EL PRELUDIO Y EL FIN *

Charito Rojas

CHARITO ROJAS
charitorojas2010@hotmail.com          

“Los cementerios están repletos de los restos de quienes se creían indispensables”. Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832), poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán.

 

El recadero

La institucionalidad venezolana ya está mostrando abiertamente el impacto de un régimen unipersonal que tiene más de 13 años aferrado al poder. Cada vez más desdibujados los límites entre Estado y gobierno, entre los poderes públicos, entre la voluntad presidencial y el mandato constitucional, entre lo que es y lo que debe ser.

Lo preocupante es que toda una generación se ha formado bajo estos preceptos de idolatría al caudillo, de sometimiento a un solo poder, de humillación para obtener lo que legítimamente corresponde. Entendemos el fanatismo de aquellos que ciegamente siguen a su líder. Ellos no entienden de instituciones, de leyes, de finanzas, ni siquiera de dignidad. Sólo ven la mano que les da la dádiva, el discurso que les masajea el afecto.

Pero cuánto despreciamos a la corte de jaladores, aprovechados y vividores, que teniendo la posibilidad de vivir dignamente, se tienden como alfombras para que los pisoteen a cambio de su cuotica de poder y su gran cuota de billetes que les garantizarán ese futuro opulento fuera de Venezuela, cuando esta historia trágica termine. Me avergüenzo de haber nacido en el mismo país que esta gentuza sin honor a quienes poco importa el discurso ideológico sino lo que cobran por sostenerlo.

Y en manos de estos impúdicos jalab… estamos. Con el Comandante ausente, se matan entre ellos por pescuecear más que los demás. Todos quieren ser el “sucesor”. Porque lo habrá, no tengan la menor duda. Pobre Venezuela, si a alguno de estos personajillos de tercera categoría, insuficientes para dirigir honorablemente siquiera una junta de condominio, le toca en suerte esa rifa de ser el candidato sustituto. ¡Ah!, pero eso sí, todos andan ganando puntos.

El Comandante trata a Jaua como a un muchacho de mandado.

Por ejemplo, el vicepresidente Jaua, a quien el Comandante trata como a un muchacho de mandado (“Elías, ocúpate de eso; Elías, ¿y qué pasó con aquello, chico?; Elías, recíbele la cartica a esa compatriota”) y a quien ni por asomo encarga de la Presidencia. Pues el muchacho Elías en sus intervenciones públicas dice todo en nombre de su jefe, lo cual confirma su posición de recadero. “Mi Presidente dijo esto antes de irse a Cuba, mi Comandante ordenó que se hiciese tal cosa”, en un intento común a todos los personajes del gobierno, de hacernos creer que el Presidente sigue gobernando al país desde su lecho de enfermo en Cuba. El colmo fue cuando el Vice anunció la reducción en el precio de 19 productos, diciendo: “Estas reducciones fueron aprobadas desde Cuba por el Presidente de la República”. Sí, cómo no, ya imaginamos al mandatario entrando al quirófano sedado y lleno de cables, pero con un celular en la pata de la oreja ordenando: “Elías, me bajas el precio del desodorante y de las toallas sanitarias en 25%, y no te olvides del champú”.

 

Lo que veremos

 

Toda una generación se ha formado bajo estos preceptos de idolatría al caudillo

Tienen un serio problema de credibilidad. Fíjense que nadie le cree al Comandante cuando habla de su enfermedad. Ni siquiera sus fanáticos seguidores, que juran que María Lionza y José Gregorio están aliados para salvarle y que su líder es invencible, inmortal, Superman pues. Mientras que la oposición se debate entre creer o no que tenga la terrible enfermedad. Ya son tantas veces que han probado lo del trapo rojo, tantas las mentiras y los engaños, que al igual que en el cuento, el lobo se está comiendo a Pedro y nadie lo cree.

Pero el centro de este asunto no es la enfermedad de un hombre, que como tal, está sujeto a padecerlas, a enfermarse, a curarse o a morirse. Es un mortal y como él mismo dijo “con cáncer o sin cáncer, hay que seguir adelante”. El país no se puede detener, sobre todo la lucha por la reconquista de la democracia y las instituciones no puede pararse por este sentimiento de lástima. O por estar pisando territorio flojo, al enfrentar a un hombre enfermo.

