ANIVERSARIO DE UNA CIUDAD SIN DOLIENTES

Alfredo Fermín


ALFREDO FERMÍN
afermin@el-carabobeno.com 

Hace 40 años, cuando se aproximaba el 25 de marzo, día de Valencia, el Concejo Municipal (en esa época no había alcaldía) inauguraba una serie de obras como regalo a la ciudad y se desarrollaba un extenso programa de actividades que demostraban el sentido de pertenencia y el orgullo de la valencianidad. 

El próximo domingo Valencia estará de cumpleaños sin que haya una obra para inaugurar, ni por comenzar. Lo que existe son promesas repetidas tantas veces que nadie las cree. Quien conoció la Valencia tradicional, ve espantado la imagen de desolación y de abandono en que se encuentra ahora.

Las parroquias Catedral, Santa Rosa, Candelaria y San Blas están en ruinas, invadidas de ventorrillos, talleres mecánicos y pensiones de las cuales algunos residentes andan por las calles  en short, sin camisa y descalzos, como si estuvieran en la playa.

A finales del verano del año pasado  presenciamos en Venecia, una ciudad turística por excelencia, el arresto de dos jóvenes por agentes de la policía por transgredir las normas y andar sin camisa y tomando cerveza  en la vía pública.

La ciudad ha adquirido un ambiente de tanta fealdad que pareciera que vivimos en otra parte.  A quien pasa por la  avenida Bolívar, llena de alambradas,  terraplenes, casillas de zinc y herramientas abandonadas, le es imposible imaginar que por allí se extendía un bosque de centenarios cedros y caobas, talados, criminalmente, por los constructores del Metro. Después abandonaron esta obra porque el que dispone de Venezuela como si fuera su hacienda personal no aprueba los millones de dólares para continuarla porque esta ciudad, según su verborrea, fue la cuna de la traición al proyecto de convertirnos en provincia de Colombia, como lo somos ahora de Cuba, de Simón Bolívar, de quien él cree ser su reencarnación.

 

Indiferentes

Hemos aceptado ese menosprecio  como si fuera un mandato divino, por lo cual se ha perdido el respeto y la valoración de lo que nos pertenece. Los que lograron el poder político y después el poder económico  desecharon el elegante escudo, que venía desde los tiempos de la Colonia, para imponernos una mojiganga que parece el logo de una empresa agrícola y pecuaria, con sus matas de maíz y cambur que sustituyeron a la imagen de Nuestra Señora de la Anunciación, bajo cuya advocación fue puesta  Valencia dedicada al Rey de España, hace más de cuatro siglos y medio. 

Y lo peor fue que no hubo un rechazo contundente para oponerse a esta barbaridad, que quedará incluida entre las afrentas sufridas por Valencia. Es obligación ciudadana exigir a quienes sean electos concejales para integrar el nuevo Concejo Municipal, que se comprometan a derogar el escudo que se nos impuso, porque no representa, para nada,  la idiosincrasia valenciana.

Existe tanta ignorancia y tanto menosprecio por  nuestro gentilicio que un concejal  de estos tiempos llegó a afirmar, por la prensa, que la Virgen del Socorro no es la patrona de la ciudad. El influyente legislador desconoce que ese patronazgo  ha sido confirmado por tres Papas, incluyendo a Benedicto XVI, quien distinguió a nuestra patrona con la Rosa de Oro, reservada para reyes y advocaciones  marianas de culto extendido mundialmente. El concejal en referencia estuvo a punto de pedir que pusieran una patrona revolucionaria, que no estuviera vestida de negro sino de rojo. Pero uno de sus colegas le susurró: “Con la Iglesia no te metas. Esa era la Virgen preferida del abuelo del comandante presidente”. Por esa advertencia se quedó quieto pero estuvo muy preocupado cuando, en un Aló Presidente, vio que Chávez mostró un escapulario con la imagen del Socorro, que llevó fervorosamente su antepasado.

 

La contaminación de las aguas

Como siempre sucede, bastó que se dijera que la contaminación estaba llegando a Caracas para que se encendieran todas las alarmas y salieran declarantes y canales de televisión  atribuyéndose la autoría de una denuncia surgida en Valencia, documentada con análisis y reportajes propios del mejor Periodismo de investigación. La agenda propia de El Carabobeño ha tenido un triunfo que debe ser reconocido y tomado como ejemplo de un diario que defiende la calidad de vida y los derechos de la nación venezolana.

Ahora nos encontramos con que el Ateneo de Valencia y su impresionante colección de Arte Venezolano, lograda durante más de 60 años, a través del Salón Arturo Michelena, ha sido regalada a un organismo de nombre Instituto de las Artes, de la Imagen y del Espacio. Una decisión tomada por un gobierno que no quiere, ni respeta,  la cultura, que será cumplida por falta de coraje para defender lo que nos pertenece. El gobernador Henrique Fernando Salas protestó la decisión, pero no se ha visto el respaldo de eso que denominan las fuerzas vivas. Las otras instituciones no se han acercado a los medios para protestar la aberrante decisión, sin tomar en cuenta que ese silencio podría conducir a que a ellas le hagan lo mismo, porque no  tenemos un gobierno democrático. Sólo el Valencia Press Club ha emitido un contundente comunicado llamando la atención de las autoridades con competencia para que hagan cumplir el Estado de Derecho, lo cual evidencia el compromiso de los integrantes de dicha institución para combatir acciones que violenten los derechos ciudadanos y las normas de la Constitución Nacional.

 
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