El ABC de Ibsen Martínez – Dramaturgo, novelista y columnista

“Por estas calles” ha sido un karma para mi. Conatel no hace competitiva a las telenovelas venezolanas. El populismo radical y autocrático ya conoce el agotamiento, señala el escritor.

Manuel Felipe Sierra

Pareciera gustarle la polémica. Se siente bien cuando la provoca en sus crónicas periodísticas o con la irreverencia de sus guiones televisivos. Su verbo fluido y vehemente es famoso en las tertulias literarias. Desde hace unos meses incursiona en un nuevo espacio de la dramaturgia: la actuación. Llega inquieto al café del Teatro Trasnocho en Las Mercedes. En unos minutos subirá a la escena junto a Franklin Virguez en el espectáculo “Como vaya viniendo vamos viendo”, que cuenta la historia de “Por estas calles” con nuevos elementos y anécdotas  cotidianas con una fuerte carga política. Sin embargo, hubo tiempo para que Martínez  ofreciera sus reflexiones para los lectores del ABC de la Semana.

“Caracas, mi ciudad tan querida, conspira contra la soledad del escritor” – Ibsen Martínez

– Ibsen dramaturgo, escritor de telenovelas ¿y ahora actor?

– Como tantas cosas que nos pasan en la vida, uno se pone en marcha atendiendo unos motivos y resulta que los motivos son mucho más profundos y oscuros. El motivo de que yo me incorporase como figurante en el espectáculo es muy sencillo: a finales de 2010, me vi de nuevo ante la pregunta que viene repitiéndose desde hace 20 años “¿por qué escribieron Por estas calles?”, desde hace un tiempo ello se convirtió en un karma para mi pero a finales de 2010 se profundizó el karma cuando apareció el libro de Mirtha Rivero “La Rebelión de los Náufragos”. Siempre hago esta distinción porque no quisiera que Mirtha pensase que tengo algo contra ella pero no comparto el tono del libro, el tono exculpatorio de Pérez. Pero una cosa es una cosa y otra es calarse a los mediocres factores de la vieja política que escriben en twitter y escriben articulitos pésimamente redactados que agarraron el libro de Mirtha como un argumento exculpatorio definitivo. A mí me irritó mucho eso, entre otras cosas, por lo estalinista que es el argumento; paradójicamente gente que es anti-comunista estaba escribiendo un argumento del más puro marxismo vulgar, la idea del reflejo, la teoría de que la gente hace lo que los medios le inducen a hacer.

 

– ¿Cuál es el verdadero origen de “Por estas calles”?

– El verdadero origen es un cuento que pertenece a la picaresca latinoamericana. Yo viví muchos años escribiendo para la televisión y después, hablando mal de la televisión. De hecho, abandoné “Por estas calles” en el capítulo 218, batiendo récords nacionales de permanencia, porque una telenovela no tiene más de 150 capítulos y el promedio que escribe un escritor o un libretista es de 120. El caso es que me había ganado a pulso una reputación nefasta en la industria de la telenovela en cinco países del continente, y es que yo  llegaba  al capítulo 25 y tiraba la toalla, me fastidiaba, esa es la verdad. Además, yo era muy perezoso y este es un trabajo que requiere mucho tesón y es muy agotador. Aunque no lo parezca consume muchas horas del día, no te deja tiempo para ninguna otra actividad intelectual, y está sujeto a las contingencias de que la actriz se enfermó, el libreto quedó corto entonces hay que escribir un poco más, etc.

– Además se vive seguramente angustiado con las contingencias de la vida diaria, los cambios en los personajes

