Juego rudo

Argelia Rios


ARGELIA RÍOS
Argelia.rios@gmail.com 

 

Necesaria es la prudencia y la compasión. Es así como se cosechan los votos

 

La alerta es general. Tan cercanas como están, las presidenciales lucen distantes y acechadas por graves incógnitas. El oficialismo es un hervidero. Otra vez sorprendidos por la mala nueva, todos dudan ahora que el jefe del Estado pueda mantenerse en pie frente a las agitadas tareas de un candidato a la reelección. La estrategia oficialista quedó de nuevo descolgada. La “misión lástima” -así llamada coloquialmente para graficar el provecho que se puede obtener de una coyuntura adversa- cabe, aunque muy incómoda, en esta ecuación.

Hace unos meses las cosas eran distintas. Pese a que la oposición todavía está lejos de la meta -a donde llegará si muestra tino y generosidad con la desesperanza ajena-, lo que resalta ahora, en medio de la tragedia, es la tentadora oferta de un competidor joven, legitimado por 3 millones de votos, imposible de vincular al pasado y con amplias y crecientes simpatías en los diferentes polos del tablero político.

El hecho no es de poca monta. Todos temen: teme la oposición ante el riesgo de que se le desmorone la victoria a causa de las inmoderaciones radicales, y teme también el gobierno, que batalla contra su ocaso, sin disponer todavía de un posible bateador emergente.

Ya antes se ha dicho: es natural que en esta hora de aflicción el Presidente se preocupe por su familia, por sus colaboradores más leales y, desde luego, por la herencia política que les legará a ellos y a Venezuela… Muchas decisiones están pendientes: las de menor y las de mayor importancia para el Estado. Todas ellas buscan conservar influencia y poder, con Chávez o sin él en el paisaje.

La trama involucra miedos y ambiciones. Involucra también las novedades del panorama nacional y algunos cuantos trajines que, con seguridad, no tardarán en aparecer: no en vano ya se habla de presidenciales en diciembre.

Por eso, todavía no hay ganadores. La recaída del Jefe del Estado, justo después de las deslumbrantes primarias del 12-F, ciertamente conspira contra la efectividad de cualquier remake que procure presentar a Chávez bien alistado para asumir el desafío de un nuevo sexenio. Sin embargo, la apelación a ese remake pretenderá en adelante la transferencia de afectos hacia un eventual “sucesor”.

Todo puede suceder. Entretanto, este otro tumor le concede pertinencia al relevo que, por lo pronto, sólo está encarnado en la figura de Henrique Capriles Radonski. El contraste es ostensible, pero también lo es el rugido de quienes tratarán de impedir que el abanderado de la unidad sea percibido por todos los públicos como la única opción de esperanza y futuro… El juego es muy rudo. Necesaria es la prudencia y la compasión. Es así como se cosechan los votos.

 

 

 

 
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