La Venezuela Virtual

Armando Durán

ARMANDO DURÁN

 

 ¿Con cuál realidad, la deseada o la de verdad, tiene relación el desarrollo de la enigmática enfermedad de Hugo Chávez? El dominio creciente que ejercen en nuestra vida cotidiana teléfonos inteligentes, videojuegos en los que uno puede convertirse en otro con sólo pulsar una tecla y computadores caseros de última generación con potencia suficiente para llevarte y traerte de la Luna, hacen que la realidad, tal como la concebíamos antes, ya no sea tan real como solía serlo. Lo cierto es que gracias a tantos prodigiosos dispositivos tecnológicos se ha logrado la proeza de ir difuminando gradualmente los límites que antes separaban lo real de lo que no lo era, paso importante para ir suplantando la realidad, digamos real, por la apariencia de otra realidad, sin duda irreal, pero infinitamente más grata. Y nos ha condicionado a confundir la una con la otra. Tal como casi dar por hecho, pongamos por caso, que la Vinotinto iba a derrotar a la selección española de fútbol en el campo de la Rosaleda malagueña.

 

Hugo Chávez y Henry Rangel Silva

 

 

Por supuesto, la virtualidad ofrece innumerables ventajas, pero también produce deprimentes ambigüedades y desconciertos. En definitiva, sustituir la realidad por la ilusoria apariencia de una realidad distinta siempre termina en la decepción que encierra aquel viejo dicho popular de que “los deseos no empreñan”. De manera muy especial, si la realidad a la que nos referimos es la del oscuro universo de la política menor.

 

De estas funestas contradicciones entre la Venezuela real y la virtualidad somos actualmente víctimas los venezolanos de todas las tendencias. Sobre todo, porque en eso de vender puras mentiras por verdades sí que son maestros los funcionarios del régimen, y porque desde hace años persiguen esa desmesura con ahínco, aunque no mediante el audaz empleo de algún avanzado sistema tecnológico, sino recurriendo a los viejos efectos especiales de la psicología de masas, el disimulo y la manipulación verbal. Resultado: la puesta a punto de una Venezuela virtual, ajustada exclusivamente a los intereses de quien te conté.

 

Creo que el primer éxito de esta estrategia ha sido tratar de convertir los sucesos del 4 de febrero, cruda intentona golpista contra los valores del sistema democrático, en una virtual rebelión cívico-militar en defensa del pueblo y contra las perversiones criminales del programa neoliberal de Carlos Andrés Pérez. Contraparte necesaria de esta grosera falsificación histórica ha sido la descalificación sistemática de la protesta civil del 11 de abril contra la autocracia militar naciente, tildandola de golpe de Estado, organizado por el imperio yanqui para restaurar en Venezuela el imperio de la burguesía y la explotación del pueblo, mentiras que le han servido al régimen para dividir a los venezolanos en dos bandos, el del chavismo como encarnación venezolana de una excelsa izquierda redentora, y el de los malos malísimos, la oposición, como expresión cabal de la derecha más cruel y canalla. Y, naturalmente, la pretensión de personificar la bondad y la perfección de estos tiempos convulsos en la figura del jefe máximo de los buenos. De ahí la reciente advertencia marinera de que “con Chávez todo, sin Chávez nada”, triste imitación de la terrible disyuntiva ideológica que planteó Fidel Castro en los albores del proceso revolucionario cubano para anunciar el carácter totalitario del nuevo mundo que se iniciaba entonces: “Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”.

 

En este marco de imprecisiones, ¿dónde debemos situar la historia del misterioso cáncer presidencial? ¿En el de las enfermedades provocadas por la maldad científica de la CIA y en el de las aviesas maquinaciones de la oposición nacional de indagar en la naturaleza del mal para minar aún más la salud de Chávez, como acaba de denunciar el general Henry Rangel Silva? ¿Acaso en el de las tautologías más simplonas, como cambiar el rugido presuntamente revolucionario de “Patria socialista o muerte” por la cursilería de “Vivir viviendo”, o peor aún, por el infeliz suspiro de “Viviremos y venceremos”? ¿O en el de la tramposa virtualidad del primer parte médico sobre la última intervención quirúrgica a que fue sometido Chávez? En fin, ¿el cáncer de Chávez y sus curaciones aceleradas son reales o pura virtualidad? ¿Será que en esta Venezuela del escamoteo intencional a todas horas lo que de veras cuenta es hacer virtual cualquier eventualidad, incluso la electoral, que ponga en peligro la participación y el triunfo de Chávez en las elecciones del 7 de octubre?

 

 

 
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