LAS TRES VENEZUELAS

Rigoberto Lanz

Rigoberto Lanz


RIGOBERTO LANZ
atresmanosrlanz@gmail.com  

 

A Tres Manos

Miradas múltiples para el diálogo

 

“…Cuando Marcos proclama que las palabras son sus armas, no debemos ni afirmar jubilosamente que nos encontramos ante una `política del significante’ verdaderamente posmoderna, ni tampoco caer en humoradas cínicas sobre lo versado que están los zapatistas en la movilización del poder fetichizante del logos”.

 

Slavoj Zizek: Órganos sin cuerpo, p. 228

 

He insistido en el mapa político de tres sombras con el que debemos leer el país. Esta fórmula se orienta a desbloquear una imagen ­falsa­ que nos induce a visualizar una nación de dos grandes manchas. La demarcación chavismo-antichavismo esconde otras realidades irreductibles a esa geometría.

 

Nos hemos malacostumbrado a percibir la nación en clave electoral. El país que vota, que se embandera, que se pone gorritas y franelas e inunda mitines y caravanas, parece ­sólo parece­ que fuera toda Venezuela. Pero eso no es así. Hay un pilón de gente que está fuera de ese esquema. Son millones los compatriotas que no se sienten convocados por estos rituales electorales (por cierto, rituales estos que llevan siglos de inalterable repetición).

 Las grandes élites (de derecha y de izquierda) creen simplistamente que estos millones de venezolanos son “inconscientes” o “apolíticos” y tonterías parecidas. La brutal realidad es que ese gentío, los que se abstienen, los que se van a la playa y no le paran a nada, los “indignados”, los ladillados, los que están peleados con ambos bandos, los caidos de la mata (una vez alguien me preguntó con cierto asombro: “Epa, mi llave, ¿pa’ qué son esas grandes colas”?), todos ellos constituyen una constelación real que el discurso político convencional no sabe descifrar. Los fanáticos y entusiastas se creen el cuento de que ellos son el país.

 

Eso no pasa sólo en Venezuela.

 

Es más bien una enfermedad de las seudodemocracias donde una pírrica minoría (la que vota, 35% del padrón electoral) deja por fuera a todo el resto y algunos milloncitos más del gentío con menos de 18 años de edad. Saque sus cuentas.

 

Aquí lo importante es constatar que esta Venezuela sumergida no puede ser visibilizada en el disurso político tradicional (de derecha y de izquierda). El conservadurismo reinante ni siquiera sabe de qué estamos hablando. La vieja izquierda maneja unos esquemas mentales tan básicos que resulta completamente incapaz de entender de qué se trata. Todo intento de llegarle a la gente en el formato de la vieja política resultará un fracaso. El mismo desastre que resulta de la pereza imperante respecto de la invención de nuevos modos de gestión política (radicalmente distintos de partidos, sindicatos, gremios, parlamentos, etc.).

 

Ese país sumergido convive allí con los carnavales electorales y demás simulacros de “democracia”. Es una realidad subterránea aplastada por la saturación politiquera. La contabilidad electoral se mueve en la superficie sin ningún chance de conectar con este submundo (invisible, irrepresentable, incontabilizable).

 

No se trata de inventar un partido que pretenda capturar los votos de esta porción del país. Tampoco de conseguirse a una “miss” que le hable bonito a este universo anónimo. El asunto no es “convencer” a la gente como si se tratara de una conciencia inferior que necesita ser rescatada. La cuestión no es tan simple como lidiar electoralmente con los “Ni-Ni”. La primera tarea (del Estado, no del Gobierno o de la partidocracia) es entender el problema, estudiar a fondo esta realidad, conocer psico-sociológicamente de qué estamos hablando cuando nos aproximamos a este inmenso universo de gente que no es caracterizable empleando las categorías anacrónicas de la ciencia política, ni con el discursito de los operadores políticos (repletos de masamorra ideológica y cursilerías).

 

Desde allí es posible ir entendiendo que cuando decimos con altisonancia que la realidad social es compleja, se está nombrando una heterogenidad de tal magnitud que no cabe en ningún formato teórico prefabricado. La gente no percibe “normalmente” esta dimensión de la realidad, los políticos y los científicos sociales tampoco.

 

Lo que es bastante probable es que en cualquier momento esa Venezuela se levante.

 

 

 

 
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