DOS MIL AÑOS

Américo Martin

Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

 

“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

 

I

 

            La visita del Papa Benedicto XVI a México fue sin duda importante, pero de más trascendencia fue la que lo llevó a Cuba. Con dos mil años de experiencia, la Iglesia ha superado retos inimaginables. Soportó escisiones, fue perseguida, persiguió, tuvo momentos luminosos y otros manchados por medidas desafortunadas, pero hela aquí, convertida en esperanza de pueblos oprimidos y dotada de una paciencia infinita que le permitió navegar sobre aguas tormentosas. Se mantuvo en pie por el poder de la fe y la habilidad para desempeñarse en ambientes hostiles, sobre la base de dejar que éstos descubran la importancia de respetarla

 

Papa Benedicto XVI y Raúl Castro

Papa Benedicto XVI y Raúl Castro

           No obstante, el Vaticano sabe que convivir no significa coincidir y que más favorable a la libertad de cultos es siempre una democracia que un sistema totalitario. Caprichosos como son, y no sujetos a límites, los autócratas pueden, según los vientos, endurecer o ablandar el trato. En cambio en las democracias, los derechos humanos están protegidos por instituciones y pueblos que las eligen y controlan. La libertad de expresión no vale nada allá pero es todo aquí

            La sabia distancia que el Vaticano puede darse para acometer sus objetivos no es con frecuencia la de los perseguidos y de allí que la visita del Pontífice a un país como Cuba tal vez cause abatimiento en quienes esperaban convertirla en un hondo y final cuestionamiento. Creo natural esa reacción, pero es  comprensible la prudencia de la iglesia, cuyo objetivo es determinar sin precipitaciones cambios profundos. “Calma” pidió Benedicto XVI a los cientos de miles que se lanzaron a las calles a recibirlo.

 

II

Las parábolas evangélicas se basan en el arte de la comparación. Son comentarios de Jesús Nazareno, inalcanzables para quienes se van por las ramas y no buscan el mensaje encerrado en ellas. Colocados en trances complejos, obligados a hablarle a todos pues el catolicismo se define universal, ecuménico, los Pontífices se valen de parábolas en la mejor tradición evangélica. Por eso quedó claro el sentido de las palabras de Juan Pablo II cuando rogó “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Ahora Benedicto XVI pide a los cubanos que “miren al mañana” y comprendemos inmediatamente el significado de esa frase. Por supuesto, otras expresiones papales son menos parabólicas. Al pisar la Isla envió un saludo de esperanza a los presos políticos.

La política vaticana hacia Cuba se desarrolla sin pausas. Su precedente, antes de la visita papal, fueron los acuerdos entre el cardenal Jaime Ortega y el presidente Raúl Castro. The Washington Post se permitió decir que el cardenal era “socio de facto” del nuevo mandatario. Ortega jugó sus cartas a lo que había: unas graduales reformas impulsadas por el sucesor del caudillo. El sistema fidelista no se va a sostener y es Raúl Castro quien lo anunció  antes del VI Congreso del Partido Comunista (PCC) en abril de 2011.  Con inusual dramatismo explicó el problema en términos tan dilemáticos como exactos:

“Cambiar o morir: dilema de 2011”

            El cardenal Ortega puso a prueba, más que la voluntad de cambio que en Raúl parece cierta, su viabilidad. Con las manos atadas, Castro no hubiera encontrado un mejor interlocutor sin despertar pánico en la añosa estructura partidista. Para animarlo, Ortega saludó los anunciados cambios e inmediatamente solicitó la libertad de los presos políticos. Casi tres mil fueron indultados

            Si bien los cambios raulistas van en la dirección correcta, podrían desatar una tragedia social. El golpe al estatismo y el fomento a cooperativas y trabajadores por su cuenta evidencian la muerte teórica del fidelismo, aunque las medidas del sucesor tal vez no puedan sostenerse sin una crisis honda del Estado y el PCC. ¿Tendrá cabida una apertura democrática? Por el momento no lo creo. Imagino que para los autores de la reforma, abandonar ahora mismo el principio leninista del partido único equivale a perder el  poder.

Ese genuino temor determinó que el VI Congreso y la 1 Conferencia Nacional ratificaran el unipartidismo y se centraran en condenar la corrupción, “más peligrosa que el imperio”, y a limitar a diez años la permanencia de funcionarios en sus cargos. Al presidente venezolano debió resultarle perturbador

 

III

¿Podría lograrse en Cuba una transición pacífica hacia la democracia? ¿Podrían  las elecciones del 7 de octubre abrir un amplio horizonte democrático en Venezuela?

Si nos atenemos al reciente despertar árabe parece que lo difícil es conquistar la democracia por vía violenta. En Túnez, Egipto y Yemen los cambios fueron pacífico-electorales. Por el contrario en Siria, el pueblo está siendo masacrado sin que todavía se vislumbre la salida del tirano el-Assad. Y en Libia hubiera ocurrido algo parecido, si el bravo pueblo –que cargó con el peso de la lucha en el terreno- no hubiese contado con la fuerte solidaridad de la ONU

En Europa del este, salvo Rumania, fue el pronunciamiento cívico de los pueblos el que derrocó totalitarismos blindados. En Polonia la iglesia católica generó un poderoso movimiento disidente que encarnó en el sindicato Solidaridad. El Partido Comunista fue derrotado pacíficamente en 1981. La democracia había vencido. Los sindicatos y el pueblo triunfaron. Pero el papel del Papa polaco  fue decisivo.

¿Será por eso que en Cuba Benedicto XVI lo citó con tanta frecuencia?

 

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