COOPTACION

Américo Martin

Desde la cima del Avila
Américo Martín
@AmericoMartin

amermart@gmail.com

I

Les arrebataron el derecho de elegir y ser elegidos. En reconocimiento de que “la masa no está para bollos”, optaron por designar a dedo sus candidatos: el presidencial, ya autonombrado, y los gobernadores y alcaldes. Este despojo recibe el nombre de “cooptación”, arma del fascismo y del estalinismo que después de la Guerra Mundial había caído en desuso incluso en los partidos comunistas de occidente. Era imposible someter por más tiempo a  militantes experimentados que querían expresarse y elegir.

El infame recurso permaneció para las únicas situaciones en las que sería racional: épocas de clandestinidad y persecución. ¿Quién cometería la imprudencia de hacer elecciones abiertas en tiempos de Hitler? Fuera de esos momentos  excepcionales, la cooptación fue repudiada por inhumana y arbitraria. Verla de nuevo en la palestra, aplicada por gente que está en el poder, descubre que las primeras víctimas de la autocracia son los militantes del oficialismo.

El PSUV no ha logrado consolidarse como partido y no es probable que lo logre. El dominio del presidente parece  irreversible. Ese dato arroja luz sobre la creciente pugna en el seno del chavismo; lo que tienen en común es el ritual: el líder ha de ser cumplimentado sin pausa; ninguna pretensión personal o grupal prosperará sin o contra su voluntad.

II

No prevalece en el PSUV  alguna ideología sustantiva, más allá de  frases resonantes que quieren pasar por tales. El socialismo siglo XXI cobró influencia pasajera en la militancia, feliz de disponer por fin de textos sistémicos, pero desde que el profesor Dieterich devino crítico de Chávez, ha desaparecido de la retórica oficial. Sin homogeneidad derivada de sistemas de ideas, prácticas democráticas y diálogo, la unidad depende de la homogeneidad alrededor del presidente. Vínculo emocional que no puede saciar la aspiración a una identidad definida en un movimiento que la busca apasionadamente. Y sin embargo, no siendo propiamente partido, el PSUV se mantiene con esa droga humillante que lógicamente provoca reacciones excluyentes. El lamentablemente fallecido diputado Carlos Escarrá comparó a Chávez con “un sol”. “Los demás somos satélites que giramos a su alrededor, iluminados por su luz”. Adhesión servil ésta, conviviendo con un descontento manifiesto en textos de irritación y sarcasmo, como los publicados en espacios de Aporrea por César Dorta y Javier Biardeau:

“Real-politik mata a principios escuche bien compañero-camarada-combatiente. Usted, ¿es disciplinado y obediente? Si sigue con la vaina a usted le sale tribunal disciplinario. El poder por encima de la ética socialista. La corrupción del poder por el poder mismo. Hagámonos todos los pendejos. ¡Que viva la cooptación!”

Permítanme acotar que la cooptación se refería a ascensos a organismos superiores por designación digital de estos. Ahora es peor: se trata de los candidatos para las próximas elecciones. Es un bárbaro despojo que convierte a los militantes en soldados de un ejército prusiano. No sólo deben acatar la castración sino que han de aplaudir fervorosamente al supremo jefe. “Mentalidad sumisa”, dice con desprecio el profesor socialista Javier Biardeau

En cambio, el analista y dirigente del PSUV Nickmer Evans, reconociendo que la cooptación “no cae bien a una base ávida por participar”, la justifica alegando vagamente que “la decisión debe ser tomada por el líder fundamental” Deidad summa, digamos.

 

III

 

El más bruto entenderá que para un aparente partido como el PSUV la celebración de la consulta primaria liberaría demonios, pese a disponer de todas las ventajas y recursos que proporciona el mando. En nombre de la revolución todos han de obedecer al Gran Timonel so riesgo de expulsión. Es el único que conoce los entresijos de la verdad y a quien no aplica el principio de la igualdad, contenido en la Constitución y los Estatutos del partido. Todos somos iguales, dice el cochino mayor de la granja de Orwell: “pero unos somos más iguales que otros”.

Si la disciplina broncínea es la única manera de preservar el partido de gobierno cuando menos hasta las elecciones, la democracia más amplia es la única manera de preservar la unidad de la oposición hasta y después de las elecciones.  Sin que deban arriar banderas, los diferentes, los descontentos, los críticos  no son alejados sino llamados.

Aquellos arrebataron los derechos electorales, éstos los devuelven a todos, incluso a los oficialistas que quieran votar en las primarias convocadas por la MUD. Votación universal, directa y con plena garantía del secreto. Todos son iguales, los votos se cuentan, no se pesan.

Es la unidad a la fuerza contra la unidad consciente y libremente decidida. Un contraste que se refleja en la forma como ambas partes están encarando el reto. El silencio temeroso y amenazante, sumiso y de rebeliones soterradas en la acera gubernamental, y la fiesta de participación y certificada libertad en la acera opositora, para que cada uno desembuche lo que lleva por dentro.

La adhesión sumisa impuesta por el gobierno explica la parálisis y zancadillas en ciernes en el PSUV, frente a la creatividad e iniciativa desplegadas en la oposición. ¿A quién seguirá el venezolano no comprometido? Probablemente al que respeta sus derechos y le ofrece opciones variadas dentro del programa básico.

Por eso en muchas cabezas baila la sospecha del posible desacato a un resultado adverso al presidente. Cuando voceros del gobierno creen emplazar a los candidatos democráticos exigiéndoles reconocimiento de resultados que no se han producido, lo hacen para velar el hecho de que son ellos los emplazados.

En todo caso, no importa. El pueblo será suficiente para hacer respetar la voluntad soberana.

 

 
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