VIDAS PARALELAS

Américo Martin

Desde la cima del Avila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

  

 

 

PRIMERA PARTE

 “Hemos cambiado dentro de una permanencia”
Sartre

¡Lástima que en un mundo tan bonito pasen cosas tan tristes y tan feas!”
Aquiles Nazoa

I

 

Pompeyo Marquez

Han sido duramente afectados por enfermedades de esas que ponen en juego la vida y la muerte, ¡pero cuán distinta la forma como han reaccionado! Vidas paralelas en ese sentido, las de Pompeyo Márquez y Hugo Chávez. Es mucho lo que separa a estos dos personajes en lo político, lo moral y lo humano, en cierto modo simbolizado en la conducta que ambos han asumido frente al acoso de sus males.

Admitimos que Pompeyo se está recuperando porque el curso de su enfermedad lo hemos seguido por  medio de informes médicos, de manera que conocemos sus pormenores tanto como él. Por el contrario, el presidente Chávez se ha resistido a hablar con la misma claridad sobre el tipo de cáncer que lo afecta y ha cometido el error de ser, él mismo, el vocero oficial de su evolución o involución. En la casa del silencio donde se encuentran, a los militantes del partido se les tiene prohibido hablar de la enfermedad, como prohibido es que hablen de candidaturas. ¡Insigne paradoja ésta! De un lado se habla poco y sin escándalos pero se sabe todo. Del otro se abruma diariamente los tímpanos  de los venezolanos y del mundo, pero no se sabe nada.

En el caso del recio y auténtico Márquez no corre rumor alguno; en el de Chávez los rumores invaden por completo y enferman el ambiente. ¿A quién perjudica eso? Respuesta obvia: al mismo que ha puesto a todo el mundo a aventurar conjeturas sobre el tema. Natural es que en el mar huracanado de las versiones, las disputas en las entrañas se intensifiquen, aparezcan zancadillas sucesorales y reine  el silencio más elocuente.  Más natural aún es que por las limitaciones impuestas a la acción y frente al avance seguro y coherente de los rivales, hayan cundido las más desesperadas agresiones e insultos contra Capriles, la MUD y el dolor de cabeza de las Primarias que le arrebataron el sueño al presidente. Como los antiguos asirios, quieren paralizar al enemigo plantando en los caminos figuras amenazantes y grotescas. Pero el otro, ¡Señor!, no les para.

 

II

 

Son abundantes las personas públicas que padecen o han padecido de cáncer u otras enfermedades intimidantes. Algunas han muerto, pero son cada vez más los casos de recuperación total o parcial. Hombres muy notables como mi fraternal amigo Héctor Pérez Marcano han controlado el mal, que ni les perturba la existencia ni les impide escribir, pensar y actuar políticamente. Y así muchos, pero como digo antes, el de mi admirado amigo Pompeyo Márquez es ejemplar. Cumplirá en estos días 90 años y por un momento se pudo creer que había sido fulminado por la concurrencia de varias afecciones graves.

Pompeyo no ha hecho una fiesta de sus males. A sus admiradores, sus amigos, a los que conocen la reciedumbre que ha mostrado siempre, nunca se les hubiera ocurrido organizar misas en vida para rogar por su salud, ni pedir el encendido de la Cruz del Ávila, ni salir en procesión plañidera buscando culpables contra quienes descargar su extraña ira. El propio presidente Chávez soltó aquel solemne exabrupto de incriminar a la tecnología imperial por el cáncer de presidentes latinoamericanos.  Felizmente no se dio aquella por aludida y para fortuna del hiperbólico personaje el asunto pasó al olvido.

Mucho se ha hablado de la Misión Lástima. Se ha dicho con probidad que para mejorar la vestidura externa de su puntaje electoral el presidente Chávez le ha sacado  partido a sus quebrantos. “Mejorarlo” no como consecuencia de las transformaciones revolucionarias de las que se jacta, ni por el atractivo del  socialismo. Lo que quieren hacer valer es  el impacto causado por un personaje que se vale de su menoscabo físico para pregonar su amor por el pueblo, amor hasta el fin, amores que matan. Don Felix B Caignet los hubiera abrazado.

Los líderes de la oposición y su candidato Henrique Capriles han hecho votos por la recuperación del presidente. No por cortesía diplomática o “para evitar que los linchen” como dijo uno de los feroces extranjeros que viven como nunca gracias a nuestro presidente. Los mueve un sentido de honradez, de sensibilidad humana y política en el marco del reencuentro nacional, la paz y la relación civilizada. En cambio se siente la sordidez en ciertos dirigentes gubernamentales que han venido utilizando el cáncer presidencial cual arma para agredir a una oposición a la que no pueden rebatir ni mucho menos vencer. Se les ve la oreja filistea en las zalemas ya empalagosas al líder,  como buscando posicionamientos sucesorales.

 

III

 

Pompeyo labró su liderazgo con perseverancia y dedicación al estudio de Venezuela. No incurre en el vicio de los dogmáticos de oficio que leen sólo para pescar  palabras fuera de contexto que les sirvan como refuerzo de sus prejuicios. Pompeyo investiga para aprender –no se queda en lectura de solapas-, cultiva la duda metódica, no violenta conclusiones para justificar lo que ya tenía en la cabeza. Se coloca en el polo opuesto al del presidente, cuyo alimento ideológico es de un simplismo aterrador, plagado de conceptos mohosos de arcaica resonancia izquierdista. Los intelectuales desinteresados, que son con mucho la mayoría, se acercan a Pompeyo para aprender y enseñar. Los intelectuales interesados, con mucho la minoría, se acercan a Chávez para decirle lo que aquel espera que le digan.

