El ABC de Henrique Salas-Römer – Fundador de la Asociación de Gobernadores de Venezuela, y líder de Proyecto Venezuela

Venezuela tiene un gran partido que se llama la descentralización. Capriles debe moverse también en el plano internacional. Existe un claro sendero hacia el reencuenrro  y la reconciliación, opina el ex candidato presidencial.

Manuel Felipe Sierra

Si algún tema define la carrera política de Henrique Salas Römer ha sido su lucha por la descentralización, una causa que abrazo desde los años ’70, cuando estaba muy lejos su incursión en la política venezolana. Su gestión, como primer gobernador electo por su estado natal, gestión que se extendió hasta 1996, seguida por la de su hijo, Henrique Fernando, que, con interrupciones, se extiende hasta el presente, convirtieron a Carabobo en una referencia obligada de buena gestión. La descentralización de puertos, aeropuertos y autopistas, adelantos notables en la prestación de servicios como la salud y la educación, la vivienda y el equipamiento de barrios; servicios de gratuitos de ambulancia sumados a los éxitos en el deporte y la cultura, y su Operación Alegría, convirtieron a Carabobo en una referencia obligada de la descentralización. Ello tuvo mucho que ver con la decisión de Salas Römer de lanzarse, sin contar con apoyo partidista alguno,  como  candidato presidencial en 1998, proceso que, como sabemos, culminó enfrentándolo con Hugo Chávez, quien también viniendo de atrás, tras el colapso de los candidatos de los partidos tradicionales, alcanzaría la victoria con el apoyo de importantes medios de comunicación.

En aquella contienda, Salas Römer alertó al país sobre la trascendencia de aquella elección, señalando que quien ganara las elecciones marcaría el destino del país por los próximos quince años. Recientemente, vimos televisión una cuña que recordaba aquel pronóstico.  Han transcurrido casi catorce desde aquel vaticinio, y lo observamos muy activo. Tanto que en el proceso hacia la consolidación de la unidad opositora que se materializó con el triunfo de Henrique Capriles Radonski, sus posiciones y gestiones pueden considerarse decisivas. Desde su oficina caraqueña, HSR ofrece sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

Consolidando la unidad

 

El fundador de la Asociación de Gobernadores de Venezuela considera que “la campaña fue la avalancha que debe otorgarle el mayor énfasis posible a la descentralización”.

– El indudable éxito de las primarias del 12 de febrero tuvo mucho que ver con el manejo de las alianzas para fortalecer una opción claramente mayoritaria, tal como ocurrió con la victoria de Henrique Capriles Radonski. Proyecto Venezuela y usted habrían sido un factor importante en la aplicación de la estrategia de la “unidad progresiva” y de la “unidad afectiva” que terminó finalmente por imponerse.

– Los dos términos son realmente complementarios, Manuel Felipe, o forman parte de una misma cosa. Desde el año pasado planteamos la necesidad de pasar de la unidad formal, forjada en la MUD, a una unidad “afectiva”, realmente afectiva, en torno a aquellos que resultaran electos.  También afirmamos que ello se tenía que dar por aproximaciones sucesivas.

– ¿En qué consiste esa “unidad afectiva”?

– Habíamos sido testigos de la forma como se manejaron las campañas presidenciales anteriores. Gran entusiasmo, gigantescas concentraciones humanas, pero en los comandos de campaña no existía el “pegamento” necesario, y muchísimos abandonaron la lucha a la hora de movilizar a los electores y contar los votos. En cambio, exactamente lo contrario había ocurrido en el referendo revocatorio de 2004 y en el referendo constitucional de 2007, cuando el voto opositor se impuso por un gran margen. O sea que no se trataba de que no podiamos ganar, sino que no habiamos sabido ganar. Nos dividiamos y no luchabamos con la misma dedicación cuando aparecía un candidato con nombre y apellido. 

Con estos antecedentes, si queriamos ganar este año, la primera prioridad era superar ese escollo para lo cual pensabamos que era necesario, uno, actuar con sentido de grandeza, es decir, conscientes de que la democracia venezolana estaba en juego; dos, olvidar las heridas del pasado, realmente dejarlas atrás. Y, tercero, lograr que quien ganara en las elecciones primarias, se impusiera por una clara mayoría para hacer más fácil sumar las voluntades restantes después.

"Tenemos que dejar atrás las diferencias, reconocer los liderazgos, construir una unidad afectiva” - Henrique Salas-Römer.

Pero había que comenzar por casa.

