instituciones educativas pero la formación, aun del lado privado, ha renunciado a la exigencia. Algunas universidades ya no realizan su examen de admisión y la vara de medición con que los mediocres catan el ingreso a los centros de educación superior pide que todos entren porque pareciera un derecho inalienable que todo venezolano ocupe el pupitre de una universidad. De hecho en los colegios y liceos no se puede aplazar a nadie porque se accionan una serie de leyes protectoras de la holgazanería.

En estos días me enteré de una forma novedosa de corrupción estudiantil a la que denominan “el guiso” (el mal gusto se impone hasta para nombrar las cosas). Atención profesores de cálculo, física y otras ciencias exactas: el alumno fotografía con el teléfono el examen en un descuido del docente, se lo envía a alguien fuera quien resuelve la prueba y se la remite de vuelta. Todo este desajuste moral tiene unas tristes consecuencias para lo que será la vida real y en la que la trampa es el denominador común. El país que se está gestando será incapaz de crecer, transformarse y competir en la comunidad internacional. Mientras los grandes complejos del conocimiento como Cal Tech, MIT, Cambridge o Harvard se hacen cada vez más exigentes ante los retos de la sociedad global, aquí nos hacemos de la vista gorda so pretexto de que todos tenemos derechos. ¿Y los deberes? Las sociedades no se sostienen sin deberes que por su naturaleza deben incorporar el elemento ético.

No obstante, al lado de la sociedad corrupta, existe una que se niega a sumarse a la enfermedad a que invita la primera. A pesar de la facilidad del discurso, los vagos, los extraviados, no lograrán demoler a la nación que cree en sí misma que no es otra que la emprendedora. Frente a la minoría que ensucia la ciudad, está la mayoría que recoge los desechos. Ante los depredadores del lenguaje, están quienes se avienen a la fórmula cortés de la educación y el entendimiento. Mientras un grupúsculo de agitadores socava los cimientos de la institucionalidad, el resto de los venezolanos lucha codo a codo por defender 200 años de República erigidos mucho antes de la invasión traumática y disoluta de los bárbaros analfabetas.

Venezuela tiene un reto gigante. El nuevo presidente sólo podrá ofrecer “sangre, sudor y lágrimas” porque la tarea de reconstrucción es epopéyica.

Se equivocan de medio a medio quienes pretendan sustituir el socialismo populista por una demagogia de cuño diferente.

Aquí sólo valdrá gestar un país competitivo y que el Estado entienda que sus propósitos son la seguridad, salubridad, educación e infraestructura. Y esta Venezuela remozada, que comenzará el 12 de febrero con las primarias, no contará, lamento recordarlo, con holgazanes, vulgares, sablistas, recostados y otras especies reproducidas en el zoológico impresentable de la última década.

 
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