LA HORA DE CHINA *

BEATRIZ DE MAJO –  

 

Quien piense que las dolencias presidenciales ponen a Venezuela, más que nunca, en manos de Cuba para su desenvolvimiento futuro, se equivoca. La posibilidad de un radical cambio en Venezuela como soporte y sostén único de la economía cubana ya tiene disparadas todas las alarmas en los círculos políticos de la isla. Pero la capacidad de maniobra de los cubanos es hoy extremadamente limitada, y de ello tienen plena conciencia. Puede, incluso, configurarse en Venezuela un escenario en el que quien asuma “la transición” ­como ya se llama dentro de la revolución bolivariana al periodo que viene­ sea un dilecto amigo de Cuba. Pero la ayuda económica sin límites ni escrúpulos al languideciente gobierno de los Castro tiene los días contados. Nuestra economía precaria de este momento no soportará seguir manteniendo a pulso la economía insular.

 Ya hace rato que el régimen cubano tiene la vista puesta en quien sí puede constituirse en un sustituto de Venezuela dentro del inmediato corto plazo: China. No hemos estado atentos a los acercamientos que se configuran entre La Habana y Pekín.

 

Para los revolucionarios criollos una “traición” de este calibre es impensable. Estos están seguros en demasía del contubernio Chávez-Castro para ver a China como un tercero en discordia. La oposición unida está tan atenta a los menesteres electorales que no se detiene a atisbar los íntimos lazos que se vienen entretejiendo desde China con todos los países del Caribe, Cuba incluida.

 

Para China, Venezuela ya está asegurada como aliada estratégica con empréstitos que pronto sobrepasarán los 40.000 millones de dólares y que nos volverán sus tributarios por muchos años. China viene, además, armando un entramado de penetración en las diminutas naciones caribeñas. El beneficio económico recíproco de estas relaciones los tiene, realmente, sin cuidado. En el caso de Cuba, sin embargo, la tentacularidad China tiene más trascendencia. La isla es un enclave estratégico a poca distancia de las costas americanas y a poca distancia igualmente de sus enormes intereses en Venezuela.

 

Las tiendas de Cuba se encuentran repletas de productos chinos y su relación de inversión en infraestructura y área productiva es cada día mayor. China participa en un proyecto de inversión de 6.000 millones de dólares para expandir la refinería de Cienfuegos y planea la construcción de un terminal de gas licuado. Por otro lado, China aporta oxígeno a la economía insular importando lo poco que Cuba exporta de azúcar y níquel. El gigante asiático está en pos de transformarse, para los cubanos, en la benefactora Unión Soviética de antes de la caída de la Cortina de Hierro y en la dadivosa Venezuela de la primera década del presente siglo.

 

El mapa cambia en el Caribe.

 

Cuba estará en breve en manos de China. Nosotros también.

 

* Esta semana con sumo gusto cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés y calidad. 

 

 

 
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