Le dieron un revolcón

La Pequeña Política
Espantapájaros
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“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”

Escrito para gente inteligente

 

Las Revoluciones

Hoy no sé si hablarles de Águila Uno o del pajarraco mirandino, pero mejor hablo de los dos… y del revolcón. Pero primero déjenme decirles que me siento muy bien, y los campesinos de estos lares parece que también. Aunque tienen sospechas de que algo grande puede ocurrir y eso los tiene un poco intranquilos.

Me explico. El campesino es por naturaleza humilde y en política aprovecha lo que le den, a sabiendas de que de todas maneras debe madrugar para coger agua clara y también para poder comer bien. Son gente de trabajo y no de misiones, aunque a quien les quiera regalar algo se lo reciben y le dan las gracias. Pero hablemos claro, el campesino sobre todo lo que quiere es vivir tranquilo, con su mujer y sus muchachos, jugar su partida de bolas los sábados o de dominó, echarse una cervecita y estar siempre cerca, muy cerca de los elementos y, claro, poner de cuando en vez la oreja en tierra para estar pendientes de cualquier revolcón.

Después de todo, Venezuela luego de la Independencia, que en sí fue una revolución, ha tenido revoluciones a montón. Recordemos algunas, y si me olvido de alguna, Uds. por favor me ayudan y me completan la lista.

Tuvimos la Revolución de las Reformas, encabezada por Mariño y Briceño Méndez; la Revolución de Marzo, capitaneada por Julián Castro: la Guerra Federal; la Revolución Azul de los Monagas; la Revolución Liberal de Guzmán Blanco; la Revolución Reivindicadora del mismo Guzmán; La Revolución Libertadora, del porteño, Manuel Antonio Matos; La Revolución Restauradora de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez; la Revolución de Octubre, capitaneada por Rómulo Betancourt y los adecos; la Revolución del ’48, encabezada por Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez; y ahora la Revolución de las Tres Raíces, encabezada por Hugo Chávez que, como en los buenos matrimonios, existirá hasta que la muerte los separe. Total que con tantas revoluciones, los campesinos se han puesto zamarros. No les cuesta cambiarse la ropa, o de franela cuando escuchan o sospechan escuchar el crepitar de los cascos y tal parece que los están escuchando.

 

Los desvelos de Águila Uno

De allí que Águila Uno, que es de por allá, de Barinas, donde hay campesinos por bojote, se haya puesto tan nervioso el darse cuenta del carajinal de votos que sacaron los candidatos de la “UD” el domingo pasado. Si, así, de la “UD”, porque ni Mesa necesitaron para salir a votar. Y tiene razón Águila Uno. “Es el peor error de mi vida”, dicen que gritó, cuando vio ese gentío haciendo cola y recordar  que tuvo en sus manos la posibilidad matar a Capriles en la raya con el TSJ, y lo dejó pasar, pensando que el pajarraco León, habilitado por la Corte de los Derechos Humanos le quitaría la mitad de los votos y así, con el pajarraco zuliano, apoyado por las viejas maquinarias, terminaría la tan mentad MUD en TRES TOLETES, así, con T mayúscula, convertida en la TTUD.

Cierto, Águila Uno, te equivocaste, metiste la pata, no supiste leer lo que era obvio, que eres popular por los reales que estás repartiendo, y olvidaste que música paga no suena. Y así como la gente está contenta, así también sabe que esto no es para toda la vida e intuye, eso siento yo que penetro sus neuronas con mis poderes especiales, que tu revolución si no se acaba para octubre con tu enfermedad, se acaba diciembre con las divisiones, y si no se acaba en diciembre con las divisiones se acaba en marzo o abril de muerte natural, igualito que las demás revoluciones.

Total que el pajarraco Mirandino, ahora convertido, cuando mínimo en un halcón surfeador, se ha montado en la cresta de la ola, y ahora es que vas a tener que remar, Águila Uno, para poder contener, no su embate, no su empuje, no su arrojo, sino todo eso y además, la voluntad de un pueblo que de tanto oírte hablar y hablar, quiere poner en el coroto a alguien que se ponga a trabajar y trabajar.

 

Los resultados

Este domingo pasado todo el mundo ganó, eso creo yo, viéndolo sin apasionamiento, desde aquí en mi lomita del descampado. Quien no ganó el premio mayor, ganó alguno de los premios menores, y algunos no son tan menores. El único que no está contento es Águila Uno y con razón. Por aquí veo a los campesinos contentos pero con lo oreja pegada al suelo. Presienten que algo importante va a ocurrir. Y los que me tienen más confianza me dicen al oído que la masa no está pa’ bollo, al menos para Águila Uno, porque su revolución ya no tiene tanta gente y le dieron un revolcón.

 
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