MISERIA

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
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@AmericoMartin

 

I

            The Economist coloca a nuestro desdichado país en el segundo lugar mundial del dudosamente honorable ranking de miseria. En los últimos cuatro años, Venezuela ha ganado la medalla de oro continental en tasa de inflación. La del 2011 fue olímpica, mundial, y según los  vientos que soplan lo volverá a ser en el año que comenzamos a vivir. Hay razones más que obvias para descubrir que no se trata de juicios tendenciosos. Una, tomada al azar, es anunciada por el ministro de agricultura y tierras, que por su procedencia oficial estará cubierta contra interpretaciones signadas por la pasión opositora. Dice el ministro que en 2011 la Agricultura creció apenas un punto porcentual. En términos relativos, que son los que cuentan, eso significa decrecer más de dos al cotejarlo con el incremento vegetativo de la población.

María Corina Machado

Semejante decremento productivo es una verdadera calamidad para los venezolanos. Hasta las piedras saben que si la oferta de bienes y servicios se estanca o retrocede frente a un incremento de la demanda, el efecto sobre la inflación será inmediato y el volumen ya inaceptablemente alto de las importaciones seguirá creciendo desoladoramente. Inflación, desempleo, agricultura de puertos y peso creciente de la deuda pública son variables que se escaparon de los gabinetes especializados para convertirse en macabros fenómenos de uso común que le hincan el diente a la población de bajos ingresos. La miseria viene de ahí, tiene causas estructurales y por más que los altos funcionarios se tiren al suelo alegando lo contrario, mientras no cambien sustancialmente las políticas que están aplicando, el fenómeno seguirá vivo, como una llaga abierta.

 

II

 

Con todo, posiblemente más importante sea la “cultura de la pobreza”. Oscar Lewis, un famoso antropólogo norteamericano, diseñó ese concepto. En su obra: “La Vida, una familia portorriqueña en la cultura de la pobreza” escrita en 1966, puso en salmuera algunas agudas ideas, para una lenta y buena digestión. Se trata de un cierto estilo de vida compartido por los pobres, que por ser un epifenómeno de la conciencia y del malestar contenido, da lugar a estallidos de violencia social.

¿Cómo reforzar la cultura de la pobreza? Simple. Con el paternalismo de los gobiernos que destruyen el ahorro y la inversión en aras de operaciones de corto plazo destinadas a conseguir adhesiones y votos. Es una manera de prorrogar hasta cierto punto algunas reclamaciones vitales, dejando en pie y profundizando sus causas hondas. Por eso, el mencionado estallido social, tan conectado con la cultura de la pobreza, es el horizonte que este tipo de gobierno se dibuja para amargura de sí mismo.

Actuar sobre el fondo de este inquietante problema es la única manera de impedir que la violencia se instale como hecho cotidiano en el cuerpo de Venezuela. Lo aberrante de la situación es que el régimen gobernante, el más directamente perjudicado, es quien legitima el uso de la violencia y prorroga ad infinitum las causas que la generan. En cambio, la alternativa democrática se propone incidir sobre el fondo del asunto para descongestionar el cauce de la violencia y ofrecer a cambio el camino de hierro de la Constitución, las leyes y el método pacífico-electoral.

III

Debe mirarse atentamente el incidente protagonizado por la irreprochable actuación de la diputada María Corina Machado frente al todopoderoso presidente, engolfado como estaba en el inacabable discurso del fin del mundo.  Le irrogó un daño, no cabe duda. Las pocas palabras que le dirigió eran apodícticas, no necesitaban el refuerzo de pruebas y argumentos; las realidades que reflejan están allí, a la vista de todos y más que nadie del gobierno que expropia, los propietarios expropiados y la gente que escucha.

Por su significado esas palabras evocan las pronunciadas por el presidente Chávez cuando fue abortado el madrugonazo del 4F de 1992. El “por ahora” del entonces joven conspirador tiene un parecido familiar a la “expropiación no indemnizada es un robo” de la templada María Corina. Sólo que aquel buscada una salida de hecho sustentada en las armas, y ésta una transición constitucional sustentada en los votos. También me trae a la memoria la célebre frase del socialista, mutualista y anarquista francés  Pierre-Joseph Proudhon: “la propiedad es un robo”. Más de dos siglos después, parece que apropiársela a lo mero macho es el verdadero robo.

El presidente perdió la forma. Trató de dominar el momento, basculó entre la sonrisa sobrancera y la rabia del que se sabe en mala posición. Al final balbuceó unas palabras algo descentradas, pero desde el día siguiente no ha dejado de hablar de la diputada, entre amenazante y estólidamente superior. El águila fue cazado por la mosca.

Faltan tres semanas para el conteo de las Primarias. Leopoldo, María Corina, Capriles Radonski y Pablo Pérez son jóvenes emergentes. Diego y Pablo Medina, gente experimentada. Gane quien gane debería llamar a sus ocasionales rivales para bruñir un arma poderosísima forjada con juventud y experiencia. ¡Si la juventud supiera, si la vejez pudiera! Ahora se da la ocasión de reunir el ímpetu renovador y la sabia serenidad. La unificación de unos y otros será del temple de una espada toledana, que se dobla pero no se rompe.

 

 

 

 
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