De la Unidad Afectiva a la Unidad Democrática

Carlos Ochoa

Mercuriales
Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

 

La idea de construir una unidad afectiva para luego pasar a la unidad democrática puede compararse, salvando las diferencias históricas con la estrategia que en 1958 plantearon Betancourt, Caldera y Villalba para darle forma democrática y estabilidad al proyecto de país que siguió a la dictadura.

La alianza de Henrique Capriles y Leopoldo López representa un paso adelante en la vuelta a la política de las ideas en Venezuela. Entre los dos jóvenes candidatos hay más afinidades que contradicciones, ambos crecieron bajo la sombra inspiradora del socialcristianismo y militaron juntos en Primero Justicia que es un partido que intenta colocarse en el centro político. De alguna manera, la propuesta de Henrique Salas Römer de crear una unidad afectiva con los factores socialcristianos para competir con la socialdemocracia por la candidatura presidencial que enfrente a la izquierda retrograda de Chávez ha tomado forma, y le está aportando a la campaña de las primarias, hasta ahora carente de profundidad discursiva en el plano ideológico, una espesura épica.

La estrategia de construir primero una unidad afectiva que reagrupe ideológicamente las partes afines que se desunieron por el tsunami que barrió los partidos democráticos cuando tomaron el camino de la improvisación en 1998, para luego de consolidada la unidad afectiva pasar a la unidad democrática que enfrente a Hugo Chávez, puede compararse salvando las diferencias históricas con la estrategia que en 1958 idearon Betancourt, Caldera y Villalba, para darle forma democrática y estabilidad al proyecto de país que siguió a la dictadura.

La transición venezolana hacia la reunificación del país se ha comparado con la transición española y chilena, y hasta se ha planteado  encontrar el Adolfo Suárez o al Patricio Aylwin que lleve en paz un proceso que no va a ser fácil, puesto que no se trata de un simple cambio de gobierno con una cohabitación sin confrontación  con el chavismo.

En 1958 los partidos democráticos incluidos el Partido Comunista venían de una resistencia heroica  al gobierno militar de Pérez Jiménez. En la clandestinidad, la cárcel y  el exilio forjaron las unidades afectivas que permitieron posteriormente conformar la unidad democrática superior que le dio rostro y continuidad al proyecto democrático. La exclusión del Partido Comunista del acuerdo de “Punto Fijo” se produce por la definición de la política de alianzas de las unidades afectivas representadas ideológicamente por la socialdemocracia  de Acción Democrática y Unión Republicana Democrática y el socialcristianismo representado por COPEI.

Para que la unidad afectiva pueda elevarse a la unidad superior democrática y enfrente el proyecto izquierdista militarista de Hugo Chávez, el polo socialdemócrata de Pablo Pérez y el polo socialcristiano de Capriles Radonski, que son los que aparecen con mayor opción, tienen que asumirse ideológicamente en sus diferencias y coincidencias con la propuesta que representa valientemente María Corina Machado, y las verdades del tamaño de una catedral que están declarando Diego Arria y Pablo Medina.

La coincidencia principal es que en este país cabemos todos, no habrá exclusión en la transición, después de todo la lección del 23 de enero de 1958 todavía está fresca en los murales de la historia.

 
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