– Nadie ha escrito una telenovela completa y se la entrega a un canal para que la produzcan. Entonces, yo no tenía ese tesón, no tenía lo que había que tener para hacer 150 horas de una telenovela, además tenía muchos melindres intelectuales, no me gustaba preñar a la chiquita en el primer capítulo por ejemplo. Con esa reputación llegó un momento en el que la tasa de retorno se hizo absolutamente decreciente y al comienzo del 91 para mí estaba claro que el canal no me iba a renovar el contrato de ese año. Entonces, en septiembre me reuní con Marcel Granier y  yo quería hablar con él porque ningún ejecutivo me daba la cara y yo estaba dispuesto a escribir una telenovela con la única intención de hacer renovar mi contrato. Lo central de esa reunión fue decirle a Granier lo que yo creía, que en el año 92 se iba a recalentar aún más la agenda política y la agenda social que ya venía muy recalentada, y yo quería hacer una telenovela de comentarios sociales, de costumbre, pero eso no era lo que tenía el canal en mente. Y bueno, no quedamos en nada. Yo estaba haciendo una novela un poco a disgusto llamada “Eva Marina”, y este proyecto había rodado por todos los escritorios del canal sin encontrar apoyo. Sólo que semanas más tardes, todavía no había ocurrido todavía la intentona del 4F, fui llamado para escribir “Eva Marina” pero el clima político se había tornado explosivo y entonces cambié un poco su contenido y lo convertí en una comedia negra de costumbres, esa es la historia.


Por las calles de la autocensura

– Es decir se combinaron dos cosas: un clima político que efectivamente logró reflejar la telenovela y un cambio de formato de ésta que resultó exitoso y gustó al televidente habitual.

– Exacto. Yo tengo una anécdota de esa experiencia. Hubo un personaje queridísimo en la industria llamado Julián Manrique, para todos “Manriquito”. Él era el jefe de máster de Radio Caracas Televisión, era adeco betancourista, estaba furioso contra Carlos Andrés Pérez, y era un hombre de cultura sindical. Un día el entró a mi oficina y me dijo: “Me encanta lo que estás haciendo” y cuando un técnico como él o un técnico de televisión se entusiasma con lo que está viendo ya estamos coronados, porque es gente que se hace escéptica, que está cansada de ver mucha basura y de repetir cosas, y muchas cosas malas. Manrique traía una idea, una de las ideas más celebradas que me la atribuyen a mí y en realidad yo le hago justicia porque fue de él. Manrique un día me trajo un libro que se llamaba “Frases célebres” y me dice: “¿Sabes qué sería chévere? que al final de cada capítulo el negro Tomás Henríquez leyera una de estas frases, yo la coloco en el generador de caracteres y así la gente va a ver esta especie de epígrafe y le va a conseguir un sentido al capítulo y además va a recordar la frase”.

– Pero era una propuesta muy audaz para el formato de las telenovelas

– Yo le dije que me parecía diabólico, pero que no estaba negado con eso, era algo técnico que suponía asuntos ajenos a la escritura, y él me dice: “ya está hecho, lo que estoy esperando es que me digas que sí y que el negro Tomás las lea”. ¡Lo había hecho! A ratos perdidos había metido las citas, que eran como 600. Entonces yo hablé con Tomás Henríquez, que no era parte del elenco pero era todo un caballero y el nos dijo que sí. Pongo este episodio y puedo invocar el del título, la telenovela se iba a llamar “Eva Marina”, un título convencional de telenovela y yo con eso quería halagar a una mujer que estaba cortejando en ese momento y que se llamaba así. La novela ya estaba grabando pero aún no tenía un título definitivo. Un día entra a mi oficina María Alejandra Martín que estaba casada con Yordano y me dice:”Quiero que escuches algo, pero no se lo digas a Yordano”, lo que ella me estaba proponiendo era usar la canción eventualmente dentro de la novela. Esa misma tarde el productor, Alberto Giarrocco, me dijo: “Vamos a oír esto”, cuando escuchamos los primeros compases yo le dije: “Si pudiéramos convencer a Yordano de que nos regalara el título”, y él no tuvo inconveniente. Un cierto azar configuró un hecho llamativo.

  

El analista considera que no hay nada más terrible que un Presidente en su segundo mandato.

– ¿Cómo ves el medio televisivo en estos momentos, muy sometido  las restricciones de Conatel y la auto censura, verdad?

– Sí, y en ese sentido uno no puede cargar la mano en decir que la autocensura es del todo una práctica irresponsable, eso forma parte de la problemática que presentamos que está afectando nuestra forma de vida. Yo me he apartado de la televisión desde hace muchos años, ahorita voy a volver a escribir una telenovela pero para una productora en el exterior ¿por qué? porque profesionalmente no me conviene salir al aire con una telenovela que forzosamente en Venezuela se va a ver afectada por la autocensura y por las limitaciones de esta política. No es un secreto que la obligación que tienen los canales en este momento de producir no sé cuantas telenovelas es una imposición de Conatel y es una tenaza terrible, eso le ha restado competitividad a las telenovelas venezolanas.

