EL VOTO ES VIDA *

Alberto Barrera Tyszka

ALBERTO BARRERA TYSZKA
abarrera60@gmail.com 

 

Entre las fastuosas celebraciones del intento de golpe del 4-F y las primarias, hay un abismo. Dos experiencias radicalmente distintas.

 

Un desacuerdo que construye unidad

 

Desde hace ocho días tengo una pesadilla espantosa: me despierta Clíver Alcalá. Ahí estoy yo, de lo más dormido, medio acurrucado, cuando de pronto aparece el general, con cara de Rambo a punto de invadir Nicaragua, y me sopla unos gritos en la cara: “¡Barrera!”. “¡Despiértate!”. ¡Un-dos-tres-cuatro…!”.

 

“¡A levantarse, carajo!”. Alguna madrugada, incluso, me toca trompeta en el oído. “¿Qué pasó, Barrera?”. “¡A marchar!”, dice luego, alzando la voz, dejando que la erre repique largo rato en su paladar. Me ha tenido toda la semana en eso. General para acá, general para allá. Y Barrera así, aquí y allá, pensando que ya no duermo en calzoncillos sino en uniforme, despertando y corriendo, mirando para todos lados, desorientado, escuchando himnos de guerra y nombres de fusiles, sintiendo cómo, poco a poco y cada vez más, quieren que pensemos que el país es un cuartel.

 

Yo todavía soy de los que piensan que es mejor votar que desfilar. Para eso existió, por suerte, este domingo. De un fin de semana a otro, entre las fastuosas celebraciones del intento de golpe del 4-F y las elecciones primarias de la oposición, los venezolanos tenemos la oportunidad de asistir a dos experiencias radicalmente distintas, a dos proyectos de futuro diferentes. El verdadero debate que tanto claman algunos tal vez respira justamente en este vaivén. El sábado pasado, se nos invitó a celebrar la violencia. La fiesta eran 12.000 hombres, armados con material de guerra, dispuestos a correr debajo de una etiqueta, comprometidos con la utopía de obedecer. Del otro lado, este domingo, asistimos a una elección. Es un acto civil, donde cada quien obedece a su propio gusto o decisión; es una experiencia irregular y diversa, maravillosamente impura, donde el desacuerdo produce la unidad. Tiene esa complejidad. Se parece más a la vida. Es una fiesta donde los protagonistas son las posibilidades de elegir y no las armas.

 

El verdadero debate

 

Más que una batalla ideológica, más que el supuesto antagonismo entre socialismo y capitalismo, más que un enfrentamiento entre el imperio y el poder nacionalista… el verdadero debate que de fondo se mueve ahora en el país tiene que ver con la pugna entre estos dos modelos. Estamos ante un grupo que pretende imponerle al resto de la sociedad sus propios intereses, sus maneras y sus pasiones, su modelo autoritario, que desprecia la experiencia civil y que propone un nuevo tipo de sociedad disciplinada, bajo el mando eterno de un único comandante. No importa mucho lo que se diga.

 

Para el oficialismo, más allá de Chávez no hay discurso.

 

“No hay ideología. Sólo hay organizaciones de poder”, sostenía Gilles Deleuze. El sábado pasado, el general Clíver Alcalá lo ha refrendado. No hace falta saber demasiado del Libertador. Basta con asomarse al Discurso de Angostura: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandar; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Es el Bolívar clandestino. El que jamás cita el poder. Y con razón. Ellos también lo saben: es imposible ser bolivariano y chavista al mismo tiempo.

 

Un amigo me llama y me pregunta si voy a votar este domingo. Lo pregunta como insinuando que no es fácil salir un domingo. Son días que huelen distinto, hay otra luz, la cama siempre está abierta.

 

Son días descalzos, algo así quiere decirme. También me habla de su mujer. Es una pesimista profesional. Una radical que es incapaz de aceptar al otro, de entender que haya gente que genuinamente apoya al Gobierno. Luego me habla de un vecino, de un cuñado… Va sumando reparos, excusas. De repente siento que es parte de un club de achantados. ¿Salir un domingo? ¿Ir a votar? ¿Para qué? Desde hace días tengo una pesadilla espantosa, le digo.

 

Es lo primero que se me ocurre. La primera línea de este domingo. No le hablo sobre la fortuna que ha entrado al país en estos años. No menciono los precios del petróleo y la inflación, los niños que mueren en los hospitales, las toneladas de comida podrida, los damnificados.

 

No. Sólo agarro la primera angustia que salta del frasco.

 

Se la suelto. El general Clíver Alcalá citando a Bolívar, en la coronación de Chávez. La retórica militar flotando espesamente sobre nuestro territorio, sobre nuestros símbolos, sobre nuestras rutinas.

 

Esta violencia que vamos siendo. Que está en las palabras y en las calles. Que se respira en todo. Que no tiene control. Eso le digo. Y le cito nuestras estadísticas de balas y de sangre. En este país que, cada día, tiene más armas y más muertos, el voto es vida.

 

Versión actualizada

 

 

 



* Título original: NO TE QUEDES SENTADO

 

 

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