En memoria de mi tío

Oswaldo Álvarez Paz


OSWALDO ALVAREZ PAZ
oalvarezpaz@gmail.com 

 

Jesús Ángel Paz Galarraga era mi Tío. Lo enterramos la semana pasada. Mi madre, su única hermana, lo antecedió en el camino a la eternidad. También su esposa, nuestra siempre recordada Victorita. Ahora están todos juntos, incluido mi padre quien partió primero, hace ya algunas décadas. Durante mucho tiempo las dos ramas de la misma familia vivimos juntos. De allí la estrecha relación entre los hijos de ambas. En definitiva somos unos primos hermanos más hermanos que primos. Tuvimos la inmensa fortuna de crecer con dos padres y dos madres que no regatearon esfuerzos y sacrificios para darnos una formación adecuada.

Jesus Paz Galarraga

Cuando circunstancias de la vida y de la política me obligaron a abandonar físicamente Maracaibo, tuve la fortuna de encontrar en Caracas, durante varios años, el techo y el calor humano que tanta falta me hacían en aquellos momentos. Mi Tío era el Secretario General Nacional de Acción Democrática y yo el Secretario Nacional Juvenil de COPEI. Era la época de Raúl Leoni como Presidente. Hubo momentos de coincidencias felices. En una parte de la casa ocasionalmente se reunía la alta dirigencia adeca y en otra la dirección juvenil copeyana. El respeto fue siempre la norma que rigió nuestras estrechas relaciones. Salí de su casa cuando monté la mía, a raíz de mi matrimonio.

Mi Tío era toda una leyenda de la política venezolana. Eminente médico pediatra abandonó todo en la lucha frontal contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Sufrió exilio, conoció los peligros de la clandestinidad y por más de siete años estuvo en los calabozos de la Cárcel de Maracaibo en Bella Vista, después Retén Policial y luego convertido por mí cuando era Gobernador, en Museo de la Gaita. Durante los años de prisión la familia estuvo presente los martes en la mañana, día de visita. Allí pasamos las navidades y recibimos los años nuevos junto a la enorme parentela de todos los “procesados militares”, como le decían a los presos políticos.  Hombres recios y honestos, todos, a quienes aprendí a querer y respetar desde muy niño. Inolvidables para mí son, tanto la tristeza por el plebiscito de diciembre de 1957 y el fracaso del alzamiento militar del 1° de enero del 58, como la enorme alegría vivida en la casa en la madrugada del 23E-58 cuando la voz del Contralmirante Wolfgang Larrazabal Ugueto anunciaba la caída de la dictadura y el retorno a la democracia y la vida en libertad. Recuerdo la salida de los presos llevados en hombros del pueblo hasta la Plaza de la República.

Luego vino la normalización de todo y el ascenso a las alturas del poder político en los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. La ruptura de mi tío, años después, con Acción Democrática y la fundación del Movimiento Electoral del Pueblo. Tuvo mucho poder en sus manos. Senador del Zulia varios períodos. Murió a los 92 años tal como vivió. Consecuente y honrado. Para mi era un tío-padre. El vacío es enorme. La familia se reduce. ¡Ahora los “viejos” somos nosotros!

 

 

 

 
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