Tienes razón. Teníamos que comenzar por Carabobo, donde somos de lejos la primera fuerza y tuvimos la suerte de lograr un acuerdo total. En municipios donde había liderazgos consolidados, nos acordamos por consenso, independientemente del partido al que perteneciera el candidato, o si hubiera tenido diferencias con nosotros o no. Un caso emblemático fue nuestra propuesta de reunir un consenso en torno a Miguel Cocchiola para la alcaldía de Valencia. En cambio, donde no había ningún candidato que se destacara, acordamos realizar primarias, dando Proyecto Venezuela muestras de desprendimiento que los demás apreciaron. En algunos municipios, Proyecto Venezuela no participó, para abrir espacio de crecimiento a los demás partidos, mientras, en otros, dos en particular, renunciamos a imponer nuestros candidatos acogiendo la fórmula de la MUD, y le pedimos a nuestros candidatos que se midieran.       

Ese fue el primer paso, pero hubo otro al que le doy mucha importancia. Me refiero apoyo que dimos a la candidatura de Leopoldo López, un candidato de primera línea, cuya opción había sido legitimada a última hora por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el TSJ. La situación era difícil. Contra López se había desencadenado por distintas vías una campaña coincidente con la del gobierno para hacer ver que aún ganando, sería inhabilitado. Eso alejaba a muchísimos votantes. Pero nosotros asumimos el desafío, conscientes de que Leopoldo tenía muchisimos seguidores, sin perder de vista – claro- que el resultado ideal de las primarias sería lograr para uno de los candidatos, Leopoldo o cualquier otro, un clara mayoría.

– Ese apoyo a Leopoldo López le dio un impulso al menos de opinión al proceso previo a las primarias, que entonces parecía no despertar mayor interés en el electorado.

– Eso es cierto. Así fue. Rompió la polarización que se intentaba armar, abrió espacio a otros candidatos, y le puso condimento a la contienda. Pero la campaña resultó demasiado corta para superar el escollo que para Leopoldo suponía el sambenito de la inhabilitación. Fue en ese contexto, que a finales de enero lo acompañamos en un u acercamiento a la candidatura de quien marchaba adelante.

Lo sorprendente, incluso para nosotros, fue la avalancha que se desató en favor de Capriles a partir de esa alianza. En Carabobo, por citar como ejemplo el estado en el que mayor incidencia tenemos, Capriles logó 77,5% de los votos, el más elevado porcentaje del país, y si se le agregaran los votos de aquellos que, aún habiéndose retirado, por desconocimiento votaron por Leopoldo, Capriles habría superado fácilmente el 80%.

O sea que la estrategia que nos habiamos fijado como meta, la de lograr una unidad afectiva por aproximaciones sucesivas, logró materializarse. Capriles comienza con muy buen pie. Ahora le toca a él, conquistar como candidato al resto del país. En la medida de lo posible, nosotros lo ayudaremos.

– Es decir, esta estrategia, este concepto de la “unidad afectiva” tuvo un efecto multiplicador, que estimuló la participación en las primarias porque siempre se estimó una concurrencia menor que la que se logró el 12 de febrero.

– Te confieso que a mí me sorprendió el volumen de participación, yo hablaba de millón y medio porque no quería sobre estimar la concurrencia pero sin duda alguna, la forma magistral como Leopoldo, en su última intervención del debate de Globovisión, adelantó a todo el país su propósito de anunciar al día siguiente un acuerdo con Capriles, le dió un enorme impulso a la campaña, y contribuyó de manera decisiva a propulsar esa gigantesca movilización, única en el mundo entero, que se produjo, fruto en parte, pienso, al ver consolidarse una candidatura capaz de encarnar el anhelo subyacente de cambio que existe en el país.

Previsible pero inesperado

– Sin duda alguna, la opción de Capriles nace con un gran apoyo y despierta grandes expectativas. Pero en ese momento no estaba planteada de nuevo la variable del cuadro de salud de Chávez. ¿Cómo influye y qué implica para la campaña de Capriles la salud de un Presidente con las características del liderazgo de Chávez?

– Yo creo que son escenarios que no debemos confundir. El país se está moviendo en distintos planos, en distintos escenarios, y cada uno puede incidir a su manera sobre la contienda. Por ejemplo, en un plano geopolítico mundial, el maridaje que existe entre Venezuela, Siria e Irán, nos coloca en el ojo del huracán; también existe la presencia ominosa de Cuba, que actúa en nuestro país como Estado invasor, al punto de ocupar posiciones que comprometen la soberanía de país; después tienes la presencia del narcotráfico, que utiliza el territorio nacional como plataforma para la exportación de cocaína al mundo entero, es algo que tampoco se puede desestimar, y así en escala podemos dibujar distintos escenarios hasta llegar al electoral, del cual no debemos desviar la atención. Pero, como bien señalas, no podemos ignorar la eventualidad de que el Presidente, terriblemente enfermo como está, desparezca o quede inhabilitado.  Sin embargo, si me pide opinión, yo le recomendaría a Capriles que no le quite la vista a la pelota.  Si lo hace y mañana se producen acontecimientos previsibles  por derivación de la condición física del Presidente, estaremos, nosotros como país, y él, como candidato, mucho mejor preparados.

