Los pelos de la burra negra

JESÚS HERAS – 

Especialistas de toda naturaleza han venido alertando por varios años sobre el grave deterioro de la calidad del agua que consumimos. Los recaudos, según estudios independientes, han sido consignados a la fiscalía General de la República. El Ingeniero Germán Benedetti, quien consignó los recaudos, le ha hecho un obstinado seguimiento a  lo que viene ocurriendo tanto con el creciente nivel de las aguas del Lago de Valencia, que amenaza urbanismos aragüeños construidos al borde de ese cuerpo de agua, como con la contaminación del embalse Pao-Cachinche que nutre las plantas potabilizadoras, hecho que comenzó cuando Hidrocentro, en un intento por proteger las urbanizaciones, desvío  aguas del Lago al referido reservorio. 

Nada había hecho el gobierno nacional por detener el proceso contaminante, pero bastó que el gobernador de Carabobo, preocupado por el ascenso de la morbilidad que arrojan las cifras epidemiológicas, lo denunciara, (y que el hecho tuviera repercusiones en la capital por las condiciones del embalse de La Mariposa), para que el Presidente lo acusara de intenciones de desestabilizadores y acto seguido, solicitara al TSJ medidas cautelares, prohibiendo a los medios de comunicación dar cabida a denuncias que no estén respaldadas por estudios científicos “veraces”.

El hecho trajo a la memoria lo ocurrido cuatro siglos antes, cuando el astrónomo Galileo Galilei fue obligado por la Santa Inquisición, so pena de muerte, a retractarse de su afirmación de que el planeta Tierra giraban en torno al Sol y no a la inversa como entonces el dogma establecía. Terco en sus convicciones, Galileo, para salvar su vida, aceptó la exigencia pero agregó calladamente al salir del tribunal “eppur si muove” (y sin embargo, (la Tierra) se mueve”, frase que pasó a ser simbólica “de la perseverancia del científico ante las convenciones de la autoridad.”

En el caso que nos ocupa, el Presidente sabe que la denuncia del gobernador es absolutamente veraz, pero no le conviene admitirlo. De allí que haya  optado por condenar no el mensaje sino al mensajero.  

Como Galileo pero a viva voz, éste ha respondido con respeto: “Presidente, cuando digo que la burra es negra es porque tengo los pelos en la mano.” No solo los tiene el gobernador sino cualquier ciudadano. Basta con observar el color del agua que sale de cualquier grifo u oler sus emanaciones, para saber que la burra es negra.

Los estudios científicos tampoco hacen falta. El propio Presidente ha reconocido públicamente los elevados niveles de contaminación del Lago de Valencia e hidrocentro en su informe de fin de año reconoció, como lo ha recogido la prensa, las dificultades que está confrontando para potabilizar el agua.

Hichter, Ministro del Ambiente y ficha del partido oficial, no puede esconder el sol con un dedo. Tampoco los pelos de la burra negra.

 
Jesús HerasNo photo

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