FRANCIA BAJO EL TERRORISMO

Elizabeth Burgos


ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr    

El caso del francés de origen argelino, Mohamed Merah, asesino de tres policías franceses de fe musulmana, tres pequeños niños judíos y un joven rabino, indica a los franceses que ellos son víctimas de un programa perfectamente bien articulado, dirigido contra los musulmanes que se integraron al sistema democrático y a los judíos.  Antes de suicidarse y después de herir a dos policías que intentaban detenerlo, Merah se auto-identificó como miembro de Al Qaeda.

Franceses de diferentes religiones consternados por la masacre ejecutada por Mohamed Merah.

Duró treinta horas de asedio al domicilio  del yihadista, Mohamed Merah, de 23 años, francés de origen argelino que en los últimos diez días habría asesinado a tres paracaidistas miembros de las FFAA francesas, a tres niños judíos y a un rabino.  Finalmente el pasado jueves 22 de marzo, a las 11h30 de la mañana, las fuerzas policiales especiales, dieron el asalto al apartamento en donde se había atrincherado el asesino. 

Mereh recibió a tiros a los agentes, hiriendo a dos de ellos, al tiempo que disparando, se lanzaba por la ventana, falleciendo e impidiendo así ser capturado en vida como lo deseaban las autoridades para interrogarlo y determinar si contaba con el apoyo de una estructura organizativa. 

Tras la ola de terrorismo de principios de los años ochenta, Francia, que se negó a participar en la guerra de Irak decretada por Georges W. Bush, no había sido golpeada por ataques terroristas, como sí lo fue Inglaterra y España, -aliados de EEUU en dicha guerra-, donde se vivieron sangrientos episodios con varias decenas de muertos, víctimas de bombas en trasportes colectivos.

Tras su elección a la presidencia de Francia en 2007, el presidente Nicolás Sarkozy tomó la decisión de integrar la OTAN y de reforzar con tropas francesas la coalición militar internacional presente en Afganistán.  Aunado a esa circunstancia de orden internacional, está el  panorama nacional con la presencia de una comunidad de seis millones de habitantes de cultura musulmana.  La situación social, de fracaso de la integración a la sociedad mayoritaria francesa, el desempleo, la delincuencia creciente entre los jóvenes de origen magrebí, han ido creando un terreno fértil para la tendencia más radical del Islam, el salafismo, encuentre un espacio propicio para lograr adeptos.

El joven Mohamed Merah constituye un caso típico. Nació y se crió en un barrio de la ciudad de Toulouse y habia sido condenado quince veces por delitos menores.  Es sabido que en donde el integrismo musulmán logra adeptos en Francia es en las cárceles.  A partir de allí, se desarrolla el escenario clásico que siguió el joven Merah.  Cursos de entrenamiento en Pakistán,  combate en Afganistán con los talibanes.  Se convierte en miembro de Al-Qaeda, que pese a la desaparición de Osama bin Laden, sigue activo.  Es lo que confió el propio Merah a los policías que intentaban negociar su rendición durante el asedio al que fue sometido al ser localizado su domicilio.

La novedad es que con los asesinatos ocurridos en Francia, el terrorismo inaugura una nueva técnica de intervención.  Ya no se trata de operaciones espectaculares en lugares concurridos con el objeto de lograr la mayor espectacularidad posible; ahora se trata de golpear individuos a través de los cuales se golpean las instituciones y los valores del Estado y de la República, como es el caso de los asesinatos cometidos por Mohamed Merah.

Los blancos escogidos para golpear a la República Francesa no son frutos del azar, de allí que parezca una gran ingenuidad la idea que barajaron,  incluso algunas fuentes policiales, de que se trataba de un lobo solitario,  que actuaba por cuenta propia.  Que un joven de 23 años escoja como blanco de su actividad criminal a tres paracaidistas franceses musulmanes, demuestra que se trata de un militante que actúa bajo la dirección de una estrategia previamente determinada.  Asesinar a tres paracaidistas, dos musulmanes de origen magrebí y uno caribeño, no es casual.  Significa, primero, golpear a las Fuerzas Armadas, una de las instituciones más emblemáticas de la República, comprometidas en la guerra contra los Talibanes, y castigar a los “traidores”, que pese a su origen y a su religión, se han integrado al país que el terrorista odia (Merah declaró que odiaba a Francia)

Foto borrosa de Mohamed Merah

En coherencia con esta primera acción, la emprende contra la escuela judía de Toulouse.  Gracias a las cámaras de vigilancia que filmaron la acción, se tiene la demostración de que se trata de un combatiente bien entrenado.  Su frialdad, el dominio de si mismo al aparcar su motocicleta delante de la escuela, perseguir a los niños que se encontraban en el partió de la escuela, atrapar a una niña de 4 años para dispararle en pleno cráneo, retomar su moto y largarse, son gestos de alguien que ha sido muy bien entrenado y posee una amplia experiencia en la materia. 

Recuerda el modus operandi del venezolano Illich Ramírez, “Carlos El Chacal”, cuando asesinó a quemarropa a dos oficiales de la policía franceses.  Las imágenes y el testimonio de los padres aterrorizados en la puerta del colegio judío de Toulouse, Ozar Hatorah, en donde el sicario acababa de matar a tres niños (de 4,5 y 7 años) y al rabino de 30 años que impartía las clases de religión, nos llevan también en el recuerdo a Caracas, cuando las fuerzas policiales del gobierno venezolano, identificado con gobiernos y grupos anti-semitas, allanaban, sin razón alguna, el colegio israelita.  Tal vez la única razón era que el presidente venezolano se encontraba en ese momento en visita oficial en Libia y recibía un premio de los “Derechos Humanos” de manos del coronel Kadhafi.

Las treinta horas que ha durado el suspenso del atrincheramiento de Mohamed Merah, durante los cuales se ha ido teniendo información acerca de la personalidad del asesino, y se ha analizado la complejidad de los hechos, han puesto a Francia ante el reto de ver la realidad en su verdadera dimensión.

Quedaron en el aire, la izquierda que practica el pensamiento “políticamente correcto” de justificar los desvíos del integrismo islámico en el conflicto Israel/ Palestina y la extrema derecha, que acusa a los musulmanes de todos los problemas que aquejan a Francia.

Los asesinatos cometidos por Mohamed Merah, han demostrado que se trata de una guerra de carácter antisemita, pero que afecta también a los musulmanes integrados a una República democrática.

En la comparecencia del presidente Sarkozy ante el parlamento, se dirigió a los “compatriotas musulmanes (. . .) que no tienen nada que ver con las acciones de una asesino loco, que primero asesinó a franceses musulmanes”.  Anunció que la consulta de sitios que hagan la apología de la violencia y los viajes de entrenamiento serán sometidos al castigo de la Ley.  “La fraternidad debe ser puesta al servicio de la República”.

Vale la pena citar el excelente artículo del ministro de la Justicia Español, publicado en El País: “descubrieron que la democracia es un precario milagro en peligro constante, acosado por toda clase de fanatismos, de excluyentes particularismos, de intolerancias tan diversas como la propia pluralidad humana”.

Los comentaristas y analistas en Francia insisten en el carácter psicópata del asesino, lo que no deja de ser cierto, pero la configuración psíquica de un individuo no obliga a perder de vista los propósitos de quienes lo dirigen.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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