Cuentos y cuentas chinos

Carolina Jaimes Branger

CAROLINA JAIMES BRANGER
@cjaimesb 

 

¿Por qué en vez de copiarnos lo que los chinos dejaron atrás no imitamos lo bueno?

 

Vamos a dejar de depender de un imperio para depender de otro. En este momento dependemos del primero “por ahora” y le debemos hasta la manera de caminar al segundo.

El gobierno se siente “soberano” cuando insulta a Estados Unidos, pero no hay un solo revolucionario que invoque esa “soberanía” cuando aquí se nos anuncia que “Fidel dice” lo que tenemos que hacer o cuando empeñamos nuestras riquezas naturales inconstitucionalmente al imperio chino. Porque imperio es imperio, no importa si es occidental u oriental. El que sea oriental no significa que no nos van a cobrar…

Mi amigo Ricardo Zuloaga insistía en imitar a quienes lo habían hecho bien. En un par de artículos les he hablado de mi reciente viaje a China y lo positivamente impresionada que quedé. Hay aspectos que merecen imitarse.

¿Por qué no copiar la infraestructura china, por ejemplo? China tiene vías de comunicación de primerísimo mundo. En las pequeñas y en las grandes ciudades. No hay huecos, ni baches, ni asfaltados chimbos. Los aeropuertos, los trenes, los metros, los autobuses, los aviones son en su mayoría nuevos y los servicios puntuales y eficientes. La industria de la construcción levanta edificios en un dos por tres (cuelga la pregunta de por qué los que construyen aquí van tan lentos).

¿Por qué no imitar la seguridad que reina en el país con mayor número de habitantes del mundo?… Allá ocasionalmente se sabe de alguien a quien le robaron la cartera y es un escándalo.

¿Por qué no copiar la inmensa capacidad de trabajo del pueblo chino, su proactividad, rigor, responsabilidad? ¿Por qué no entender, como los chinos, que EEUU nos conviene como aliado? ¿Por qué no abrirnos al capitalismo popular que ha catapultado a la China?

Yo sé que falta camino por recorrer en el campo de las libertades individuales, pero China no podrá evitarlo. Yo vi un país preparado para la democracia y para asumir su papel de liderazgo en el mundo, rezagado durante el tiempo que duró el comunismo.

Cuando regresé se me hizo más evidente que Venezuela, que en su momento ayudó a tantos países a establecer sus democracias, da saltos cuánticos hacia el atraso y el oscurantismo.

Estamos atapuzados de cuentos chinos y de cuentas chinas, pero muy lejos del progreso que hoy impulsa a ese maravilloso pueblo.

 

 
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