EL HISTÓRICO PASO DE LAS FARC

María Teresa Ronderos


MARÍA TERESA RONDEROS

 

Desde el momento en que me enteré que el Secretariado de las FARC han prohibido el secuestro, ando dándome palmaditas en la espalda de la felicidad.  

Me había demorado en compartir mi dicha con los lectores porque no terminaba de comprender la parquedad con que en mi país han tomado la noticia. Me parecía que había algo que yo no había entendido.

Pero reviso el comunicado oficial de la organización guerrillera y lo dice claramente: “Mucho se ha hablado acerca de las retenciones de personas, hombres o mujeres de la población civil, que con fines financieros efectuamos las FARC a objeto de sostener nuestra lucha… Anunciamos  que a partir de la fecha proscribimos la práctica de ellas en nuestra actuación revolucionaria. La parte pertinente de la ley 002 expedida por nuestro Pleno de Estado Mayor del año 2000 queda por consiguiente derogada”.

Esta decisión de las FARC significa que veinte años de marchas ciudadanas contra el secuestro por fin calaron,  que el clamor de los familiares contra el secuestro rindió su fruto y que las miles de vidas perdidas intentando acabar con esta práctica cruel e indecente no fueron en vano.

Para todos aquellos que dicen que no hay que creerles a las FARC, que es otra estratagema, que es más de lo mismo, les respondo que es la primera vez que con la firma del Secretariado, las FARC (o cualquier guerrilla o grupo armado para el caso) dice explícitamente que prohíbe la abominable práctica. Y lo hace con un gesto real: el compromiso de liberar a los secuestrados que aún tiene en su poder por razones políticas. Y más que ponerlos en duda, hay que tomarlos en su palabra, y ayudarles a volverlo realidad con más presión ciudadana.

Falta, por supuesto, que las FARC nos digan cuándo liberan a los secuestrados por razones financieras que aún tiene en su poder,  y le pongan la cara al país por aquellos que murieron en cautiverio y ya no pueden devolver.

De todos modos es un paso hacia la paz, y uno más creíble precisamente porque es pacífico.

No es novedad su anuncio de que “por nuestra parte consideramos que no caben más largas a la posibilidad de entablar conversaciones”, pero, precedido del anuncio anterior, adquiere un nuevo significado. Quiere decir que de haber una negociación con las FARC, sería la primera vez que esta guerrilla retrocede en una de las peores prácticas de su feroz guerra aún antes de sentarse a conversar, y eso sólo es un logro.

El Presidente Santos dijo que las FARC tenían que parar todo ataque si querían que el gobierno negociara con ellas. Uno entiende que le quede difícil a Santos políticamente empezar una negociación de paz sin antes mostrarse muy duro. Es un sociedad que lleva ya una década culpando a las FARC de todos sus males, y será un trago amargo ver a su Presidente sentado dialogando con Timochenko o Catatumbo.

Tampoco es sencillo venderles la idea a los militares. De por medio no sólo están los miles de soldados muertos y lisiados, también está el poder actual de las Fuerzas Armadas, cuyo peso depende en buena medida del hecho de que estemos en guerra.

También tendrá el gobierno que atender el riesgo de que el paramilitarismo se dispare ante la perspectiva de un nuevo diálogo con la guerrilla. Ya sucedió en los ochenta cuando los Acuerdos de la Uribe con Belisario y en los noventa cuando Pastrana se sentó a manteles con Marulanda.

Sin embargo, el gobierno no puede dejar que los amigos de prolongar la guerra colombiana, que son muchos, se tomen el espacio que se abre con este gesto de las FARC. Y lo deshechen como nada.

Decir que no tienen voluntad de paz porque siguen atacando es una perogrullada. !Si es que para eso se necesita una negociación de paz para que paren su guerra!. Si ya no pelearan, pues no habría sino que recibirles las armas en un trámite de notaría.

Las FARC ya no se pueden tomar el poder, pero pueden hacernos sufrir por años y años más. Con este gesto de paz, parece que por fin los guerrilleros se han dado cuenta de lo primero, y eso no es poca cosa. Si lo desestimamos podemos desperdiciar el más auspicioso augurio que ha tenido Colombia en muchos años, para emprender con pie correcto el tortuoso camino hacia el final de nuestro largo y doloroso conflicto armado interno.

 

 @ELPAIS

 

 

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