El Comandante no cuenta entre sus virtudes la piedad y mucho menos el arrepentimiento. Enfermo, boqueando, sintiéndose mal, hinchado, padeciendo como está, su verbo no deja de insultar a sus “enemigos”. Ahora su blanco es la burguesía y su candidato, enviado por el Imperio mismo. Para quienes no lo saben “burgués” es un integrante de la clase media emergente, aquella que se montó en el siglo XIX en el tren de la industrialización y el comercio, para lograr vivir mejor, ¡qué pecado tan grande! O sea, el Comandante está en contra de quienes con su legítimo trabajo aspiran a vivir mejor. Pero en cambio, aúpa a quienes estudian en universidades de quinta categoría para obtener sólo cargos públicos o a quienes viven de las misiones, aprovechadas más por los sinvergüenzas que por quienes tienen real necesidad. Pregunten en los barrios cómo viven muchos miembros de consejos comunales que antes tenían burro y ahora camioneta. Pregunten a las beneficiadas de Madres del Barrio cómo las hacen inscribirse en el Psuv y las amenazan con que les ven el voto. Pregunten a una señora de Campo de Carabobo que me contó que no la metieron en una misión porque su casa tenía las rejas amarillas y los del consejo comunal le dijeron que si no las pintaba de rojo no entraba en el programa.

El Comandante ha ofendido a más de la mitad del país y de la otra mitad, muchos permanecen allí con humillación. Cuando lleguemos al epílogo de esta historia, veremos la estampida: los empleados públicos diciendo que ellos son de carrera, que los obligaban a ponerse la franela roja e ir a las marchas (cosas ciertas, ya lo creo), pero que ellos no estaban con el proceso; los chivos (o bichos, es lo mismo) gordos escapándose a los paraísos de los amigos de la revolución, donde nadie discute derechos humanos ni hay extradición; a los patrulleros y milicianos diciendo que estaban allí por el sueldo; a los dirigentes medios y locales, cuadrándose para que no les quiten su beca.

Lo sentiremos mucho por los pocos que sí pusieron verdadera fe y esperanza en que esto sería un cambio en su vida. Tal vez la de muchos de ellos sí haya sido favorecida, y eso hay que mantenerlo.

 

El próximo Presidente

 

Mientras tanto, no hay que perder el foco. No importa por la razón que sea, no es posible que hayan decidido arbitrariamente utilizar símbolos religiosos como las cruces de Navidad de Caracas y de Valencia, para encenderlas hasta que el Comandante regrese. Con el historial poco ortodoxo, con las ofensas a la jerarquía eclesiástica, con la utilización que ha hecho de los símbolos cristianos, con su abierta afinidad hacia sectas como la santería, es imposible que los católicos aceptemos esta jalada del Ministro de Turismo. Eso sin mencionar que en Venezuela nos multan por consumir electricidad y que los apagones no han cesado.

 

Muchos quieren ser el “sucesor” aunque ninguno lo admite públicamente

 

No es posible que el CNE permanezca en silencio ante lo ocurrido en la “despedida” en el Teresa Carreño, en la cual el Comandante nombró a su jefe de Comando Carabobo, a los jefes de las unidades, les señaló lo que iban a hacer, les trazó estrategias de campaña y de publicidad. Todo esto en cadena nacional de radio y televisión, en abierta violación a las leyes electorales, en grosero ventajismo, en adelantada campaña electoral, cual es su costumbre. O sea, el país le está pagando la campaña para la reelección. De esto no tenemos la menor duda, sobre todo cuando a los periodistas nos envían los boletines del Comando Carabobo desde la unidad de prensa de organismos públicos, como la Asamblea Nacional. Con todo descaro, las oficinas y los empleados públicos trabajan para el comando de campaña. Pagados con dinero de la nación. Y no puede ser menos cuando Alcaldes, Ministros, diputados, son los jefes de las unidades de campaña.

CNE permaneció en silencio por lo ocurrido en la “despedida” en el Teresa Carreño, donde el Comandante anunció su Comando Carabobo.

Nos preguntamos ¿cuándo va a trabajar esta gente para justificar el sueldo y el cargo? Están dedicados en cuerpo y alma a defender su revolución, a hacer campaña electoral, a establecer los comandos del interior. ¿Y qué dice el CNE? Ni pío. Infringen todas las normas, trabajan con dineros, empleados y espacios públicos, jalan a más no poder para ver si les toca el premio gordo. Esta indecencia debe terminar. El personalismo y la arbitrariedad del poder deben acabarse.

El próximo Presidente puede llamarse como quiera, ser casado, soltero o viudo, católico o judío. Eso no importa. Lo que importa es que sea el Presidente de todos los venezolanos, que los otros poderes equilibren su poder y actúen con autonomía y sobre todo que gobierne para los 27 millones de venezolanos, burgueses o desdentados, oligarcas o revolucionarios. Todos somos venezolanos y merecemos un Presidente que respete nuestra libertad y que respete a Venezuela.

 


* Título original: LA HORA DE LOS JALADORES

 

 

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