MORIR ES MÁS FÁCIL EN VENEZUELA

José Antonio Publisi


JOSÉ ANTONIO PUGLISI

 

Si vives en Venezuela, sabrás que hay situaciones que son difíciles. Encontrar un litro de leche en un supermercado, por ejemplo, puede ocuparte días enteros y largas colas. Eso, si tienes el poder adquisitivo suficiente para costear los altos índices inflacionarios que afectan a todos los sectores. Ahora bien, si algo está garantizado en el país, es el riesgo diario a ser víctima de un atraco, hurto, secuestro express o cualquier acto de delincuencia en general.

La violencia está esparcida por todas las ciudades venezolanas y los asesinatos son un acto tan cotidiano como respirar. Los niveles incontrolables de criminalidad han creado un ambiente de impunidad, donde más del 90% de los homicidios quedan sin resolver, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). Esto quiere decir que, por cada 100 personas que son asesinadas, sólo nueve son investigados hasta dar con el culpable.

Aunque parece un escenario exagerado, en realidad no lo es. En 2011 se cometieron 19.000 homicidios en Venezuela, como indica el estudio anual del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana de Caracas. Cantidad que supera los 14.000 muertos registrados en la Guerra del Pacífico (también conocida Guerra del Guano y Salitre) y que se puede comparar con las bajas de la guerra en Afganistán (cerca de 38.000 personas). En otras palabras, el país caribeño es un campo de batalla donde los delincuentes se enfrentan a ciudadanos desarmados y las fuerzas de seguridad son un simple observador de la realidad.

El récord de homicidios ha llamado la atención de la ONU y, en su “Estudio Global sobre el Homicidio”, coloca a Venezuela como el país con la tasa de asesinatos más alto de Latinoamérica. Por encima de otras naciones como Colombia, que combate con su ejército a la guerrilla y el narcotráfico. La situación, para ser sinceros, es aún peor de lo registrado en cualquier informe. Cada día, tres personas son secuestradas en el país. Al año, la cantidad de ciudadanos privados de su libertad se eleva hasta los 1.150 casos.

 

Ráfaga de ironías

Como si la insostenible situación de violencia no fuese suficiente, hay que agregarle las incoherencias del sistema venezolano. La primera de ellas es que casi el 78% de las balas recogidas en los crímenes fueron elaboradas por la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim), según explica Luis Fernández, director de la Policía Nacional Bolivariana. Es decir, la mayoría de los proyectiles que asesinan a la población son entregados por la empresa estatal. Además, las vende a un precio tan bajo (entre 8 y 20 bolívares por unidad) que comprar un kilo de café (37,56 bolívares) sería más costoso; así como más complicado de conseguir.

Sin embargo, cómo se le puede exigir al Gobierno de Hugo Chávez que defienda a la ciudadanía común, cuando son incapaces de detener los homicidios dentro de los centros penitenciarios. Carlos Nieto, director de la ONG Una Ventana a la Libertad, asegura que se registraron 560 asesinatos en las cárceles durante 2011. Cifra que podría elevarse si se considera que, para el mismo período, 1.457 reos fueron heridos.

Sí, el Gobierno ha tenido una gestión ineficiente en las cárceles, por lo que se produce el tráfico ilegal de armas y un hacinamiento del 350%. En este sentido, existen 47.500 reclusos en unas infraestructuras con capacidad para 14.500 personas, según precisan los datos publicados por Una Ventana a la Libertad. Una situación que, contrario a lo pensado por la Administración Pública, no se resuelve creando más ministerios, como el de Servicios Penitenciarios.

Las pruebas están sobre la mesa. El Ministerio, que se creó hace siete meses, no ha podido terminar con las denuncias de hacinamiento, corrupción, retardos procesales, mafias, violencia de todo tipo, tráfico de armas, venta de drogas, muertes, y secuestros, tales como las que ha realizado a los medios de comunicación el coordinador del equipo técnico de Seguridad Ciudadana de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Luis Izquiel.

Ya sea dentro o fuera de la cárcel, morir es lo más fácil en Venezuela. Resulta más sencillo que encontrar alimentos en un supermercado, que comprar la canasta básica con un salario mínimo o que conseguir un trabajo. Morir, en Venezuela, es más fácil que sobrevivir.

 

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