El “síndrome Pepe” no es una invención moderna del fútbol

Ha hecho pasar a la historia a muchos jugadores precisamente por la violencia por la que fueron criticados, solo ha mudado de piel o estilismo. Más grave fue el codazo del sevillista Javi Navarro al venezolano Juan Arango, que salió del campo con respiración asistida. Navarro solo recibió tarjeta amarilla.

  • EDUARDO RODRIGÁLVAREZ – Bilbao

 

Pisada de Pepe a Messi

La violencia en el fútbol tiene su historia y su literatura. La primera, negra; la segunda tira de ironía para convertir aquella agresión de antaño en celebrada ocurrencia. Con el tiempo, Pepe, el último maldito del fútbol español, hará bromas sobre sus acciones futbolísticas fuera de la ley. Quizás entonces se sepa si era de los que “pegaba por placer”, como se autodefinía Daniel Passarella, “o de esos mediocres que dentro de la cancha golpean al rival por necesidad”, de los que se reía el único futbolista argentino con dos medallas de campeón del mundo.

El síndrome Pepe no es nuevo en el fútbol, solo ha mudado de piel o de estilismo. La violencia ha estado tan presente que Mario Cejas, el portero argentino del Racing de Avellaneda, Huracán y Santos en los años setenta del siglo pasado, reconocía: “Lo planificábamos todo: la estrategia del juego y la de la guerra. En la charla previa nos designaban un hombre a cada uno, pero no para marcarlo, sino para que supiéramos a quién buscar en caso de pelea”.

El fútbol español acumula muescas de jugadores o jugadas que han pasado a la historia por su violencia o sus malos modos. No en vano a la defensa de Osasuna de los años sesenta se le llamaba el Mau Mau, en honor de la tribu keniana que luchaba contra el imperio británico, y no por sus habilidades diplomáticas, y el Granada pasó a la historia por la tripleta defensiva que formaban los sudamericanos Fernández, Aguirre Suárez y Montero Castillo. Fernández, además, escribió su nombre con mayúsculas con la lesión a Amancio, ídolo nacional y futbolista del Madrid. La obsesión venía de antiguo. “Cuando jugábamos con el Real”, contaba su entrenador, Néstor Rossi, “les dije a los futbolistas que el partido era muy importante, que había que ir con todo. Y Fernández me contestó: ‘A Amancio déjemelo a mí, míster”. “¿Sabe?”, le dijo al periodista, “le dio un patadón en una rodilla que casi lo mata”. Poco después, el 8 de junio de 1974, no lo mató, pero lo lesionó de gravedad.

Aunque, sin duda, la lesión más famosa de la historia, no la más grave, por la agresión de otro jugador fue la de Andoni Goikoetxea a Maradona en el Camp Nou en 1983. El periódico The Times llegó a considerar al central del Athletic el más duro de la historia del fútbol. Sin duda, más que la gravedad de la acción pesó el nombre del damnificado. Goiko siempre fue fuerte y duro, pero a su espalda acarreó la grave lesión a Maradona, que sucedía a otra a Schuster: un currículo demasiado sonoro para pasar inadvertido. “Fueron acciones con el balón en juego y que tuvieron un desenlace desagradable”, recuerda Goikoetxea, que no entiende cómo Pepe solo se disculpa de su acción sobre Messi “si se siente ofendido”. “Estas jugadas han ocurrido siempre por distintos motivos y hay que pedir perdón sinceramente”, añade.

Codazo de Javi Navarro a Juan Arango.

Menos famoso, pero más grave fue el codazo del sevillista Javi Navarro al venezolano Arango. Este sufrió fuertes convulsiones y salió del campo con respiración asistida. Navarro únicamente recibió la tarjeta amarilla. Navarro y Alfaro, central rocoso y médico, figuran en algunas listas negras de Internet que eligen a los jugadores más violentos. Pero, curiosamente, también constan futbolistas distinguidos por su calidad. Fernando Hierro es considerado como un tipo con puño de seda.

“Lo que Pepe le hizo a Messi no es lo más grave que ha hecho en su carrera”, cuenta un exfutbolista del Athletic. “Lo que ocurre es que da la sensación de que los últimos partidos entre el Madrid y el Barça vienen marcados de antemano y se sabe que van a estar surtidos de acciones violentas o desconsideradas. Si eso sucediera en los de otros equipos, acabarían siete contra siete”, matiza.

Agresión de Andoni Goikoetxea a Maradona.

Muchos exfutbolistas piensan que ahora se dan las mismas patadas que antes, “pero son más vistas y analizadas desde todos los ángulos. Antes pasaban más inadvertidas y cada cual asumía su papel: unos sabían que estaban para pegar y otros para recibir”.

El marcaje al hombre puede ser una obsesión que traspase la vida futbolística. Maradona jamás olvidará el del peruano Luis Cachete Reyna en las eliminatorias para el Mundial de México 1986. Le perseguía incluso cuando se agachaba para subirse la media. “Recibí un balón firmado por los peruanos. Y allí estaba Reyna. ¡Con 40 años seguía persiguiéndome el hijo de p…!”, afirmó Maradona. “Un caso como el de Pepe no es la primera vez que ocurre en el fútbol ni será la última”, sentencia Goikoetxea, que aún guarda la bota del famoso y triste partido en el Camp Nou.

 

 
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