El Gabo en Caracas

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
Twitter: @manuelfsierra 

 

El consagrado escritor y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, cumplió el pasado martes 6 de marzo 85 años de edad, siendo objeto nuevamente de un amplio reconocimiento internacional. Con este motivo publicamos la siguiente crónica que narra la pasantía del escritor en Venezuela durante los meses de diciembre de 1957 y 1958, y recogida en mi libro Fábulas de Carne y Huesos, de reciente publicación.

 

“Todo escritor con principios debería tener un biógrafo inglés”, declaró una vez Gabriel García Márquez. Cuando hizo la afirmación ya Gerald Martin reconstruía la vida del novelista. Profesor de la Universidad de Pittsburgh y la Metropolitana de Londres, estudioso de la literatura latinoamericana, Martin invirtió 17 años, realizó 300 entrevistas y escribió más de 3.000 cuartillas en un primer borrador para que viera la luz, “Gabriel García Márquez, una vida”. Un libro que terminó siendo de 762 páginas y que está al alcance del público desde finales del 2009.

 

“Una biografía brillante”, señaló el “Kirkuk Reviews”, en una valoración coincidente con la crítica generalizada. García Márquez no es sólo un novelista reconocido por su descomunal imaginación y la perfección de su escritura, sino también por su capacidad para convertirse él mismo en uno de los personajes que deambulan en las páginas de sus cuentos, novelas y reportajes periodísticos. El biógrafo supo evadir el riesgo de la repetición (de allí seguramente el largo tiempo dedicado a levantar los originales), con una prolija descripción del ambiente familiar; el entorno social y el marco histórico que alimentan la obra del escritor. De esta manera, el libro cumple con el propósito de recrear la vida del Premio Nobel, en un ejercicio de retroalimentación con los desencuentros, las tragedias y las alegrías de la historia de Colombia.

 

El lector venezolano, familiarizado con el fenómeno de la “gabomanía”, seguramente resiente el tratamiento modesto, si se quiere anecdótico que Martin reserva a la pasantía de García Márquez en Caracas, entre los diciembres de 1957 y 1958. Si bien ya era conocido en Colombia por sus reportajes y algunos cuentos publicados en “El Espectador”; y luego, el tiempo de corresponsal en Europa le sirvió para perfeccionar el oficio; fue en los meses caraqueños cuando asumió el nuevo género del periodismo latinoamericano como la base de su mejor narrativa. Buen discípulo de Faulkner en la novela, asimiló los elementos del periodismo de Hemingway y Mailer aderezados con la inagotable fantasía del “realismo mágico”.

 

Desde la redacción de la revista “Momento”, Gabo escribió reportajes que disolvían los linderos entre el relato y la crónica periodística. Reacio a la entrevista-cuestionario, incorporó las repuestas de los entrevistados en el clima de amenos textos literarios. En “Cuando era feliz e indocumentado”, un libro publicado al ganar el Premio “Rómulo Gallegos” en 1972, se encuentran los materiales de su experiencia caraqueña. En Caracas también en una Semana Santa, escribió el que considera su mejor cuento, “La siesta del martes”, que pasó por debajo de la mesa en el concurso de cuentos de “El Nacional”; y fue en la madrugada del 23 de enero de 1958, en un Palacio de Miraflores cruzado por las interrogantes y un clima de suspenso cinematográfico, cuando sintió la necesidad de echarle mano a la novela del dictador. Ese día comenzó a escribir “El otoño del patriarca”, la novela que según confiesa es su creación técnicamente más acabada.

 

Plinio Apuleyo Mendoza, su amigo bogotano y quien lo convenció en París para venir a Caracas y hacerse reportero, escribió el libro “Aquellos tiempos con el Gabo”. En él cuenta la aventura garciamarquiana en la prensa venezolana; los agitados días de la transición hacia la democracia en 1958; los proyectos literarios que se deslizaban sobre la mesa de “El Rincón de Baviera” de San Bernardino; el aperitivo en el “Gran Café” de Sabana Grande y el día, que tras un breve viaje a Cartagena, regresó con Mercedes Bacha, quien según Martin más allá de la relación matrimonial, ha sido una luz en su carrera.

 

Hace un tiempo, el periodista Juan Carlos Zapata hiló fino con el título de otro libro: “Gabo nació en Caracas, no en Aracataca”, para contar detalles y anécdotas de sus viajes a Venezuela; sus amistades; la celebración de sus triunfos y hasta las tribulaciones de un accidente de tránsito en La Guaira que estuvo a punto de provocarle la muerte y que lo mantuvo hospitalizado en la Clínica La Floresta. Faltarían muchas páginas todavía para dar cuenta de la vinculación afectiva del novelista con la ciudad, a la que dice recordar cuando se despierta todas las mañanas en busca de El Ávila.

 
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