NÚMEROS

Alberto Barrera Tyszka

ALBERTO BARRERA TYSZKA
abarrera60@gmail.com  

Así como quedan 9 millones de leones marinos en la Costa Oeste de Estados Unidos, también hay por lo menos 9 millones de armas ilegales en la República Bolivariana de Venezuela

La primera vez que la vi, en la televisión, creí que era una adivinanza, un desafío numérico. No la entendí. Sólo al final, cuando el mapa del continente se convirtió en el caballo de Bolívar, supe que se trataba de otra propaganda oficial. Creo que ningún gobierno, en la historia de Venezuela, ha invertido tanto dinero, tanto tiempo y tanta creatividad en su propia promoción. Hoy en día, la publicidad es una de las grandes prioridades del Estado. Meses antes de que se entregaran las viviendas, ya existía la cuña que celebraba el éxito de las viviendas entregadas. Para el socialismo petrolero, gobernar es administrar los deseos.

Por si no la has visto, te la cuento: a manera de un divertimento numérico, donde se propone hallar alguna lógica secreta en la coincidencia de diversas cifras, la pieza publicitaria oficial va enumerando distintos tipos de cantidades, correspondientes a diferentes actividades en la escala mundial, para terminar reseñando un logro del Gobierno. Invento un ejemplo: hay 20 millones de semáforos en Alemania. La glándula equis del cuerpo humano se mueve 20 millones de veces durante la vida. En la Luna existen 20 millones de partículas de arena cruda… Y en Venezuela el Gobierno ha sembrado 20 millones de árboles. “La felicidad es nuestra medida del futuro”, dice el eslogan final, como reafirmando que el resultado de esa operación aritmética también es un enigma.

Resulta curioso, por decir lo menos, que el punto de partida de esta apuesta de promoción comercial sea la constatación de que la obra del Gobierno es invisible. Por eso es necesario aludir a ella a través de la abstracción numérica que, además, sucede siempre en otros lugares, en ámbitos desconocidos, a veces inimaginables.

La realidad ocurre sin que la veamos. Ese es el mensaje de fondo. Si sientes que durante todos estos años no has visto al Gobierno, ¡no te confundas! ¡No te equivoques! ¡Estamos aquí! ¡Siempre! ¡Aunque no nos veas! Cierra los ojos. Piensa en la inmensidad del universo que se mueve. Saca cuentas.

Lo otro que resulta muy peculiar es que, justamente, un gobierno que se dice socialista, que pretende romper paradigmas, que apela a la conciencia y desafía la lógica neoliberal, reduzca el sentido de la felicidad a una azarosa alternancia de cifras. En El mundo como supermercado, el escritor francés Michel Houellebecq, feroz crítico del capitalismo y de sus procedimientos culturales, cuestiona la “numerización del funcionamiento” de nuestras sociedades, como elemento fundamental en la simplificación de la realidad. Ese es el horizonte que supuestamente tanto denuncia la retórica bolivariana: un lugar donde todo se mide en cálculos y porcentajes, donde los “parámetros numéricos” están “liberados de la idea del Ser”. Nada cambia demasiado: entre la sociedad de consumo y la revolución de consumo no hay muchas diferencias.

Pero lo más sorprendente de todo, en estas nuevas cuñas oficiales, es la absoluta pérdida de contexto, la sensación de irrealidad que comunican.

En ellas, el país parece una marca transnacional. Igual pudieran transmitirse en Canadá o en Perú. En verdad, no ocurren en ningún lado; transitan por el territorio impoluto de los números, donde nada huele, donde no hay colores, donde el mundo por fin sólo es un ejercicio de matemática pura.

Como simple desquite, como una diminuta revancha, para estrujar mi breve derecho a réplica, quisiera proponer unas variaciones, de manera que esas piezas publicitarias puedan tener un referente más concreto y propongan un intercambio más directo con lo que vivimos los venezolanos. Creo que hay cifras, importantes y dramáticas, que tendrían que aparecer en esas cuñas. Se podría decir, por ejemplo, que así como 120 millones de usuarios pasan cada año por la estación del metro Pino Suárez, en el centro de la ciudad de México, 120 millones de kilos de alimentos se le pudrieron a Pdval en Venezuela. O que así como quedan 9 millones de leones marinos en la Costa Oeste de Estados Unidos, también hay por lo menos 9 millones de armas ilegales en la República Bolivariana de Venezuela. O de la misma manera en que un japonés promedio consume por lo menos 7 kilos de wasabe al año, nosotros también llevamos 7 años esperando que la justicia nos diga quién carajo mató a Danilo Anderson. O que así como el área contaminada por la tragedia de Chernóbil abarcó 150.000 kilómetros, igualmente se calcula que, en nuestro país, durante este periodo gubernamental, ha habido 150.000 asesinatos.

Jugar con los números puede ser peligroso. No se puede mudar la utopía a la publicidad. Ahora el eslogan suena distinto: “La felicidad es nuestra medida del futuro”.

 

 

 
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