– El desenlace del cuadro de salud de Chávez tendría implicaciones para el mundo oficialista. Pero también en el mundo opositor, porque no olvidemos que la MUD, más que una alianza política, programática o ideológica, es una especie de “frente nacional” contra el  proyecto antidemocrático de Chávez. Si éste dejase de estar en juego el 7 de octubre, aunque ello no sea deseable, podrían también ocurrir reacomodos en el mundo opositor impuestos por la propia realidad.

– Ese es un escenario factible pero creo que improbable. Sin darnos cuenta, hemos pasado de un “Frente” a un entendimiento cuyo fin trasciende lo electoral. Lo que inicialmente pudo verse como un acuerdo táctico-electoral, ha pasado a ser un entendimiento serio de carácter estratégico frente a una coyuntura sumamente difícil.

Cuando despertemos del sueño o pesadilla de los últimos diez años, vamos a encontrar a una Venezuela socialmente inestable y financieramente quebrada, amén de la presencia en nuestro suelo de factores que jugarán al caos y la desestabilización.

– En definitiva, ¿piensa que la estrategia de Capriles debe mantener la misma orientación que mantuvo para las primarias? Muchos analistas sostienen que el discurso de no confrontación era pertinente, porque efectivamente, allí no habían razones para confrontar por cuanto se trataba de aliados de una propuesta unitaria. Pero en el caso actual la situación es distinta, ya sabemos cual es el estilo de Chávez, que es de confrontación, de batalla permanente.

– Chavez ha venido creando una polarización artificial y al fin, creo,  hemos aprendido a no hacerle mucho caso. Yo tengo la visión siguiente del pais político: Venezuela tiene un solo gran partido, y ese partido es la descentralización. En el milita el 79% de los venezolanos, y sus líderes legitimos son los gobernadores y alcaldes del país, todos, independientemente de su origen partidista u orientación ideológica.

En definitiva, creo que la campaña de Capriles debe evitar la polarizacion, sobre todo las descalificaciones, y otorgarle el mayor énfasis posible a la descentralización, subrayado la importancia de las autonomías regionales y municipales, para que todos los alcaldes y gobernadores teniendo la absoluta seguridad de que sus derechos y facultades les serán respetados, se sientan incluidos. Yo considero que ese es el camino hacia el reecuentro y la reconciliación.

– El proceso venezolano ha despertado, como es lógico, un interés creciente en la comunidad internacional…

– Sí, por eso creo que esta campaña no debe plantearse solamente en el plano nacional sino también en el internacional. Capriles no puede descartar conversaciones incluso con países que han sido aliados de este régimen porque todo ello ayudará a que Venezuela marche hacia un desenlace de paz.

– Eso todavía no está claro en el discurso del candidato presidencial…

– Quizás no esté presente, pero de que está consciente de ello no tengo dudas.

Ud. ha sido en cierta forma precursor de mucho de lo que está aconteciendo.

– De alguna manera si, aunque modestamente. Esta semana me han sorprendido algunos comentarios. María Sol Pérez Schael en una entrevista que le hace Roberto Giusti, recuerda que la primera experiencia de acercamiento entre los factores de la sociedad civil y los partidos políticos ocurrió en mi oficina de Los Palos Grandes en el año 2001. En esa primera Mesa participaban los siete principales partidos y siete emblemáticas organizaciones de la sociedad civil, entre éstas la Asamblea de Ciudadanos, de la cual María Sol era una protagonista de excepción. Es bueno recordar que rechazamos el contenido del decreto de Pedro Carmona en abril de 2002, y ninguno de los integrantes de aquella Mesa lo susribió.

Otro comentario apareció en un reportaje de Javier Pereira sobre las primarias, publicado en Siete Días de El Nacional. Allí recuerda el periodidas que en 1999 propuse al más joven de los diputados recién electos, Henrique Capriles Radonski, como presidente de la Cámara de Diputados, propuesta que permitió superar un impasse entre los partidos opositores.

Un tercer comentario surgió un antes.  Cuando Capriles junto a Leopoldo López tuvieron la cortesía de visitarme la noche del debate promovido por Globovisión, o sea antes de anunciar públicamente el acuerdo al que habían llegado, Capriles tuvo la generosidad de decirme: “Ustedes tienen el mérito de haber mantenido siempre que había que evitar la polarización”.

Mirando atrás, no puedo olvidar con cuanta ferocidad me atacaban hace seis o siete años algunos factores de poder por sostener precisamente esa tesis, como también me atacaron por plantear la necesidad de elegir libremente un candidato de la alternativa democrática. Decidí tener paciencia, esperar. Ahora, todo eso quedó atrás. El país ha madurado y por fin comienza a verse luz del otro lado del túnel.

 

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