MISCELANIAS

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com 

I

            Durante mucho tiempo, según se acostumbraba decir, el presidente Chávez venía poniendo la agenda política en tanto que la oposición se limitaba a pulsiones reactivas. Esa relación fue cambiando sobre todo desde que la alternativa democrática asumió la candidatura unitaria, emanada de Primarias dignas de ese nombre, y presentó públicamente su programa de gobierno.

La tercera semana de enero trae la novedad de las tornas volteadas: ha sido la oposición la dueña del escenario y autora de las iniciativas importantes, mientras el presidente y su bloque político permanecen sumergidos en una oscura penumbra de prohibiciones, miedos, pugnas soterradas, que ni las largas e incoherentes intervenciones presidenciales han logrado iluminar

            Y ni siquiera es cuestión de disponer de la iniciativa, cosa ciertamente importante, pero lo esencial, la nuez, es lo que se está resolviendo: nada menos que el programa de gobierno, la densificación de la unidad en el marco del pluralismo, como se percibió en el debate organizado por Globovisión, el avance inobjetable de las Primarias y un hecho accidental pero trascendente o inquietante según se mire: la alianza anunciada el martes entre Capriles Radonski y Leopoldo López

II

            Comparando los acontecimientos en una y la otra acera del escenario político, se descubre que los problemas en una corren con los avances en la otra. El contraste no puede ser más llamativo: la alternativa democrática pone las decisiones en manos de los ciudadanos. Todos pueden votar, incluso los amigos del presidente que se animen a hacerlo. La sorna presidencial y sus agresivos denuestos, revelan que jamás imaginó la habilidad de la Comisión Electoral de Primarias en la organización de las “multielecciones” del 12 de febrero. Con todos sus recursos, el CNE, renunció a repetir elecciones de este tipo desde aquel fatídico 28, 28, 28.

Las Primarias ya han sido un gran campo de experimentación. El padrón electoral completo, capacitado y ahora puesto a prueba dentro de escasos días. ¿Y el gobierno, qué hace? La verdad, nada todavía por temor a descuadrar su erosionado movimiento. Prohibiciones, amenazas, aspiraciones bloqueadas, luchas soterradas, avance del militarismo. ¿Cómo colocar todo eso en el área de las decisiones libres?

            Era obvio que la fórmula será la acostumbrada. No habrá primarias gubernamentales, ni siquiera Asambleas normales, pero como frente a la fiesta participativa de la oposición luce más bien grotesco que el presidente imponga los candidatos a punta de dedo, optó éste por disfrazar en algo tan cuestionable procedimiento utilizando el polvoriento cual siniestro método estalinista de la “cooptación”. Stalin decidía pero en algunos casos bajo la fórmula supuesta de escoger candidatos “por los organismos superiores”; vale decir -sin pretender homologarlos- Stalin, Fidel, Chávez.

            Creía yo que la farsa de la “cooptación” había sido borrada de los estatutos comunistas desde el XX Congreso del PCUS, convocado por Nikita Jruschov para “desestalinizar” la sociedad soviética. Pero, para mi sorpresa, leo que no es así, el método sigue vivo e incluso estaba consagrado por si acaso en los estatutos del PSUV. Bajo el temor de que la selección de candidatos ocasionara un caos en el partido, han desempolvado el artículo. ¡Bella demostración de lo que es el socialismo siglo XXI!

III

            El binomio Capriles-López puede ser determinante del resultado de las Primarias. Primero, porque ofrece dos buenas candidaturas al precio de una. Segundo, porque si bien las adhesiones generalmente son poco endosables, en este caso sí pueden serlo dado que ambos provienen o son de la misma cepa. Y tercero, tanto uno como el otro son prestigios en alza. La fórmula electoral que los ponga a correr juntos,  debe ser sinergética. No obstante, muchas candidaturas locales y regionales pueden sentirse afectadas. ¿Serán sacrificadas en el altar de la alianza? ¿De qué modo mediatizarán el alcance del pacto nacional? 

            Pero subsiste otro delicado problema. En el marco de la profunda división político-social  del país y con dudas sobre la no aceptación de una manifestación popular adversa a los intereses gubernamentales, hay que preguntarse lo que deba hacerse para impedir un eventual fraude.

            Diego Arria y Pablo Medina insisten en la conveniencia de convocar la Asamblea Constituyente “antes que atenten contra el resultado de las elecciones” Olvidan, según creo, que hay más de tres largos meses entre la victoria del 7 de octubre y la transmisión de la banda presidencial el 23 de enero; aparte de que la organización misma podría consumir entre 3 y 5 meses adicionales. Si se tratara de amarrar al nuevo presidente o incluso de inhabilitarlo, tiempo no les faltaría. Agréguese un hecho no desestimable: si la MUD se ha asumido defensor de una Constitución vulnerada por el gobierno ¿cómo es que promueve una Asamblea Constituyente, cuya naturaleza  consiste en derogarla total o parcialmente?  Es una señal confusa, contradictoria, no descartable por supuesto en otro contexto.

¿Qué hacer entonces? Lo primero, defender la eventual mayoría electoral mediante la movilización popular, conforme al ejemplo de países de Europa, la Península Arábiga y Latinoamérica.

La violencia, las protestas populares, la inflación, el desempleo son fenómenos de cuya radicalización dan cuenta cifras irrebatibles. El hervidero social alimentaría la lucha por la democracia. El bloque gubernamental podría no soportar el embate popular si incurriera en usurpación.

No hay recetas para tomar decisiones que resguarden con efectividad los fueros de la democracia, pero el mundo nos habla de pueblos enfrentando con éxito a poderes superarmados, cuando se tocaron sus derechos y libertades fundamentales.

Difícil sería pero no imposible.

 
Top