Festival de ideas y escritores

– ¿Y en el plano de la escritura? Hay sin duda una emergencia de la novelística y la crónica periodística y un aumento de la lectoría venezolana

– El tema por supuesto es peliagudo porque si uno dice algo que pueda sonar inconveniente lo pueden asumir como personal. Yo escuché a Alberto Barrera Tizca en un foro y el dijo algo que no he olvidado: “en Venezuela durante el siglo XX era posible ser escritor sin tener lectores” el mecanismo de consagración no pasaba porque hubiesen muchos lectores o hubiese un debate crítico, sino pasaba porque se publicasen y para publicar sobraban instancias. Además, había una actitud academicista respecto a la literatura, los premios se otorgaban unos a otros, pero yo concluyo que en verdad había un repudio en el mundo de las letras hacia el escritor profesional. Esto lo que explica que ahora estamos todos de acuerdo en que José Ignacio Cabrujas era el oráculo de la escritura, pero cuando yo lo conocí en los años 60 él era poco menos que una rata; me permito recordar que José Balza lo llamó burro después de muerto porque se había metido a escribir en televisión. Entonces, lo que le faltaba y le falta a los venezolanos es profesionalismo. En Colombia por ejemplo las cosas han ido por otro camino, éste es un país que si privilegia al escritor y hay un sentido competitivo que se expresa también en que es tal vez el único país que tiene una revista estrictamente literaria como “El Malpensante” que a su vez es la nuez de un gran festival de ideas y de escritores.


– Ya tenemos al Ibsen escritor, al Ibsen guionista, ¿Cuál es la visión del Ibsen analista y columnista sobre la situación actual del país, hacia donde vamos?

– Mi visión de lo que está pasando está teñida por lo que a mí me está pasando como ser humano. En los últimos años me he dedicado en ponerme al día con mi propia agenda, terminé una novela que se llama “Simpatía por King Kong”, yo se que puede sonar muy extraño pero la arquitectura literaria propicia estos encuentros y eso me ha obligado a retraerme. Caracas, mi ciudad tan querida, conspira contra la soledad del escritor; y retraerme me ha hecho ver lo que está ocurriendo de un modo muy distinto, menos militante. Creo que hay mucha inevitabilidad en lo que nos ha ocurrido y que esa inevitabilidad no puede ser fácilmente interrumpida. En este momento creo que estamos entrando en una fase de agotamiento sobre todo de lo que el populismo radical y autocrático pudo ofrecer, se están agotando en los hechos las posibilidades económicas de este modelo y lo que cabía esperar es la acumulación de fuerzas de la oposición, la aparición de un nuevo liderazgo y dos circunstancias que son: la enfermedad de Chávez y la buena estrella de Capriles.

– El cuadro de salud de Chávez supone una interrogante para el rumbo político del país

– A Hugo Chávez Frías, aún enfermo o sano, hace rato que se le pasó su momento, no pudo con la sociedad venezolana, no pudo imponer su modelo o por lo menos no del modo que él pensaba. Lo inevitable, lo que cabe de esperar es una derrota electoral y la única incertidumbre es si él y sus radicales lo aceptarán. Si creo que habrá mucha resistencia pero Venezuela ya no da para que en agotados procesos, el democrático le resulte adverso a Chávez, él está históricamente viejo, su mentor está muerto políticamente y su influencia en el continente cada vez es va más para atrás. Además, tiene otro factor en su contra que su anti-imperialismo seguramente le impide ver y es que no hay nada más terrible que un Presidente en su segundo mandato.

– Pero podrían venir tiempos de una turbulencia impredecible

 – Yo creo que se avecinan tiempo mucho más turbulentos que los que hemos vivido pero que se han abierto ventanas que pueden hacer que la política en su mejor acepción vuelva a Venezuela. No creo que esté en el interés de los millones de venezolanos que apoyan a Chávez que el país precipite por el barranco de la anarquía y la violencia. 

 

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