ASÍ COMO LA INDEPENDENCIA ES INFINITA,
SU MANIPULACIÓN NO TIENE FIN

MICHELLE ROCHE R.
mroche@el-nacional.com 

 

ELÍAS PINO ITURRIETA El historiador se propuso desmitificar el proceso emancipador

Para el miembro de la Academia Nacional de la Historia y autor de La Independencia a palos y otros ensayos (Alfa, 2011), el pueblo venezolano tiende a ser demócrata pero tiene desapego cívico

 

En Venezuela, el interés por comprender el pasado es tal que los ensayos históricos se convierten en best sellers. Una prueba reciente de ello es La Independencia a palos y otros ensayos de Elías Pino Iturrieta, libro que publicó el sello Alfa en noviembre y ya se encuentra en imprenta la segunda edición.

 

Elías Pino Iturrieta

Pino Iturrieta, que hasta el año pasado encabezó la junta directiva de la Academia Nacional de la Historia, se basó en el análisis de fuentes primarias y consultas bibliográficas para redactar los nueve ensayos que incluye la obra y que tienen como propósito desmitificar el proceso emancipador.

 

“Sólo se trata (…) de poner la Independencia de Venezuela en su justo sitio, ni tan calva ni con dos pelucas, sin disminuirla pero sin engordarla, apenas soldando su pieza en el lugar correspondiente del rompecabezas nacional. Es la tarea de los historiadores de hoy, ardua pero legítima después de una espera de 200 años”, escribe el autor en una de las entradas del libro.

 

–Como gran mito fundacional de Venezuela, ¿qué aspectos considera más útiles para analizar en este momento? –Lo interesante de este mito es que ha difundido la idea de que la Independencia es un proyecto infinito y que cada cierto tiempo hay que volver a ese proceso. Ello le da mucha vitalidad. En otras palabras, se considera la existencia de un período de génesis que fundó a medias, que no terminó de establecer la sociedad, porque si lo hubiera hecho no habría necesidad de volver a ella. De esta forma, el mito permanece porque la posteridad quiere formar parte de él. Antonio Guzmán Blanco, así como los adecos de 1945, quisieron formar parte de ese mito. Hugo Chávez también. Así como la Independencia es infinita, su manipulación no tiene fin, por lo que seguramente en el futuro otra nueva generación de políticos verá una manera de establecer un nexo con ella.

 

–¿Qué papel desempeña la imagen legendaria de Simón Bolívar en esta iteración? –Los venezolanos creemos que Bolívar se murió muy temprano y que debemos continuar su gesta. Esto se debe a que el nacimiento de Venezuela en 1830 implicó una ruptura con la plataforma inicial de la Independencia. La misión del venezolano de hoy parece ser el remiendo de ese terrible hueco. Por eso la Independencia es un mito que se alimenta en cada generación, con lo que fabricamos una cortina que nos impide ver lo que de verdad ocurrió. La Independencia a palos trata de abrir esa cortina sin la interferencia de Chávez y sus adeptos, pero también sin las lecturas tradicionales que ha hecho la Academia.

 

–Pero, con todo lo que se habla de la Independencia desde el oficialismo y desde la oposición, ¿no se ha agotado aún ese mito? –Cierto, corre el riesgo de agotarse debido a su excesiva manipulación. El constante vínculo que establece el Gobierno entre Independencia y pueblo conspira contra la vitalidad del mito, porque nunca lo había tenido tan presente el venezolano como hoy. En la medida en la que se hace cotidiano deja de ser mito.

 

–Según ha dicho o escrito en otras ocasiones, la emancipación fue primero una gesta civil que una militar.

 

¿Por qué prima hoy la visión militarista de la emancipación del país? –La Independencia, como tal, fue un ejercicio militar.

 

Allí hay dos razones. La primera se refiere a que si bien el proyecto era civilista ­eso es seguro­, no pertenecía a todos los civiles del país, era de los blancos criollos. Cuando el pueblo se incorporó al proyecto, para apoyarlo o para ir en su contra, éste se convirtió en una gesta militar. Entonces, el campo de batalla se sobrepuso a la faena del pensamiento. Esto pasa en cualquier guerra. Venezuela va a pensarse, de verdad, después de la Independencia.

 

En segundo lugar, a partir de 1830, los gobernantes de Venezuela fueron los héroes de la Independencia (como José Antonio Páez, Santiago Mariño y José Tadeo Monagas) que necesitaban hacerse su estatua en vida, para ganar el apoyo del pueblo. En este sentido, fue importante la publicación de un libro esencial para la mentalidad nacional: Venezuela heroica (1881), que hizo una apología de la Independencia. Eduardo Blanco convierte allí la gesta emancipadora en la Guerra de Troya.

 

Esta Ilíada criolla, apoyada por los militares sobrevivientes de la Independencia, ofreció una mirada olímpica del hecho y es muy difícil que nosotros, hombrecitos comunes, podamos competir con esos dioses.

 

–Venezuela no es el único país que interpreta su independencia con grandilocuencia, los casos son comunes en América Latina…

 

–Todos los pueblos necesitan cuna de oro porque el pueblo elegido de Dios, según nos dice La Biblia, es sólo uno: Israel. ¡Dios nos echó una broma muy grande a los demás! Por eso todas las naciones tienen que hacerse su historia sagrada. En Venezuela este cuento comenzó cuando cruzamos el desierto con un Moisés que se llamó Simón Bolívar… Pero en México se llamó Miguel Hidalgo, por ejemplo.

 

Esto explica la necesidad del héroe y de la apología a la Independencia.

 

–¿Qué aspectos de la Independencia de Venezuela faltan aún por investigar? –El proceso de cómo nos alejamos de Colombia para volver a ser venezolanos no se ha estudiado y hasta que ese proceso se aclare no tendremos una idea formal de la Independencia. Además, es un momento interesante porque nos obliga a preguntarnos cómo pensamos los venezolanos cuando tenemos tiempo para hacerlo. Entonces reclamábamos libertad y republicanismo. Venezuela nació cuando comenzó a alejarse de Bolívar, pues se dio cuenta de que estaba gobernada por una casta de militares y un dictador gobernando. Esto me parece fundamental porque es reconocernos en nuestros orígenes verdaderamente republicanos. Ahí está la clave de nuestro destino.

 

–Entonces, el venezolano tiende a ser demócrata.

 

–Sí, el venezolano tiende a ser demócrata pero le gusta la comodidad y tiene desapego cívico. Aquí hay una contraposición muy dura en la sensibilidad del venezolano: quiere ser igual a todos, pero prefiere que la vida se la administre otro, llámese Guzmán, Castro, Gómez, Pérez Jiménez o Chávez.

 

 

 

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