¿Hay un camino o hay un solo camino?

Carlos Ochoa

    

Carlos Ochoa
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Las respuestas que podemos encontrar a la interrogante del título de esta nota son muchas. Desde la perspectiva religiosa cristiana, budista o islámica,  el camino o los caminos, han enfrentado la manera como el hombre entiende su espiritualidad, también en  la filosofía, la política, la economía y hasta la ciencia, el dilema del camino único o diverso, ha deslindado y hasta enfrentado a hombres y pueblos.

En el comentario al “Salmo 1” Santo Tomás de Aquino nos habla que lo que hace la diferencia entre la búsqueda común de la felicidad entre los hombres es la intención. Encuentra Santo Tomás dos caminos en el Salmo primero: el del hombre malvado y el del hombre bueno. El camino del mal lo construye el hombre malvado esencialmente atendiendo los malos consejos de los que alejados de Dios, prometen la felicidad sembrando odio y dolores; el camino del bien lo ha de recorrer el hombre bueno sin detenerse a confrontar, por eso en el Salmo se bendice “al hombre que no anduvo en consejo de impíos”. El rey David en este salmo expresa los sentimientos del hombre acerca de la situación que vive en el mundo, y considera como unos avanzan y otros caen, nos aclara el autor de la “Suma Teológica” y santo doctor de la iglesia católica.

La campaña de Henrique Capriles Radonski tiene como “sí positivo”, una frase de tres palabras (Hay un camino), que ha impactado no sólo a la votación opositora, sino también a los independientes, los desencantados del proceso y hasta las bases chavistas. Esto no se logra sin un contenido religioso en el mensaje, y una percepción de transparencia en el emisor.

El Presidente Chávez a partir del 2002 cometió el error de agregarle predicado a su propuesta, produciendo una ruptura de su relato con lo religioso. A la frase “solamente hay un camino”, que en si misma contiene mucha energía emocional,  religiosa, patriótica,   le sumó el predicado “el camino del socialismo”. Para el predicado se inspiró en la Cuba socialista, en los consejos paternales de Fidel Castro y en los modelos militaristas autocráticos nacionalistas del medio oriente y la extinta Unión Soviética.

Henrique Capriles anuncia, puntualiza, visualiza, que hay un camino posible para Venezuela, que requiere de la participación sin exclusión para recorrerlo. No se transfigura en mesías, en iluminado prócer, en demiurgo imprescindible. Capriles está haciendo lo correcto, está conectando su imagen de político joven y exitoso a un relato y discurso  fresco que no acepta predicados. El contraste con Chávez que insiste en sus delirios ideológicos desfasados está haciendo la diferencia.

En conclusión, lo que está perdiendo Chávez real y simbólicamente,  lo está ganando Capriles con su transparencia y dinamismo,  mientras a uno se le angosta el camino al otro se le ensancha.

 
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