LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

Américo Martin

Desde La Cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin

 

 

I

            Los medios nacionales e internacionales divulgaron las impresionantes primarias organizadas por la MUD y su CEP El triunfo de Henrique Capriles Radonski fue muy holgado. Obtiene un  mandato claro, que ya está cumpliendo. En puridad no puede decirse que sus rivales hayan perdido; antes bien, también ganaron, y con ellos ganó el país. Para no dejar las bellas ideas en el papel, los aspirantes decidieron “vivir” la democracia como parte muy suya. Y ese es uno de los significados de las primarias del domingo: la elección fue encomendada al pueblo mismo, a todos los electores incluidos en el Registro Electoral. Quiere decir que hasta seguidores del presidente Chávez pudieron ejercer el humano derecho de elegir en estas Primarias. Más flexibilidad y tolerancia, imposible.

            Con más de 3 millones de sufragantes, las primarias impusieron un record mundial de participación que, para complicarle el trabajo a las salas situacionales del gobierno, se concentró geográficamente en el oeste y el este de Caracas y homogéneamente en las ciudades y centros poblacionales del territorio nacional. Más importante aún: fue una obra de todos, absolutamente todos los estamentos sociales. Ya no es posible sostener el mito de la influencia democrática confinada en las clases superiores. Es un fuerte indicio de la amplitud de la disidencia.

            La amplia ventaja de Capriles ha facilitado enormemente la unidad. Nadie impugnó los resultados, que de haber sido estrechos hubieran provocado legítimos reconteos. La inmediata conformación de las manos alzadas de todos los aspirantes, incluido Leopoldo, ha proporcionado un robusto mensaje que fortaleció la unidad con lazos de acero.

II

            Relacionados con las primarias, hay otros sucesos difíciles de pasar por alto. Los colectivos paramilitares del 23 de enero fueron desbordados por el deseo de cambio del pueblo y han ido perdiendo conexión espiritual con el presidente que los armó hasta los dientes. Los militares del Plan República tuvieron un comportamiento impecable, aliñado con gestos amistosos y recíprocos. Nada que ver con el obsesivo empeño del presidente de venderle a la Fuerza Armada la falacia de que la alternativa democrática quiera disolverla o entregarla a un poder imperial. En esta ocasión nuestros militares pudieron sentirse seguros de que Capriles y el nuevo liderazgo, les garantizarán su desarrollo institucional y operacional, al servicio de Venezuela y no de un partido o un caudillo. Será el gobierno democrático el que no permitirá que la FA sea sometida a la presencia ominosa de militares fidelistas en todas las áreas estratégicas.

            No faltó quien especulara sobre cierta supuesta arrogancia de Capriles. Sería determinante de un desapego suyo de los compromisos unitarios firmados en actos formales de la Comisión Electoral de Primarias. En su momento, me permití dudarlo. Capriles ha demostrado buen criterio político. No sería presidente sin conservar la más estrecha relación con la unidad laboriosamente forjada y con los electores que lo elevaron a su actual condición. Y es exactamente eso lo que ha ratificado desde el mismo momento de su victoria, a lo que debe añadirse la reacción entusiasta de los otros aspirantes, además de la de un campeón de la unidad como Antonio Ledezma. Todos han conformado una sólida instancia liderada por el ahora candidato presidencial.

III

            Vamos a los activos intangibles. La frontera entre la alternativa democrática y el psuvismo descontento parece haberse hecho porosa. Posiblemente algunos oficialistas hayan votado o hubieran querido hacerlo en las primarias. Al fin y al cabo en su partido fueron despojados del humano derecho de elegir, en una vecindad en la que en la otra acera se escenificaba un festival democrático de participación. Mientras más se militariza la opción oficialista, mientras más se concentran los poderes en la cumbre y se desarrollan grupos hostiles en lucha por los espacios del partido, más relegados son los militantes honrados, los idealistas y los que simplemente quieren trabajar por el bienestar del pueblo. Capriles tendrá el honor de abrirles caminos y estructurar una invencible unidad mayor.

            La fuerte competencia, la gran participación ciudadana, proyectaron la imagen de los aspirantes, sus ideas, sus líneas programáticas. Ya a nadie se le ocurre decir que no hay en la oposición “un candidato” capaz de enfrentarse a Chávez. Hay uno ya, Capriles Radonski, y varios más amolados durante la campaña de las primarias. ¿Quién postuló a Chávez? Sólo él, sin consultarle a nadie y fuera de las instancias partidistas. ¿Quién postuló a Capriles? Tres millones cien mil ciudadanos conscientes, que fueron a votar sin que nadie los ofendiera pagándoles el esfuerzo.

            Es una lacerante verdad que ha devuelto la fe en la victoria y ha convencido a los observadores internacionales. Se fueron de Venezuela con la sensación de haber presenciado algo histórico y ejemplar.

            El gobierno en declive y la democracia en alza. A meses de la gran confrontación electoral, Capriles luce aureolado de victoria y Chávez lleva la marca de la derrota cuidadosamente dibujada en la frente.

            No es sólo un enfrentamiento de dos púgiles. 17 candidatos a gobernadores y 250 alcaldes fueron también elegidos por mayorías organizadas. Capriles será el líder de este ejército ciudadano de origen popular que me hace evocar a Júpiter, Vulcano y Minerva. Sufría el supremo dios olímpico de un agudo dolor de cabeza y ordenó a Vulcano que de un hachazo se la abriera. Así lo hizo. De su cabeza salió Minerva, armada y completa.

En cambio Capriles y su fuerza civil salen legitimados del corazón del pueblo.

 

            

 

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