Agua, vida y futuro

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com                                          

 

Protestas de todo tipo, acciones diversas y hasta movimientos sociales ha generado la preocupante situación del suministro de agua potable en Carabobo y buena parte de la región central del país, específicamente la que es surtida por el líquido proveniente del embalse Pao-Cachinche. Bien bueno todo eso de que la población reclame el mejoramiento del servicio, que se incorpore a esta lucha por el agua, que en verdad es una lucha por la vida, pero lo lamentable es que sigue pasando el tiempo, se anuncian soluciones que no se concretan y las protestas se vuelven rutina.

Embalse Pao - Cachinche

Sucede algo particular con la gente que poco a poco se ha ido concientizando en torno a la escasez, contaminación y todo lo que envuelve la problemática del agua, que de igual manera paulatinamente se frustra o decepciona por el cariz que finalmente adquiere la protesta en la que participó o el grupo o movimiento al que se adhirió para organizar acciones, pues la lucha se desnaturaliza cuando el vocero de un movimiento por el agua aparece semanas después declarando como dirigente de un partido político, acompañado de militantes del mismo, promocionándose como aspirante a concejal, alcalde o diputado o anunciando con todo descaro el apoyo del movimiento vecinal a determinada candidatura electoral. Con toda razón, el ciudadano que se enroló en muchas acciones impulsado por una necesidad tan vital, se siente burlado.

Y estas situaciones se repetirán a cada rato en este año electoral, sin embargo, hay que estimular a quienes apartando intereses políticos están verdaderamente convencidos que hay que involucrar a todos los sectores para lograr avances en la solución de un problema bastante complicado. Es necesaria la participación de conocedores de la materia, no de opinadores de oficio, para robustecer una corriente que con seriedad y propiedad pueda debatir, hacer propuestas y exigir un compromiso a las autoridades encargadas de resolver el problema.

Lo que está en juego es grave, sabemos de la peligrosidad que representa el crecimiento del nivel de las aguas del lago de Valencia, que indudablemente causará estragos en el próximo invierno, además de la alta contaminación de esa zona lacustre, lo que ha incidido en el deterioro del agua proveniente del Pao-Cachinche al hacer trasvase del líquido del lago al embalse para aminorar las inundaciones alrededor del lago. Incrementar ese trasvase es aumentar la contaminación del embalse, la del agua que llega a nuestros hogares.

Es tan alta la contaminación de esta agua que a pesar del tratamiento que recibe es fácil observar su aspecto sucio, a veces con barro, otras con color cenizoso, además del mal olor. No olvidemos que son muchos los residuos industriales que recibe el lago de Valencia y que la cloración del agua también tiene un límite.

El efecto de esas sustancias químicas en nuestro organismo se verá a futuro, lo sufrirán de adultos los niños de hoy. La tarea es comenzar ya por la raíz, por el lago, sin trasladar el problema a otro lugar.

 

 
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