COLONIALISMO, SIGLO XXI

Simon Alberto Consalvi


SIMÓN ALBERTO CONSALVI
sconsalvi @el-nacional.com  

El primer campanazo lo dio la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, conjuntamente con el FIDA, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, fundado en los años setenta por iniciativa, entre otros países, de Venezuela. (Sí, de Venezuela, en los tiempos en que nuestra política exterior estuvo a la vanguardia de los países en desarrollo). Alarmados por las masivas adquisiciones de tierras en África y otros continentes por Estados poderosos o capitales extranjeros, ambos organismos encargaron al Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo un estudio en profundidad sobre un inesperado fenómeno que amenazaba a millones de seres humanos con ser despojados de sus recursos naturales, la tierra y el agua, en otras palabras, de la fuente de sus propios alimentos. Como si regresaran, con otros nombres y otras tácticas, los oscuros tiempos del colonialismo imperial.

A partir del estudio, la cuestión dejó de ser tabú, y forma parte del debate internacional. Los venezolanos no podemos ni debemos ser ajenos ni cerrar los ojos, y menos en una etapa en la cual predomina el hermetismo oficial en las negociaciones con otros países. El hecho de que naveguemos en la oscuridad, no nos exime ni podemos cruzarnos de brazos. La adquisición masiva de tierras en África, América Latina y el sudeste asiático por parte de Estados o corporaciones multinacionales forma parte de las estrategias frente a la crisis alimentaria, la volatilidad de los precios, los fenómenos naturales de sequías o de tormentas y, en algunas naciones poderosas como China, de la creciente demanda de sus habitantes.

El informe de la FAO investigó la tenencia de la tierra en 17 países de América Latina y el Caribe, y son México, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, República Dominicana, Trinidad y Tobago, y Guyana. No figura Venezuela, y no conozco la razón. (Imagino que no fue permitido, porque “estamos en revolución”, y la santa palabra basta).

Otro estudio (de los tantos que se pueden consultar en Internet) lo llevó a cabo la Coalición Internacional de Tierras, que reúne a 40 organizaciones.

Sus campanazos se oyen en todo el mundo. En éste se advierte que, aparte de la producción de alimentos, la adquisición de tierras tiene también otros propósitos. De los 71 millones de hectáreas negociadas, anotan, 22% fue para la minería, el turismo, la industria, bosques, y biocombustibles. De modo que el fenómeno, al incluir las minas, por ejemplo, adquiere connotaciones de orden más complejo.

Según se lee en los papeles de la FAO, dos fueron los países latinoamericanos más seducidos por los nuevos conquistadores: Brasil y Argentina.

Paradójicamente, países de avanzada, no desprovistos de políticos avizores ni de instituciones que los defiendan.

Además de Estados y corporaciones, personajes, como el magnate de los medios Ted Turner, y actores, como Sylvester Stallone o Tommy Lee Jones, figuran entre los poseedores de tierras en Argentina. 

Esto ilustra la diversidad de la clientela, pero la inquietud la desataron países como China, Corea del Sur y Arabia Saudita. Si las campanas sonaron un poco tardíamente, las respuestas no esperaron.

En Brasil, en 2010, el presidente Lula da Silva tomó medidas para controlar la adquisición de tierras por agentes extranjeros. Ninguno puede tener más de 5.000 hectáreas, según la región, y en total no pueden superar 25% del territorio. Quizás 25% del territorio de un país en manos extranjeras sea exagerado, pero la diversidad, o sea, el hecho de que individualmente sólo se pueden adquirir 5.000 hectáreas (y dependiendo de la región), explica la generosidad de Brasil.

La reacción de Argentina, bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, fue más estricta. En diciembre de 2011, el Congreso ­Gobierno y oposición­ limitó las compras de tierras por parte de Estados, corporaciones o individuos extranjeros a un máximo de 15% del territorio. Se sabe que es uno de los países con mejores tierras para la explotación agrícola, con abundancia de aguas. Evidentemente, tierras muy atractivas para los conquistadores. Según la FAO, ya 10% del territorio está en manos extranjeras. La legislación no los afecta, pero limita sus planes de expansión. El mensaje es claro: “Compren alimentos, pero no tierras”. 

En discusión está, además de las adquisiciones de tierras, la cuestión de los alquileres o de otras metáforas que podrían tener efectos análogos. Un consejero de la FAO advierte: “Los gobiernos de la región deben encontrar formas de asegurar que los procesos de concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria”. Pidiendo perdón por la imprudencia, pregunto: ¿Qué sucede en Venezuela? Según cable de Efe, publicado por El Universal el viernes 27 de enero 2012, “China apoyará desarrollo de 600.000 hectáreas agrícolas”. ¿En qué consistirá este “apoyo”? ¿O estamos frente a una utilización poco ortodoxa del lenguaje?

 

 

 

Un Comentario;

  1. Maria E. Mayer said:

    Por favor canciller, siga informando sobre lo de la inversión china en Venezuela

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