LOS DIOSES CIEGAN A QUIENES QUIEREN PERDER

JESÚS HERAS – 

Tema obligado esta semana son las primarias de la Unidad Democrática. Su resultado nos aproximó, más allá de lo imaginable, a la meta por la cual hemos venido abogando: pasar de la Unidad Formal forjada en la MUD, a una unidad afectiva, realmente afectiva, capaz de producir en octubre, el  momento mágico necesario para triunfar por knock-out.

La referencia boxística viene al caso por la experiencia vivida por nuestros púgiles cuando viajan al Japón. Allí, con los árbitros en su contra, como en el plano electoral nos ocurre a los venezolanos, la victoria “opositora” se reconoce sólo cuando el “muchacho del patio” cae al suelo y ya no se puede levantar.

El símil no debe llevarnos a una interpretación literal. No, no es en el suelo que queremos ver al Presidente, mucho menos a quienes creen en él. De lo que se trata es de reunir una mayoría tan grande que haga imposible desconocer la victoria.

Ello ha ocurrido solo en dos ocasiones durante los últimos diez años. Aconteció en el año 2004 y, nuevamente, en 2007, cuando la ventaja para rechazar la reforma constitucional fue tan amplia que los resultados aún no se han dado a conocer.

La Unidad Afectiva se está concretando con suma celeridad. Lo que ocurrió el pasado domingo, por la magnitud de la participación (el doble de lo alcanzado en otras partes del mundo), sugiere la existencia de una ancha mayoría comprometida a votar en octubre por un cambio. Por complemento, dada la elevadísima ventaja obtenida, escasa resistencia encontrará el ganador a la hora de convocar a los demás.

No fue una simple victoria electoral la de Capriles. Méritos singulares tiene por haber sabido encarnar, con un mensaje ajeno a la polarización, el anhelo de concordia, de paz y de progreso al que aspira el pueblo venezolano. Méritos tienen también la Mesa de la Unidad, habilmente conducida por Ramón Guillermo Aveledo, y todos aquellos que pensando en el futuro y actuando con el mayor desprendimiento, contribuyeron a forjar el resultado obtenido.

A decir verdad, nunca pensamos que el Presidente permitiría este ejercicio democrático, las primarias. De hecho, estaba todo preparado para impedirlas… pero a última hora el primer mandatario cambió de parecer, ordenando – entre otras- abortar la inhabilitación de Capriles cuando el antejuicio de méritos que lo descalificaría ya se había iniciado.

Subestimando la voluntad de cambio subyacente, y creyéndose invencible, Hugo Chávez las permitió. Gracias, Presidente.

 “Los dioses ciegan a quienes quieren perder”.*

*Proverbio de la Antigua Grecia

 
Jesús HerasNo photo

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