LEER Y NO LEER *

Milagros Socorro

Milagros Socorro

MILAGROS SOCORRO
msocorro@el-nacional.com  

 

La lectura cincela la voz del lector. Esas horas de silencio, esos instantes de apartar el libro y frotar los ojos, van configurando una dicción. La lectura es la otra comarca donde nacemos y crecemos. Cualquiera puede remedar un acento regional, pero nadie puede hablar “como si leyera”, porque la lectura trabaja la garganta del alma.

Un hombre puede amanecer rico por esos golpes de fortuna (o de oportunismo). Pero ni el más poderoso puede adquirir esa escultura de la voz que exhiben, generalmente con gran sencillez, quienes han confiado gran parte de su vida al susurro de las páginas.

Quien no lee es susceptible de desarrollar un rechazo por esta actividad, que, ciertamente, nos sustrae del mundo y es muchas veces inútil. Algunos no lectores ven un libro con la obstinada pereza con que el sedentario contempla, desde el pie de la montaña, la cima del Himalaya.

Aristóbulos Istúriz, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional.

Y hay otros que tienen franco rechazo a esta actividad, lo que, naturalmente, se refleja en los sonidos que emiten. Ese rebuzno atiplado del diputado Aristóbulo Istúriz, por ejemplo, no se forjó en su fonación ni en su devenir vital, sino en su contumaz exilio de la lectura. El primer vicepresidente de la Asamblea Nacional no lee y tiene por blasón no hacerlo a toda costa. Seguramente atribuye su éxito en la vida a la tosquedad de su oratoria y no quiere arriesgar lo que ha ganado que, según se dice, es mucho.

Este lunes, 23 de enero, al concluir la presentación de los Lineamientos del Programa de Gobierno de la Mesa de Unidad Nacional (2013-2019), de exactamente una hora de duración, Aristóbulo Istúriz se apresuró a declarar que el acto había sido “un fraude”, porque él “había comprado papitas y cotufas” para apoltronarse frente al televisor y resulta que el documento no fue recitado en pantalla. ¡Tendrá que leerlo él y eso sí que no! El alto cuadro del PSUV esperaba un resumen televisivo, preferiblemente con muñequitos, cabe suponer, de un texto de 170 páginas, completado tras 4 años de trabajo, con la participación de 31 asociaciones y más de 400 especialistas.

El resultado es un marco de acciones específicas, que orientarán los procedimientos del nuevo gobierno federal y descentralizado, que garantice “la mejor gestión posible y la más efectiva para atender los problemas de los venezolanos”, como explicó Marino González.

No hay en esa extensa minuta una sola línea de retórica. Mucho menos, catecismo personalista o paradas en la exaltación de sistemas anacrónicos y fracasados. Político es, sin duda alguna; y desde una perspectiva política contempla todos los aspectos del país. No hay un solo asunto venezolano que haya quedado fuera de este inventario del futuro.

La Mesa de la Unidad parte de la certeza de que, al instalarse el nuevo gobierno, debe comenzar a trabajar desde el primer instante. Sin titubeos. Sin ensayos que sigan desmedrando al país. Y sin detenerse demasiado en el relato de los graves males que ha causado la administración saliente.

 

 

Para eso, esta cartografía del porvenir despacha los desmanes del régimen como asunto del pasado a superar: “El actual Gobierno ha traicionado el acuerdo social que rige a los venezolanos desde 1999. Ha violado constantemente la Constitución, irrespetando la separación de poderes, pisoteando la participación, inclusión y pluralidad. Como consecuencia, nuestra administración pública ha experimentado gran deterioro y atraso. Hemos vuelto al modelo centralista, burocrático y corrupto… La discrecionalidad en el manejo de los recursos… Las alarmantes cifras de homicidios, la alta tasa de desnutrición en niños… En el ámbito internacional, las iniciativas del Gobierno no han podido ser más nefastas…”.

A renglón seguido, queda consignado un nuevo país “reconciliado, con institucionalidad democrática fortalecida y con la Constitución de 1999 reivindicada”. Este es el dintel de los lineamientos, que son imposibles de resumir, porque son iniciativas concretas, en las que nada sobra.

Y lo que falta de seguro provendrá del debate, de aportes serios, provenientes de gente seria. No de quienes le corren a la lectura como, según Jardiel Poncela, los campesinos búlgaros huyen de la vacuna.

Allí está lo importante, lo urgente, lo posible y lo impostergable.

Pero, claro, hay que leerlo. Será un libro de consulta para la próxima década. Está disponible en www.unidadvenezuela.org.

 


* Título original: LEER

 
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