EL PAÍS DEL BRILLANTE CAMARADA

Sergio Dahbar

SERGIO DAHBAR

Siempre son pequeños detalles los que definen la trascendencia de un momento histórico. El hombre que heredó el poder el 20 de diciembre pasado en Corea del Norte, Kim Jong-un, es el tercero en sucesión y ha sido identificado como Brillante Camarada, hijo del Querido Líder, Kim Jong-il, y nieto del Presidente Eterno, Kim Il-sung.

Una dinastía de nombres ampulosos y ridículos ha convertido ese país de 24 millones de víctimas en “un parque temático estalinista, gulag dirigido por los Monthy Python”, en palabras del periodista inglés Tony Wheeler.

Kim Jong-un el “Brillante Camarada”

Esta nación presupone que “los propietarios únicos de la revolución y la construcción posterior son las masas”.

Un no lugar donde el maquillaje es el único anclaje que poseen las mujeres para sobrevivir a la opresión y las carencias. “La señora Song prefería saltarse el desayuno antes que acudir al trabajo sin maquillaje”, reporta Barbara Demick en su magnífico Querido Líder. Vivir en Corea del Norte (Tur- ner, 2011).

No sólo hay que pensar qué le pasa por la cabeza a una familia en el poder para bautizar con semejantes nombres a personajes que deciden la muerte, el atraso, el exilio y la hambruna de miles de habitantes. Gente que distorsiona con obsesión el estudio de las matemáticas, porque esta ciencia no puede dejar la ideología de lado.

Así instruyen los manuales educativos de Corea del Norte: “Tres soldados del Ejército Popular de Corea matan a treinta soldados norteamericanos. ¿A cuántos soldados norteamericanos mató cada uno si todos mataron el mismo número de soldados enemigos?”. Esa compulsión a convertir cualquier detalle de la vida cotidiana en pensamiento político no ha servido, sin embargo, para resolver graves problemas de alimentos ni de electricidad.

En el caso del Brillante Camarada, autoridad máxima norcoreana en este momento, cambiaron su fecha de nacimiento, lo engordaron, le enseñaron a comportarse, aplaudir, vestirse y reír. Este cambio de imagen llegó hasta la cirugía plástica. Habría que preguntarse por qué.

La respuesta la dio An Changil, ex oficial norcoreano, entrevistado por The New York Times.

“Cuando los norcoreanos miran a Kim Jong-un, ven a Kim Il-sung cuando tenía 33 años, momento en el que se proclamó libertador de un pueblo oprimido por los japoneses. Después de todos estos años de dificultades ­bajo el yugo de Kim Jong-il­, el pueblo quiere un nuevo libertador”.

Lo que de alguna manera es una tragedia para el Brillante Camarada. Hasta el año 2010, Kim Jongun era un perfecto don nadie. La construcción de su biografía y su carrera fue fugaz. Lo que no entró en esa cartilla que se repite hoy de forma monocorde es que es amante de las películas de artes marciales y del actor Jean Claude Van Damme. Su padre lo era de las películas pornográficas.

El Brillante Camarada es hijo de la segunda esposa de Kim Jong-il, se educó en Suiza como todos sus hermanos, habla inglés, francés y alemán, y aunque siempre trató de evitar las influencias de Occidente adora el básquet y admira a Michael Jordan.

Estas frivolidades han quedado en un segundo plano desde que la muerte de su padre lo convirtió en teniente general y vicepresidente de la Comisión Militar Central, institución que gobierna el cuarto Ejército más numeroso del mundo: 1,1 millones de soldados en activo y 4,7 millones en la reserva. Su gasto consume 33% del producto interno bruto.

Una de las preguntas que activa la memoria de los norcoreanos de manera fluida es qué estaban haciendo cuando murió Kim Ilsung. Algunos tenían un examen final de música y la muerte del Presidente Eterno aplazó su graduación hasta el año próximo. En toda casa debe haber una imagen de Kim Il-sung y Kim Jong-il, y no puede faltar el trapito para limpiarles el polvo.

No se puede esperar menos de un país donde los muros de las casas no pueden superar el metro y medio de altura para que los policías puedan observar qué ocurre dentro y donde la intimidad es un uno de los privilegios más costosos.

Barbara Demick lo expone de esta manera a través de la historia de una pareja, Mi-ran y Jun-sang.

Novios a pesar de que la sangre de ella era impura por culpa de un error de su padre, se veían de noche a escondidas.

Amparados por el atraso de un país sin electricidad, la clandestinidad era el único espacio de rebelión frente al control obsesivo del régimen. El amor siempre redime.

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