DESESPERACIÓN

Fernando Ochoa Antich


FERNANDO OCHOA ANTICH
fochoaantich@gmail.com 

 

No es fácil predecir el resultado de las elecciones del 7 de octubre. La mejor demostración de esta verdad son las encuestas de opinión. Sus resultados son totalmente contradictorios. Lo primero que se observa en esos resultados es su total falta de imparcialidad. Detrás de ellos se ocultan intereses políticos. El grupo de encuestas que presentaron una diferencia cercana a veinte puntos entre Henrique Capriles y Hugo Chávez son muy poco creíbles. Están al servicio del régimen. No es posible afirmar sin sonrojarse, como lo hizo la encuestadora IVAD, que el candidato de la oposición democrática se ha debilitado en relación a los porcentajes obtenidos el año pasado. Esa afirmación no tiene lógica alguna. La opinión pública fue ampliamente influida por el resultado de las elecciones primarias. Después de su triunfo, la figura de Henrique Capriles tuvo que fortalecerse. De esta realidad, no puede haber dudas…

Otro elemento a considerar en cualquier análisis electoral es la desesperación que se observa en los hermanos Castro y en la dirigencia chavista. Es natural que haya angustia. Los meses pasan y las interrogantes crecen. En la práctica, el PSUV no tiene candidato. Nadie puede prever el desenvolvimiento de la enfermedad de Hugo Chávez. Lo que sí está claro es su imposibilidad para intervenir en la campaña. Se tendrá que limitar a las cadenas televisivas y al fortalecimiento de las distintas misiones. También debe preocuparles el efecto que la segunda operación debe haber tenido en el electorado. Hasta hoy se había logrado que la enfermedad impactara favorablemente el sentimiento noble de nuestro pueblo, pero ya llegó el momento en que difícilmente se puede convencer a amplios sectores de la población que voten por un candidato enfermo de gravedad. La desmoralización cunde dentro del chavismo…

Otro aspecto a tomar en cuenta es la situación nacional. Trataré de ser objetivo. Creo que las nuevas misiones, en particular la de vivienda, ha creado una relativa expectativa en los sectores populares. Claro está que este impacto inicial tiene un reto no fácil de cumplir: lograr entregar un número suficiente de viviendas. Creo que fracasarán en este objetivo. Son muchos los factores adversos. Además de esta dificultad, un conjunto de delicados problemas nacionales empieza a influir en la cansada imagen de Hugo Chávez y de su gobierno. A mi criterio son cuatro los problemas que están causando este terremoto político: la inseguridad, la contaminación del agua, los apagones y la escasez, acompañada de inflación. Las protestas se han ido incrementando gravemente en todos los sectores sociales. La grotesca hegemonía comunicacional no será suficiente para disminuir el impacto de esta realidad.

Lo que hace aún más desesperante la situación para el chavismo, es que frente a esta compleja situación electoral surge un candidato de oposición con condiciones muy particulares y se estructura una campaña electoral inteligentemente diseñada y mejor conducida. La presencia de Henrique Capriles en los barrios populares y en las urbanizaciones de clase media está demostrando una capacidad de penetración realmente impresionante. La emoción ha empezado a tomar fuerza. Los acompañantes en las caminatas muestran una contagiosa alegría y un compromiso muy particular que toma un significativo relieve por la presencia masiva de mujeres y jóvenes. No se requiere ser un analista político de gran vuelo para percibir en cualquier acto de la oposición una trascendente cohesión, un sólido liderazgo y un mensaje que coincide con un sentimiento nacional de paz, seguridad y progreso.

Esta fortaleza queda más que demostrada sólo con recorrer los numerosos programas de opinión favorables al régimen. De inmediato, nos damos cuenta de que existe una línea estratégica en la campaña electoral de Hugo Chávez, cuyo objetivo es destruir la imagen de Henrique Capriles. Utilizan todo tipo de bajezas, haciendo señalamientos personales que por exagerados pierden totalmente su impacto al ser rechazados por la idiosincrasia del venezolano. La campaña tiene otras debilidades. Primero, muestra una carga de violencia y de odio que contradice los propios mensajes de Hugo Chávez que aspira presentarse como garantía de estabilidad y de paz. Segundo, el mensaje se observa gastado y repetitivo. El ofrecimiento de transformar a Venezuela en una sociedad socialista ya no impacta a nadie. Tercero, aparte de las nuevas misiones no se presentan reales soluciones a los grandes problemas nacionales.

Este panorama no coincide con el resultado de esas encuestadoras que tuvieron el descaro de plantear una diferencia entre Chávez y Capriles de más de veinte puntos. Por suerte, los resultados de las encuestas de Keller Asociados y Consultores 21 colocaron las cosas en su sitio al presentar un cabeza a cabeza entre los dos candidatos. La encuestadora Datanálisis señaló recientemente una diferencia de 13,3 % a favor de Chávez, pero dejó en claro que cerca del 25 % no se había definido. En el informe de esta empresa se señalan tales debilidades en la candidatura de Chávez y, por el contrario, tantas fortalezas en la de Capriles, que permite concluir que la tendencia favorecerá, en los próximos meses, al candidato de la oposición democrática. Lo importante para preservar la paz, es que el chavismo radical, liderado por Diosdado Cabello, entienda que la oposición puede ganar y que no aceptará ninguna triquiñuela electoral.

 

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