EL CIELO ENCAPOTADO…

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
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Chávez es consciente de las tratativas que se desarrollan a sus espaldas

Necesitaba reafirmar su liderazgo; revalidarse ante el país, ante sus seguidores, ante la oposición y, sobretodo, ante los cuadros más encumbrados de la revolución. Su mundo ya no es el mismo. El temor que procreaba está desapareciendo. Su enfermedad ha engendrado una sórdida lucha por la sucesión. Ni los colaboradores más cercanos se eximen de participar en ella. Ninguno esconde sus aspiraciones. Están embriagados por el deseo de reemplazarle: en ocasiones han llegado al extremo de actuar como si él ya no estuviera; como si ya no fuera la única pieza cardinal del “proceso”. Los cambios en su estructura de mando son objeto de cuestionamientos. Por eso no desaprovechó la oportunidad de la presentación de su memoria y cuenta: al hablar durante diez horas, Chávez quiso certificar su existencia, reafirmarse frente a la nación, pero muy especialmente frente a quienes, dentro de su propio territorio, dan como un hecho irreversible el final de la era del comandante.

La transición es el tema que ocupa hoy a los diferentes factores revolucionarios. Jaua, Maduro, Diosdado, Merentes y Ramírez hacen parte de esta intensa discusión en la que Chávez ha pasado a tener un rol casi secundario. Aunque como Franco haga notorios esfuerzos por dejar bien atados los hilos del futuro, no está seguro de que las cosas se harán según su voluntad. El Presidente ha desaparecido del boceto que trazaba el futuro del experimento bolivariano. En la práctica, hasta sus operadores más fieles le tienen ahora como el pasado. Cada mes que se suma en el calendario es uno menos en la espera del desenlace… La larga perorata en la Asamblea Nacional fue un intento por autenticar -de cara al Soberano y a las FAN- las instrucciones que aspira a que se cumplan en el futuro: las más importantes, la observancia de la Constitución Bolivariana y el respeto a un resultado electoral favorable a la oposición, si se diera el caso.

Las diez horas de discurso fueron agotadoras, pero indispensables: Chávez es consciente de las tratativas que se desarrollan a sus espaldas; sabe que las designaciones de Rangel Silva y de Diosdado produjeron estridencias entre los grupos de la izquierda radical opuestos a la militarización del gobierno y de la transición. Sabe que otros segmentos comparten la misma inquietud: que todos aguardan atentos los nombramientos en la vicepresidencia y en la cancillería, y sabe también que el ascenso de otros militares en esos cargos pudiera provocar una fuerte conmoción interna, con efectos en el plano electoral y en toda la gama de situaciones que pudieran sobrevenir a causa de su dolorosa enfermedad… El suspenso late en medio de las sombras: el cielo encapotado anuncia tempestad.

 

 

 
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