El país le abrió el camino *

Carlos Blanco


CARLOS BLANCO
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@carlosblancog 

 

“El país democrático está dispuesto a acompañar a Capriles sin vacilaciones”

 

A celebrar, pero el 8 de octubre

 

Dos requisitos se han cumplido para derrotar a Chávez: la unidad del país democrático y la escogencia de un candidato presidencial único. Proceso complejo, pelizorrérico, escarpado, que ha concluido exitosamente. La escogencia de Henrique Capriles fue, además, con una votación abrumadora que no deja chance para argumentos de menor calado, que si pasó esto o aquello. Y, como es de rigor, contra las victorias no hay argumentos; es la realidad que quiebra teorías, dudas y vacilaciones: el candidato ganó y, más aún, arrasó. En forma natural comienza a construirse a posteriori una teoría que tiende a explicar cómo era de inevitable esa victoria como si se cumpliera la predicción inexorable de Isaac Newton con la manzana atraída por la gravedad terrestre. Los azares de la historia se destierran y se demuestra cómo, “científicamente”, lo que ocurrió tenía que ocurrir.

 

Tales seguridades, en cierto modo, importan muy poco porque, al fin y al cabo, hay candidato indiscutible y las pequeñas rencillas quedaron sepultadas en un alud de más de 3 millones de votos. Así como el pasado reciente, el de las primarias es inapelable, poco a poco surge otra certeza: la victoria del 7 de octubre es inexorable. Las presidenciales son un mero trámite, no exento de dificultades, para repetir el 7O en una forma aún más clamorosa la victoria del 12F. Y este narrador sólo quiere alertar en el sentido de que el mandado no está hecho. No es lo mismo una competencia, en una buena medida decente, entre candidatos democráticos que la que viene entre Chávez o su sucesor y Capriles; no es lo mismo una Comisión de Primarias, presidida por una mujer de serenidad, temple y honradez como Teresa Albanes, que la que tendrá lugar bajo el comando de los bucaneros; no es lo mismo discrepar entre demócratas que la noche del 12F se encontraron con el vencedor para apoyarlo, que la que veremos -si es que no intentan impedirla- entre quienes harán todo lo habido y por haber, legal o ilegal, pacífico o violento, para no aflojar el poder.

 

EL CNE. Quien esto escribe estuvo en desacuerdo con la intervención del CNE en las elecciones primarias, aunque una vez decidido por quienes diseñaron el proceso era regla de acatamiento democrático. La dirección opositora lo hizo por razones logísticas y el CNE, ministerio de elecciones del régimen, lo aceptó como instrumento para alcanzar legitimidad: ¡”cómo seremos de buenos que hasta la oposición nos llama, reconoce y aplaude!” Pero la historia la escriben las circunstancias y resultó, contra toda previsión, que la millonada de votos obtenidos, certificada por el CNE y negada inicialmente por voceros chavistas, hizo que el organismo electoral al ir por lana saliera trasquilado. Al revés de lo previsto, se convirtió en factor de legitimación de los votos obtenidos en primarias en medio de la verraquera del Comandante. No era previsible pero ocurrió.

 

Esta experiencia azarosa no debería inducir al descuido del hecho básico. El CNE es un instrumento del régimen al cual la reciente jugada le salió mal y por esta razón el tema de las condiciones electorales es asunto de primera importancia. No es, como dicen algunos bobitos para descalificar el argumento, pararse en la esquina y gimotear que si no hay condiciones boto tierrita y no juego más. El asunto es cómo denunciar el ventajismo y el fraude, y avanzar hasta dónde sea posible en la conquista de condiciones electorales decentes. Nadie plantea que si éstas no son perfectas se vaya a la abstención, pero es esencial luchar por condiciones mínimas cuando la competencia, después de varios años, es con Chávez (si es su sucesor entonces es otro el asunto).

 

 

 

RUIDO DE SABLES. Para nadie es un secreto que un sector del Gobierno sostiene que no entrega el poder de ninguna manera, ni por las buenas ni por las malas. Unos argumentan que las revoluciones no se entregan, otros más pragmáticos piensan que es la manera de conservar lo adquirido, los de más allá sostienen, sin base, que la oposición practicaría la política de tierra arrasada. Quien esto narra no tiene certeza de cuánto poder tienen quienes así piensan, ni tampoco sabe si teniéndolo podrán frenar la avalancha democrática nacional e internacional. Pero esta hipótesis no puede ser despachada fácilmente.

 

Este narrador recuerda en los tiempos de la Coordinadora Democrática cuando le preguntó a un alto dirigente de ese equipo sobre las condiciones para impedir un fraude en el Revocatorio. Ese dirigente respondió: “No te preocupes, fulano y mengano (generales chavistas) han hablado conmigo personalmente y me han asegurado que ellos están dispuestos a impedir el fraude y garantizar la entrega del Gobierno”. ¡Aviados estábamos!

 

La posibilidad de que las fuerzas militares institucionales se expresen es que haya un liderazgo en acción, reconocido, que les hable a los militares como próximo Comandante en Jefe para crear condiciones para una transición pacífica. Hoy es tarea de Capriles.

 

LA ONDA ALFA. El candidato opositor ganó con una política de no enfrentamiento a Chávez. El país democrático lo acompañó abrumadoramente contra la opinión que otros tenían -incluido el autor de estas líneas. Muchas razones pueden aducirse para esa victoria pero una importante es que los sectores democráticos en su mayoría piensan que para ganar el importante segmento del chavismo light es necesario no casar una pelea frontal con el caudillo rojo. La victoria no dejó resquicio para la duda sobre lo que el país democrático pensó.

 

La pregunta que Capriles y su comando seguramente se harán es si la política que sirvió para ganar las primarias sirve para derrotar a Chávez. En esta esquina no se niega esa posibilidad, pero se sugiere que el tema se discuta, porque una cosa es el torneo elegante, casi caballeresco de primarias, y otra cosa es la jarana que se viene. Una cosa es con guitarra y otra cosa es con bandola.

 

UNIDAD. El país democrático está dispuesto a acompañar a Capriles sin vacilaciones. Ojalá él y su partido no confundan la naturaleza de su victoria; son instrumentos de una lucha pero no los dueños de la voluntad ciudadana. Hay que acompañar al candidato con la firmeza necesaria y la fuerza que él sea capaz de inspirar. El país le abrió el camino y le corresponde a él dirigir la marcha en procura de la victoria. Si lo hace con amplitud, Dios, la Patria y los ciudadanos sofocados por la bota de Chávez, se lo premiarán; si no, se lo demandarán. ¡Y cómo!

 

Versión editada 

www.tiempodepalabra.com

 

* Título original Tiempo de palabra

 

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