A Guardiola le atormentan partidos que dejó de ganar

En el discurso del técnico del Barcelona FC puede mezclarse la denuncia, la resignación o una motivación

Ramon Besa

“No ganaremos la Liga”. Así se expresó Guardiola en el Calderón. Una conclusión sorprendente si se atiende a que el Barça había conseguido una victoria épica con un gol delicioso de Messi y que aún quedan 14 jornadas. No explicó el porqué de su frase lapidaria, de manera que se impone su interpretación, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones con afirmaciones igualmente categóricas del técnico azulgrana. Hay periodistas que precisamente no pueden ni ver a Guardiola por entender que se vale de su oratoria, pedagogía y conocimiento del idioma para disimular veladas acusaciones que los demás entrenadores exponen de forma directa, como mandan los cánones del fútbol.

Josep Guardiola, técnico del Barcelona FC.

¿Quería decir que el Barça no ganará la Liga por culpa de los árbitros? No lo dijo. Puede que la respuesta sea: No únicamente. La manera de ser de Guardiola le impide referirse de forma directa a los colegiados, al menos si quiere ser consecuente con su código. El técnico barcelonista, sin embargo, ha expresado en conversaciones privadas y con la directiva su contrariedad por determinadas actuaciones de los colegiados. Incluso ha admitido que Mourinho ha ganado la batalla arbitral y poco a poco los azulgrana habrían ido descontando puntos con la misma cadencia que los sumaba el Madrid. Recordar que Messi lleva las mismas tarjetas que Pepe es un dato revelador de la tesis de Guardiola.

 “Parece que este año no toque que el Barça gane la Liga”, ha manifestado el vicepresidente Carles Vilarrubí. “No se dan las condiciones objetivas para que gane el mejor”. El directivo abundó en el mensaje de entrenador. Puede decirse por tanto que, a su juicio, el Barça perdería el título en parte por algunos puntos que los árbitros han repartido de forma contraria a sus intereses. Ocurre que el equipo también perdió o empató partidos por errores propios, como en Getafe, Pamplona o Vila-real, y consecuentemente no puede remitirse solo a los colegiados. Y obviamente en la cuota de responsabilidad habría que incluir sobre todo la gran trayectoria del Madrid y el desgaste del Barça.

Y es que a Guardiola le atormentan especialmente los partidos que ha dejado de ganar el Barcelona, porque en caso contrario entiende que se habría evidenciado el favoritismo arbitral hacia el Madrid. A fin de cuentas, el técnico ha ido desgranando su discurso de forma metódica. Acabado el partido del Madrigal, aludió a “muchas razones, muchísimas” para explicar la situación en la tabla. Más tarde, en Leverkusen, precisó: “Antes no dábamos juego al azar para que interviniera. Hay que recuperar aquella exigencia”. Y el sábado reiteró: “No hemos jugado para estar a 10 puntos del Madrid”. Quiso decir que la distancia justa sería más o menos la mitad.

Llegados a tal extremo, se impone preguntarse si la declaración de Guardiola en el Calderón, “no ganaremos la Liga”, fue una denuncia, una resignación, una rendición o una motivación. Puede que también haya un poco de todo. La sensación es que el entrenador quiso decir que si su equipo se hubiera batido siempre como ante el Atlético la diferencia con el Madrid sería menor y todavía pelearía por la Liga. La duda es si la reacción llegó demasiado tarde o aún hay tiempo. Igual no le alcanza para revalidar el título, pero sí para ganarse la renovación del técnico. La palabra la tienen los futbolistas y los directivos y en su capacidad de rebelarse hasta desmentir al propio Guardiola.

 

 
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