La amplitud de Pompeyo es de sangre. Siendo uno de los dirigentes más buscados por la dictadura de Pérez Jiménez, condujo a su partido hacia la unidad, en un Pleno clandestino celebrado en 1955. Muchos años después -todavía no se había producido su ruptura con el PCV- preso en el Cuartel San Carlos, encabezó el viraje hacia la paz democrática junto con Teodoro Petkoff y Guillermo García Ponce

Se separó del PCV y del MAS, pero no de su vieja convicción unitaria. Por eso ha ayudado a la construcción de la alternativa democrática cuyo norte es la derrota por la vía electoral del desquiciado gobierno del presidente Chávez. A un personaje tan digno como él le caben estas afortunadas palabras de Sartre: “hemos cambiado dentro de una permanencia”


 

SEGUNDA PARTE

I

Henrique Capriles Radonski es, por estilo, trayectoria y edad, la expresión en este momento más destacada de una generación emergente. Si hubiera que buscarle una marca distintiva o una fecha de identificación a esa generación, se podría llamar “la del nuevo milenio”.

Más allá de las aburridas disquisiciones sobre la validez del concepto de generación, la razón por la que es usado con frecuencia en nuestro país reside en que no hay forma más expresiva –así no sea la más densa- para recoger los cambios que en un momento dado se convierten en programas renovadores, pórticos de nuevas épocas. En 1928, 1936, 1958 los notables virajes que marcaron la evolución histórica de Venezuela difícilmente hubieran procedido sin la incorporación de promociones de nuevos líderes, entre quienes se tejieron expresiones comunes, ideas y valores propios. En lo político, las dictaduras de Juan Vicente Gómez y Pérez Jiménez no habrían sido dejadas atrás sin el vigoroso liderazgo de las nuevas generaciones. A partir del año 2000 nadie podría imaginar que el calcificado sistema del presidente Chávez, símbolo como pocos de épocas ya superadas, podría ser vencido por la vía electoral. Pero todo queda esclarecido cuando se toma nota de la investidura renovadora de la Alternativa Democrática, cuyo candidato es Capriles Radonski y de su origen. Emanar de una consulta electoral en la que se atrevieron a participar más de tres millones de almas, es radicalmente distinto a autonombrarse y designar a dedo a los demás candidatos. Capriles surge como un misil rodeado de pueblo. Chávez, nace de las tinieblas.

II

No es que los lideres tengan per se que ser jóvenes. Europa se reencontró con el desarrollo acelerado después de los escombros de la 2da Guerra Mundial, bajo la dirección efectiva de ilustres ancianos: Churchill, De Gaulle, Adenauer, De Gásperi. En el mundo entero los movimientos de envergadura son engarces generacionales. La experiencia y liderazgo de los mayores, el ímpetu y creatividad de los nuevos es la clave de la victoria. No tenemos por qué ceder al mito forjado desde la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918 que podría resumirse en dos vibrantes llamados. El de José Enrique Rodó en 1900, uno de cuyos personajes, llamado Próspero, pide a la juventud realizar una revolución espiritual. El otro es más lapidario, discutible por extremo, pero de terrible eficacia emocional. Manuel González Prada a fines del siglo XIX marcó al continente clamando: “Los viejos a la tumba; los jóvenes a la obra”. Es llamativo, pero erróneo

Con todo, Capriles debe verse como la expresión de promociones de nuevos líderes, bien formados y dotados de  pasión redentora. Inmediatamente se aprecia que la gran mayoría de ellos es disidente, apoya a la MUD, contrae fluidas relaciones con generaciones anteriores, quiere cambiar el modelo actual. En el gobierno hay una gris uniformidad, yacen muchos emasculados, castrados. Los que logran sobresalir lo hacen discrepando del líder y abriendo hendiduras que dejan entrever el incendiario fragor de las mansiones interiores.

 

III

 

De Capriles a Chávez hay tanta distancia como de Pompeyo a Chávez. Y no sólo en lo obvio: lo relacionado con la visión de Venezuela integrada a la revolución de la inteligencia, el desarrollo diversificado sin inflación ni pobreza, todo con base en el pluralismo y la democracia. El choque es igualmente visible en materia de estilos. Capriles habla corto y sustantivo. Chávez largo, superficial e inaprensible. Capriles va al contacto popular directo. Chávez se refugia en medios, cadenas y dinero. Capriles no busca ni le interesa intercambiar insultos y quiere la reunificación del país sin perseguidos ni perseguidores. Chávez hace del insulto personal la base de su política de polarización, separados los dos extremos por un caudaloso río de odio. Capriles promueve el diálogo y la reunificación nacional. Chávez le huye al diálogo y no quiere la unidad del país sino el conflicto permanente, del que espera extraer fuerzas para la perpetuación.

Plutarco se hizo célebre con la que se tiene como la mejor de sus obras: Vidas Paralelas. Comparaba las de un romano y un griego a través de personalidades notables. En la Venezuela y con los personajes de hoy, no podríamos hablar de griegos y romanos, pero sí de civilismo y militarismo, siempre que no olvidemos que hay una mayoría de militares civilistas y una minoría de civiles militaristas.

 

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Un Comentario;

  1. Alfredo Ascanio said:

    Excelente Américo, un análisis completo de esas vidas paralelas. Nos veremos votando el 7 de octubre por Capriles para lograr una Venezuela amable y próspera.

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