¿QUERER ES PODER?

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

 

I

            Dadas la cercanía del 7 de octubre, el nunca definitivamente resuelto problema de la candidatura  del presidente Chávez, y la acusada diferencia entre una oposición unida hasta la exageración alrededor de su candidato y un gobierno de liderazgo confuso y contradictorio, no me resulta fácil entender cómo es que sigue la lata esa de si uno cree que Chávez y el PSUV entregarán el poder si fueran derrotados por la alternativa democrática. La pregunta se acompaña de un tono y una mirada entre burlones y escépticos.

 

Valentín Santana

           La pregunta lo espera a uno agazapada detrás de un árbol. Haga lo que haga la alternativa democrática y deshaga lo que deshaga el gobierno, nada conmueve la broncínea lógica del escepticismo. ¿Acaso la manga de los presuntos reos de delitos de narcotráfico y terrorismo entregarán el poder a quien supuestamente ha de juzgarlos? ¿Y los que se acostumbraron a mandar, los privilegiados y nuevos ricos, regresarán así como así a la modesta vida que llevaban antes del triunfo de la revolución bolivariana-proletario-zamorana-socialista?

            Después de la exhibición de fuerza, organización, disciplina y unidad de las primarias y de las crecientes dificultades que encuentra el gobierno para dirigir con el dedo del líder un gobierno que se les escapa de las manos, esa pregunta debería haber caído en desuso. Y sin embargo no es así, y no lo es porque el pesimismo puede ser una enfermedad y no se diga el derrotismo. Se da incluso la paradoja de que siendo uno y único el gobierno crepitan sus tendencias internas mientras que siendo muchas sus tendencias, la alternativa democrática consolida su unidad y único candidato. Debería decirles algo, pero nada, siguen en lo mismo.

 

II

            Lo cierto es que el gobierno está acusando una mortal incapacidad de lograr lo que se propone. No le va el jactancioso  apotegma de “querer es poder” sencillamente porque el poder no depende del querer. ¿Chávez quiere o no perpetuarse en el mando? ¡Por supuesto que sí, así como los viejos proletarios hoy propietarios  ni con aceite hirviendo en las uñas soltarían sus cargos, si dependiera de ellos!

            La cuestión es que no hay uno solo en la arena; hay por lo menos dos. Si uno no quiere entregar, el otro no quiere que le arrebaten la victoria. La cuestión es quién tendrá la fuerza para hacer valer sus deseos en un momento dado.

            En los últimos tiempos se ha acentuado hasta el patetismo la distancia entre el poder y el querer del propio híper-presidente Chávez. Tomemos el caso de Valentín Santana, el célebre y aguerrido jefe de La Piedrita quien sigue exhibiendo su desenfado guerrero a la vista de todo el mundo y sin que le pase absolutamente nada. El presidente ordenó hace cerca de cuatro años la detención de Santana. No fue una orden secreta o por el canal regular sino ostentosa, pública, echona conforme al gracioso estilo que lo caracteriza. ¿Pasó algo? No, no pasó lo más mínimo. Valentín siguió en su inexpugnable fortaleza del 23 de enero y los cuerpos policiales siguieron a prudente distancia, sin arriesgarse a cumplir el mandato del supremo líder. Pero recordemos que el Tribunal 45 de Control de Caracas ya había dictado en 2007 la privación de libertad de Santana y un año después fue acusado judicialmente como presunto autor de un delito de homicidio. Nada de eso le cambió la vida a nadie, mucho menos al interfecto.

            Todavía resuenan en los oídos del país las mortíferas amenazas  que el máximo líder profiriera el año pasado contra el hombre de La Piedrita. Agotó su resobado reservorio de improperios, sin que faltara la acusación de ser agente de la CIA. Parecía que hasta ahí había llegado el célebre Hood del cemento caraqueño y de paso que la agencia gringa, la CIA, seguía aumentando su membresía. Cuidado y si no gana las elecciones.

 

III

  

Miembros de La Piedrita acusaron a Globovisión de ser los responsables de las muertes de los mi- litantes del grupo armado

          ¿Querer es poder? Bueno, el presidente ha querido y no ha podido, pese a que Santana lo deja mal exhibiendo su presencia y convicciones. El despliegue de la Piedrita, con su jefe a la cabeza, frente a la odiada Globovisión, dejan mal al impotente Chávez. Santana exigía el esclarecimiento del asesinato de su hijo, derecho que nadie puede quitarle. ¿Pero por qué ir a Globovisión y no al Ministerio Público?

            Valentín Santana y los suyos están censurados en los medios del gobierno, que son la inmensa mayoría, pero como necesitan una amplia cobertura, fueron a buscar la libertad de expresión en quien se ha convertido en principal emblema de ella.

            La libertad de expresión –lo ha descubierto en su piel Santana- es tan necesaria como el aire para los seres humanos libres

            Estos sucesos configuran una metáfora. Las órdenes superiores no se cumplen, las descalificaciones, amenazas e insultos pierden efecto porque se percibe que no hay fuerza para honrarlas.

            Isaac Azimov, en una personalísima y aguda interpretación de la Biblia, afirma que los asirios –los nazis o estalinistas de la Antigüedad- emplazaban en los caminos figuras de aspecto feroz con el fin de frenar los desplazamientos enemigos. El poderoso ejército asirio no podía estar en todos los sitios al mismo tiempo. Aquellas esculturas eran impresionantes y no obstante el tiempo, siempre implacable, descubrió que eran humo, vacío, oquedad, nada…

            Como las amenazas del Presidente y sus conmilitones 

 

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